Podría recordarse la de ayer como la noche de los balones deshinchados, como la de la no expulsión de Arda Güler, como aquella en la que a Espí le anularon un golazo de tijera, como la del primer gol de Parrott con el Betis y como esa en la que Mbappé falló un penalti en el descuento. Pero todos esos hitos quedarán opacados en la historia por otro: fue la noche de la primera derrota del Real Madrid 2.0 de Mourinho.
Se derritió el Madrid en una noche tórrida en Sevilla, en un partido en el que no mereció la derrota, sin ser capaz de evitar ese destino. Al Betis, tras sobrevivir de milagro en la primera parte, le bastó con la fe propia y la impericia de Mbappé para lograr una victoria de prestigio, que sana las heridas de la manita que recibió del Levante la semana pasada.
Quizá el ‘spin-off’ más interesante del arranque de esta Liga hasta anoche impoluto del Real Madrid estaba siendo el redescubrimiento de José Mourinho como un entrenador calmado, educado, didáctico, bromista… Nada que ver con la imagen que construyó en su primera y volcánica etapa en el Bernabéu. Y en la transformación del personaje, la visita al Betis era un hito por quien se sienta en el banquillo hispalense.
Porque hace ya muchos años, no le bastó con heredar su puesto en el Madrid, tras padecer el chileno una bochornosa campaña en su contra. Hizo sangre diciendo con desprecio aquello de que él no entrenaría al Málaga, el siguiente destino de Manuel Pellegrini, cuando le despidiera Florentino. «Hay momentos, palabras, cosas que uno dice, que uno hace y que después al final te sientes un idiota. Le daré un abrazo antes y después del partido», dijo en la previa, ofreciendo una paz que fue correspondida: «Le veo mucho más maduro ahora que años atrás, ahora hay más raciocinio en lo que dice».
LaLiga: Betis – Real Madrid. / Raul Caro / EFE
El lío de los balones
Justo después del abrazo prometido, el partido arrancó con un curioso incidente. Courtois le avisó al árbitro de que el balón no estaba bien hinchado. Hasta ahí, lo normal, cosas que pasan de vez en cuando. Lo extraordinario fue que todas las pelotas que iban enviando desde la banda parecían tener el mismo problema. Hubo sin duda un error al hincharlos y dado que ya no se calienta con los balones con los que se juega, dado que estos tienen insertado el chip inteligente, nadie se dio cuenta hasta que arrancó el partido.
Entre el ‘affaire’ de los balones, el calor sofocante y alguna intervención médica, al partido le costó coger ritmo. Con Camavinga y Valverde en el once, pese a que el uruguayo será el único centrocampista disponible el martes contra el Inter en la Champions, el fútbol del Madrid solo brotaba unos metros más adelante, cuando Arda Güler entraba en juego. El turco era el único que le daba sentido a las posesiones blancas.
Fue claramente de menos a más el Madrid, hasta asediar a un Betis que dio las gracias por llegar 0-0 al descanso. Arrancó con un remate al palo de Vinícius tras una preciosa jugada de Güler y Mbappé, y con una ocasión de Huijsen en la que Valles, a bocajarro, lució reflejos. Pero sobre todo acarició el gol en un claro mano a mano que Vini le regaló a Mbappé y este falló como nunca hace; un cabezazo de Bellingham salvado por el portero bético; y otro de Huijsen al larguero.
Roja perdonada a Güler
Estaba fallando mucho el Madrid, que nada más arrancar la segunda parte recibió un capotazo del árbitro, Alejandro Hernández. Güler soltó una patada que era la viva imagen de una tarjeta amarilla. Era la segunda para el turco, pero el colegiado canario no se la mostró. Un par de minutos después, como queriendo exhibir valentía y autoridad, el que vio la amonestación fue Mourinho por protestar.
Entre unas cosas y otras, el Madrid había perdido su ‘momentum’, así que el preparador portugués trató de recuperar la inercia introduciendo a Trent, Bernardo y Diomande en una misma ventana. El Betis se había reajustado en defensa y, aunque ya no intimidaba nada, los blancos ya no tenían los remates francos de la primera mitad.

LaLiga: Betis – Real Madrid,. / Jose Manuel Vidal / EFE
El gol de Parrott
Y en esas estaba el partido cuando el Betis extrajo oro de un córner. Courtois le hizo a Deossa una parada estratosférica, de esas que solo puede hacer él, pero mientras el belga se estiraba hasta el infinito, ninguno de sus compañeros reparó en la presencia de Parrott, que recogió el rechace para desatar la locura en la tórrida Cartuja.
Activó entonces Mourinho el comodín Espí. Y el chico, como en Cornellà, respondió con un espectacular gol de tijera. La pena para él y para todo el Madrid es que había incurrido en fuera de juego en otro momento de la jugada, por lo que el VAR anuló el empate.

LaLiga: Betis – Real Madrid. / Jose Manuel Vidal / EFE
Y todavía quedaba la traca final, aún faltaba. Ya en el descuento. Penalti de Deossa sobre Vinícius, bastante claro y Valles se lo para a Mbappé, noche trágica la suya. La sensación es que el defensor que le evita volver a disparar se había metido en el área, pero el VAR dice que no. Traerá polémica la decisión. La derrota blanca ya es inevitable.
Mourinho buscó a Pellegrini y le abrazó tras el pitido final. Ya hemos visto al portugués en las buenas. Ahora habrá que verlo en las malas.
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