Camisa blanca arremangada hasta los codos, una sonrisa de oreja a oreja y detrás del escenario, en la plaza Thiseio de Atenas, la acrópolis iluminada para la ocasión. Era finales de mayo de este año, y el ex primer ministro heleno, Alexis Tsipras, hacía su primera gran aparición pública en años.
Tsipras, exlíder de Syriza, perdió el poder en 2019 y dejó la secretaría general de la formación en 2023, después de varias derrotas humillantes contra la Nueva Democracia (ND) del actual primer ministro, Kyriakos Mitsotakis. Syriza entró en barrena, sobre todo a causa del sucesor de Tsipras, Stefanos Kaselakis, un exbanquero liberal que hundió a la formación en las encuestas y apenas duró menos de un año en el liderazgo del partido.
Después, escisiones, purgas internas y el desmembramiento del partido que, bajo el mando de Tsipras, gobernó entre 2015 y 2019 e hizo frente —con sus más y sus menos— a los mandatos de austeridad de Bruselas.
En la actualidad, Syriza cuenta con un 1% de intención de voto, y el motivo es básicamente su exlíder. Alexis Tsipras está de vuelta. «No podemos quedarnos plantados mirando cómo la sociedad es sofocada. No queremos acostumbrarnos a un mundo de guerras e injusticias. Nuestra declaración de hoy es un inicio. Un inicio de un esfuerzo colectivo para crear una alianza progresista, lo más amplia posible», declaró en mayo el político griego, de 52 años.
Ascenso meteórico
Entonces, Tsipras anunció la creación de un nuevo partido, la Alianza de la Izquierda Griega (ELAS), cuyo logotipo es una clara inspiración del de Syriza. Esta nueva fuerza ya se coloca como segunda formación en las encuestas, y ha enterrado tanto a la actual Syriza como al socialdemócrata Pasok, principal partido de la oposición helena en el actual Parlamento.
Aun así, el camino es largo: las elecciones legislativas no están previstas en Grecia hasta julio de 2027, y la ND de Mitsotakis, tras siete años en el poder, se mantiene aún en torno al 30% de la intención de voto. El nuevo partido de Tsipras, en segunda posición, está en el 17%, según las encuestas.
«La intención principal de la declaración de Tsipras fue claramente la de hablarle a los votantes cansados de la fragmentación de la izquierda. Tsipras entiende que el principal problema de la oposición griega es la ausencia total de cualquier posibilidad creíble de gobernar. Su discurso fue realizado acorde con esta idea. No fue un discurso de protesta, sino una propuesta de alcanzar el poder», escribe el comentarista heleno Aris Ravanos.
Objetivo de críticas
A pesar de que Tsipras y su Gobierno consiguieron sacar a Grecia de sus peores años de crisis económica en la década pasada, el político fue duramente criticado por una sociedad traumatizada por la austeridad impuesta desde Bruselas.
Tsipras no solo no pudo evitar esas medidas, sino que forzó un referéndum para ahorrárselas, ganó esa votación —abriendo la puerta a rechazar los recortes— para luego aplicar dichas medidas de austeridad igualmente. En su currículum, además, pesa el incendio de Mati de 2018, en el que 101 personas murieron en los suburbios de Atenas ante la falta de previsión y aviso del avance del fuego.
«No importa lo mucho se esfuerce el señor Tsipras con declaraciones y discursos sin sustancia. No conseguirá enterrar su pasado. La verdad le perseguirá para siempre», dijo hace unas semanas el portavoz del Gobierno griego, Pavlos Marinakis, cuyos azotes a la oposición ya se centran casi exclusivamente en Tsipras y su nuevo partido.
Pero el tiempo, sumado a los múltiples escándalos del Ejecutivo de Mitsotakis —que, por ejemplo, ha espiado a periodistas y políticos contrarios a discreción durante los últimos años— ayuda a olvidar. Tsipras, dicen las encuestas, no hace más que aumentar su respaldo a cada semana que pasa, ante una caída lenta pero constante de la fuerza gobernante, la conservadora ND, en los sondeos.
«Nuestro país ha caído en manos de una casta que trata las instituciones como si fuesen sus despojos», dijo Tsipras en la presentación de su partido: «Progresivamente, hemos retrocedido como país, y nos hemos desviado de los estándares y obligaciones de cualquier país miembro de la Unión Europea (UE). Pero ha llegado el día. Seremos una nueva brújula política para Grecia. Y llamamos a una nueva revolución moral que se centre en la democracia, la transparencia y la justicia social».
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