Marruecos expande sus negocios para borrar la frontera del Sáhara

El afán expansionista de Marruecos sobre el Sáhara Occidental no se oculta. Se exhibe, incluso, en la gran pantalla. El rodaje de la nueva película de Christopher Nolan, La Odisea, entre los paisajes desérticos de un territorio ocupado, volvió a dejar al descubierto una estrategia con la que «Marruecos intenta normalizar una ocupación que el derecho internacional no reconoce», explica Juan Soroeta, profesor titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la UPV/EHU. Pero el cine es solo una pieza más. Marruecos lleva años desarrollando proyectos en un territorio cuya soberanía permanece sin resolver desde hace 51 años: una nueva autopista bautizada con el nombre de Trump, en homenaje a uno de los principales valedores de sus pretensiones; parques eólicos; complejos turísticos y nuevas infraestructuras. Las instalaciones se multiplican sobre el terreno mientras el Tratado de Paz continúa bloqueado desde hace 35 años y –desde el punto de vista jurídico– su estatuto se mantiene intacto desde 1975.

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