«Si no se materializan indicios de un progreso sostenido en materia de inflación, creo que será apropiado endurecer la política monetaria pronto para garantizar que logremos la estabilidad de precios en un plazo razonable». Así de rotunda se ha mostrado la presidenta de la Reserva Federal de Boston, Susan Collins, quien ha respaldado la decisión del organismo de mantener los tipos de interés sin cambios en su reunión de julio.
Y es que, ante la «multitud de escenarios posibles», la banquera central cree que «la política monetaria deberá ser flexible». «Por ahora, esta postura política ligeramente restrictiva debería permitir al Comité estar bien posicionado para abordar la evolución de la situación económica y lograr que la inflación vuelva al objetivo en un plazo razonable».
Sin embargo, Collins ha señalado, antes de asistir al simposio anual de la Fed en Jackson Hole, donde el mercado espera con expectación el discurso del presidente Kevin Warsh, previsto para este viernes, que mantener el rango objetivo actual para la tasa de los fondos federales «requerirá evidencia continua de que la inflación está disminuyendo».
«Sin esas pruebas, será más difícil descartar que otras fuerzas inflacionarias estén influyendo, incluida la posibilidad de que el comportamiento de las empresas a la hora de fijar precios se haya vuelto incompatible con una inflación del 2%».
De hecho, ha remarcado que, en un contexto de «estabilidad» del mercado laboral, le «preocupa especialmente» que la inflación lleve más de cinco años por encima del objetivo de la Fed y que se ha convertido en un «tema recurrente» en sus conversaciones «con los interesados en toda Nueva Inglaterra».
«En los próximos meses, buscaré indicios de que la inflación se está recuperando de forma sostenida hasta el 2%, en consonancia con mi pronóstico más probable para lo que resta del año. Este pronóstico se basa en la previsión de aumentos arancelarios adicionales limitados y cierta reapertura del estrecho de Ormuz, dos acontecimientos que sigo de cerca. En este escenario, el impacto de las tarifas anteriores ya debería haberse disipado en gran medida y el efecto de los altos costes energéticos debería empezar a disminuir».
En este sentido, Collins ha destacado que observa tres factores que deberían contribuir al proceso gradual de desinflación. En primer lugar, ha puesto el foco en un mercado laboral equilibrado, con una actividad económica que crece cerca de su tendencia, no debería generar presiones inflacionarias adicionales.
El segundo factor está relacionado con una política monetaria moderadamente restrictiva que, junto con el reciente aumento de los tipos de interés a largo plazo, debería mitigar, al menos en cierta medida, una posible reactivación del gasto de los hogares y las empresas.
En tercer lugar, ha hecho referencia a un sólido crecimiento de la productividad —que si se mantiene— debería ejercer cierta presión a la baja sobre los precios. «Si bien los informes de inflación de junio y julio fueron ligeramente alentadores, las cifras mensuales pueden ser volátiles. Queda por ver si las mejoras recientes se mantendrán, y los datos de las próximas semanas deberían arrojar más luz sobre la trayectoria de la inflación subyacente y el grado de su retroceso», ha concluido.














