Eduardo Zulaiba Cordero (Verdicio, Gozón, 1962) tomará posesión el 19 de septiembre como nuevo párroco de San Melchor, en El Cerillero. Un cambio que implica a su vez la adhesión de dicha parroquia a la unidad pastoral de La Calzada, de la que ya forman parte las iglesias de Fátima, en La Calzada, y de Santa Cruz en Jove. Eso sí, ya estaba previsto. «No supone ninguna sorpresa», señala Zulaiba, para el que esta reorganización otorgará «homogeneidad» al trabajo pastoral al «unificar criterios». «Seremos más eficaces para llevar a cabo los distintos servicios», asegura el religioso.
¿Cómo asume el cambio?
No supone ninguna sorpresa. Desde 2024, que el Arzobispado promulga el edicto de unidades pastorales, sabemos que San Melchor se incorporaría a La Calzada. En estos años nos reunimos en numerosas ocasiones los sacerdotes con los seglares. Hicimos un estudio y se llegó a la conclusión de que esta unidad era la más adecuada.
¿Por qué?
La parroquia de San Melchor, por ejemplo, está a 300 metros de Fátima. Son muchas las personas que vienen a pedirnos bautismos, que hacen funerales o la catequesis en Fátima. Las unidades pastorales siempre se constituyen con parroquias limítrofes.
En Fátima lleva nueve años, en Jove cinco. ¿Qué balance hace?
Uno muy positivo. Hemos conseguido tener un equipo potente de catequistas, funcionar juntos y unificar criterios. Colaborar a todos los niveles con una homogeneidad en cuanto al trabajo pastoral. Somos más eficaces a la hora de llevar a cabo los distintos servicios.
Parece que no hay vuelta de hoja con esta senda de reestructuraciones de las unidades pastorales.
Supone un esfuerzo y una gran generosidad por parte de los fieles, de los seglares y de los sacerdotes. Al incorporar otras parroquias los feligreses renuncian a más celebraciones o disminuye el número de reuniones porque el cura tiene que desplazarse. Pero quienes han seguido la evolución de la Iglesia en los últimos años entienden que hoy no se pueden hacer las cosas como hace cuarenta años. Antes en estas tres parroquias había seis sacerdotes, ahora uno.
Prosiga.
Ya en época de Juan Pablo II se llamaba a una nueva evangelización, que debíamos tener nuevos métodos, impulsos y expresiones. La realidad es cambiante y hay que evolucionar. En 2004 ya hubo un planteamiento de unidades pastorales en el ámbito rural. La Diócesis de Asturias fue pionera. En aquel momento no se pensaba que en la ciudad fuese necesario, pero ya empiezan a faltar sacerdotes y eso nos obliga a adaptarnos.
¿Cómo es su relación con los feligreses?
Muchos vienen indistintamente a las parroquias. En la calle nos vemos. O haciendo la compra o tomando el café. Seguro que me encuentro con muchos conocidos en San Melchor.
¿En qué momento cree que se encuentra la fe?
Son momentos difíciles pero siempre los ha habido. Se notan ciertas expresiones, grupos y movimientos que están surgiendo, pero el Evangelio sigue costando asumirlo. Y cuesta a los jóvenes. No me atrevería a decir que las cosas van maravillosamente bien pero tampoco tan mal como algunos dicen.
Por lo que ve en el día a día, ¿qué opina?
Hay un elemento que vengo observando, el aumento de los migrantes en nuestra parroquia, sobre todo de Colombia y Venezuela. Vienen muchos matrimonios jóvenes con niños. No obstante, sigue costando «enganchar» a los jóvenes después de los años de catequesis, que se sigan reuniendo… Aunque muchos tienen actividades en colegios.
La fe, como quien dice, ¿se tiene o no se tiene?
No es algo que aparezca por generación espontánea. El bautismo nos la regala pero hay que hacerla crecer y madurar. Ahí la familia juega un papel muy importante, pues es donde la persona se educa primordialmente. También la parroquia, el colegio, la sociedad en general…
¿Qué valoración hace de la labor del Papa León XIV?
El Papa Francisco ya abrió un proceso ilusionante y esperanzador y parece que León XIV lo continúa. Con otro talante o manera de ser, pero es el mismo planteamiento en cuanto al fondo. La Iglesia ha de responder al hombre y a la mujer de hoy, que tienen determinados problemas distintos a los que había hace cincuenta años, tomando el Evangelio como punto de referencia. Hay que coger de la mano a tantos hermanos que lo están pasando mal. La Iglesia es un bálsamo para ellos.
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