Esta semana, Roberto Vannacci, flamante líder ultra de Futuro Nazionale —un nuevo partido populista de extrema derecha—, publicó en sus redes sociales una imagen cargada de sorna: un selfi luciendo un ushanka soviético con la estrella roja, chupito de vodka en mano y al fondo una pizarra con el titular que le dedicó el ‘Financial Times’: «El caballo de Troya de Rusia en Italia que pone a prueba a Giorgia Meloni». En el texto, el general incluso ironizaba en inglés: «Le escribo con mano temblorosa tras descubrir gracias a su prestigioso diario que soy un candidato marioneta desplegado por la Federación Rusa para quejarme del insostenible precio de la gasolina».
Con esa provocación, el militar se mofaba del rotativo británico. «Están aterrorizados», comentaba además al referirse a los supuestos «poderes fuertes» que estarían preocupados por su aparición en la escena política italiana. La provocación aludía asimismo a un reciente análisis del centro de estudios European Council on Foreign Relations (ECFR), el autor de un informe en el que se consideraba que Vannacci sería una amenaza para la estabilidad europea por sus presuntas simpatías pro-Kremlin, por pedir el fin del envío de armas a Ucrania, su pasado como agregado militar en Moscú y, más allá de cualquier otra conjetura, por el desafío que supone para Meloni en vista de las próximas elecciones generales en Italia.
Lo cierto es que las salidas de tono de Vannacci —que no pierde ocasión en busca de notoriedad con todo tipo de ideas populistas— podrían quedarse en mera anécdota si no fuera porque cada vez más analistas en Italia consideran que el crecimiento meteórico del general (sin haber participado en citas electorales nacionales, ya alcanza un 7% en los sondeos) está llevando a los partidos de la coalición de Gobierno (Hermanos de Italia, la Liga de Matteo Salvini y la Forza Italia de Antonio Tajani) precisamente a barajar con mayor fuerza la opción de adelantar las elecciones (según muchos, a abril del año que viene).
Atrapada en el flanco radical
En la Asociación de la Prensa Extranjera de Roma, Flavia Perina, exparlamentaria y figura de arraigo en la derecha por sus vínculos con el (hoy extinto) neofascista Movimiento Social Italiano (MSI), lo explicaba esta semana con claridad. «Ahora que se ve que es un fenómeno imparable, el interés general de la coalición es adelantar las elecciones. Coincidiendo con su ascenso, las dificultades se multiplican para Forza Italia y la Liga«, dijo Perina.
A esa lectura se sumaba Alessandra Sardoni, sintetizando el dilema de la primera ministra. «Meloni creía que no tenía enemigos por la derecha. Pero el elector de derecha en Italia es movedizo, busca rostros nuevos que no hayan gobernado; ella misma se benefició de eso», dijo Sardoni. Sin un electorado de centro moderado, la jefa de Gobierno se encontraría atrapada en el flanco más radical de la ultraderecha, según esta periodista especializada en información política.
El presunto vínculo ruso podría no ser además el único problema. Como recordaba en la misma reunión Riccardo Alcaro, experto del Istituto Affari Internazionali (IAI), los sectores más duros del entorno de Donald Trump y J.D. Vance veían inicialmente en la primera ministra un puente entre Estados Unidos y Europa. Sin embargo, tras los más recientes desencuentros entre ambos líderes, y en ese ecosistema de attack dogs diseñado para romper tabúes e introducir conceptos antes inasumibles —como la «reemigración» o expulsión masiva—, Vannacci emergería ahora como un potencial «disciplinador» de Meloni por cuenta de EEUU. «Y es seguro, además, que en Rusia también están muy contentos», concluía Alcaro.
La irrelevancia de la oposición
Por su parte, el diario centrista Il Messaggero daba cuenta de este clima enrarecido al revelar que la Fiscalía Militar de Roma estaría investigando a dos militares en activo vinculados a Futuro Nazionale. Un contraataque institucional de los aparatos del Estado para embridar el fenómeno. Como también las sospechosas palabras del líder de Forza Italia y ministro de Exteriores, Antonio Tajani. «No excluyo que la Federación Rusa intente interferir en las elecciones libres de la UE para condicionar la voluntad popular. Sería inaceptable», dijo Tajani, ni bien estalló la polémica sobre Vannacci.
Para diversos observadores, la gran paradoja es que la mayor amenaza para Meloni no procedería así de la oposición, sino del incendio en su propio flanco ultra. La razón: el Partido Democrático (PD) de Elly Schlein y el Movimiento 5 Estrellas (M5S) de Giuseppe Conte siguen atrapados en la desconfianza mutua. De momento, ni la inflación ni las fracturas geopolíticas han bastado para forjar un «campo ancho» competitivo ante el amplio y diverso bloque de la derecha y ultraderecha.
Suscríbete para seguir leyendo
















