La ola de ventas de deuda pública a nivel mundial ha alcanzado su punto álgido este martes y septiembre comienza con los rendimientos en máximos desde la Gran Recesión. El detonante es el temor a que la Reserva Federal (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE) opten a subir los tipos de interés de forma inminente para contener la inflación.
La escalada bélica en Oriente Próximo ya ha pasado factura a los precios: los inversores han vuelto de las vacaciones con la inflación en la zona euro sobre el 3,3%, según el último dato de Eurostat publicado este martes. En Estados Unidos, la tasa ya alcanza el 3,4% y se distancia cada vez más del objetivo de la Fed.
La deuda japonesa vive su peor jornada desde 1996
Asia ha sido especialmente golpeada. Este martes, los operadores en el distrito financiero de Tokio se encontraron con una cifra alarmante: el bono japonés a 10 años ha superado la cota psicológica del 3% este martes —por primera vez desde 1996— a medida que las preocupaciones sobre el gasto de los gobiernos, y la senda de los tipos de interés vuelven al foco.
El terremoto de ventas en Japón ha cruzado rápidamente el Pacífico y ha contagiado a casi la totalidad de los mercados, impulsado al alza el rendimiento del bono español, alemán, británico, y sobre todo, el bono a 30 años de Estados Unidos. La última vez que el bono rozó el 3%, el país del sol naciente atravesaba el colapso de la burbuja inmobiliaria que se llegó a conocer como la Década Perdida.
La deuda estadounidense a 30 años atraviesa su peor mes desde 2006 tras encadenar semanas de ventas generalizadas a lo largo del verano que han empujado el rendimiento por encima del 5%. El castigo ya no solo se limita a Wall Street o Asia, también ha penalizado al bono español a 10 años, que supera este martes el 3,8%. En Alemania, el rendimiento del llamado ‘Bund’ germano a 30 años ha tocado máximos desde 2011, mientras que su homólogo británico se ha asentado en máximos desde 1998.
Desde Francia hasta Alemania, pasando por España y Estados Unidos, las finanzas públicas se encuentran, en general, en una situación de gasto desenfrenado. Esto, unido a una combinación de riesgos para la economía mundial —como la inflación galopante debida a la guerra en Irán—, ha hecho que en los mercados aumente la probabilidad de que la Fed tenga que subir los tipos de interés a medio plazo. El banco central de referencia de la política monetaria, ha evitado intervenir en la economía a pesar de que la inflación se ha estabilizado en el 3,4%, cerca del doble del objetivo del 2%.
Eiko Sievert, director ejecutivo del sector público y soberano de la agencia crediticia Scope Ratings, explica que los inversores exigen una remuneración mayor por mantener estos instrumentos en su cartera, a medida que el riesgo de impago por parte de los Gobiernos aumenta. “Las preocupaciones de muchos inversores no solo se refieren a la liquidez del mercado, sino que reflejan cada vez más los elevados déficits presupuestarios, el aumento de la deuda pública y la creciente carga de los intereses”, concluye.
Suscríbete para seguir leyendo













