La vuelta al cole entraña mucho riesgo en lo que al bullying se refiere porque los victimarios escogen a sus víctimas durante las primeras semanas del curso. Según un informe de la Universidad Complutense y la Fundación ColaCao, en cada clase hay dos alumnos que son víctimas y, por cada dos aulas, hay un acosador. Frenar esta realidad y conseguir que la vuelta al cole transcurra sin problemas depende, entre otros factores, del papel que desempeñan los centros y las familias.
A pocos días del inicio de curso, José Antonio Luengo, psicólogo sanitario y catedrático de secundaria en Orientación Educativa, pide que, bajo el liderazgo del equipo directivo, los tutores dediquen tiempo durante estos primeros días a hablar con el alumnado para dejarle claro que el centro no va a tolerar insultos, rechazos ni vetos. “No voy a permitir que nadie haga daño a nadie” es una frase que recuerda a niños y niñas que están en un lugar seguro y que los adultos constituyen una red de protección y cuidado.
El experto también recomienda que el centro nombre a un grupo de alumnos mayores para que, con cierta frecuencia, se pasen por las clases de los más pequeños y les sirvan de faro. “Es una manera fácil de hacer que se sientan protegidos y de inculcar el valor de los cuidados”, explica.
El errror de decir a tu hijo «no te metas en líos»
Autor del libro ‘El algoritmo del miedo, radiografía del acoso escolar’ (Plataforma), Luengo también se dirige a las familias, a las que también aconseja sentarse estos días a hablar con sus hijos. “No te metas en líos” es, en su opinión, una frase que no sirve para luchar contra el bullying. “Le estamos educando en la insensibilidad y en el individualismo. Le estamos diciendo que, si un día ve un problema, mire para otro lado”, alerta el psicólogo y divulgador.
«La mejor manera de iniciar el curso es sentarnos con nuestros hijos y explicarles que tienen que ser buena gente y que, si ven a alguien que sufre, deben ayudarle. Debemos transmitir que la bondad es valentía»
«Lo que antes veíamos con 13 años ahora lo vemos con 8 o con 9, ¿qué sociedad estamos construyendo?»
“La mejor manera de iniciar el curso y prevenir futuros conflictos es sentarnos con nuestros hijos e hijas y explicarles que tienen que ser buena gente y que, si ven a alguien que sufre, deben ayudarle. La compañía, el grupo y sentirse arropado son esenciales cuando uno está atravesando un mal momento”, añade. “Debemos transmitir a nuestros hijos que la bondad es valentía”, subraya.
Padres de maltratadores
Luengo pide también a las familias que no se cierren en banda si, a lo largo del curso, reciben una llamada del colegio para informarles de que su hijo está metido en un lío. “Tu hijo puede ser víctima, pero también victimario. Y en ambos casos tienes que ayudarle. No vale de nada pensar que tu hijo no ha hecho daño a nadie y que se trata de una exageración por parte de otro niño”, sostiene. Mirar para otro lado no sirve de nada porque el bullying no es una adversidad en el camino, sino “violencia, crueldad, desprecio y odio”. Su huella permanece en la edad adulta y duplica la posibilidad de sufrir trastornos psicóticos. “El bullying te deja agujeros en el alma y, a largo plazo, es más dañino que el maltrato que puedas sufrir a manos de un adulto”, destaca Luengo, vicepresidente del Consejo General de la Psicología.
El experto recuerda a las familias que no existe un perfil concreto de agresor, más allá de unas características comunes: hace daño de manera intencionada y repetida a alguien con quien existe un desequilibrio de poder. Sus motivos se resumen en tres ideas: porque sí, porque quiero y porque me da prestigio. “El agresor emprende una perversa búsqueda de reconocimiento y popularidad. De ahí la importancia de que el colegio, desde el primer día de clase, recuerde al alumnado que no va a consentir ningún caso de violencia y de que las familias también se muestren abiertas al diálogo y sean un entorno seguro”.
Los cursos con más riesgo
Los cursos con más casos de bullying son los últimos de primaria (5º y 6º) y los primeros de ESO (1º y 2º). Especialmente inquietante es el salto del colegio al instituto, donde los chavales, rodeados de caras nuevas, afrontan importantes retos sociales que se suman a las exigencias académicas de secundaria. Sin embargo, el acoso entre iguales se da cada vez a edades más tempranas. “Lo que antes veíamos con 13 años ahora lo vemos con 8 o con 9. ¿Qué sociedad estamos construyendo?”, se pregunta Luengo, que alerta del menosprecio que, en la actualidad, sufren valores tan importantes como el sentido de comunidad y la pertenencia al grupo. “Parece que hoy lo único que importa es lo individual. Los líderes pertenecen a una especie de élite. Pero, en realidad, el mejor líder es el bondadoso, el que ve una injusticia y levanta la mano”, concluye.
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