El guionista de ‘Taxi Driver’, Paul Schrader, fue educado en el estricto calvinismo y no vio ninguna película hasta los 17 años. El guion surgió del choque que le supuso empezar a vivir en Nueva York –había nacido en Grand Rapids, Michigan–, su fascinación por las armas y las lecturas de la existencialista ‘La nausea’ de Sartre y los diarios de Arthur Bremer, el individuo que intentó asesinar en 1972 a George Wallace, candidato demócrata a la presidencia.
Un coctel explosivo, con un pie en la alucinación y otro en el realismo de un país que se lamía las heridas de la guerra de Vietnam y el escándalo Watergate. Schrader había pergeñado la oscura historia de un excombatiente de Vietnam, Travis Bickle, que se hace taxista en el turno de noche porque padece insomnio, se enamora de la joven que trabaja en una campaña presidencial y termina protegiendo a una prostituta adolescente, provocando una matanza para salvarla de su proxeneta. Cuando el filme se hizo realidad con Martin Scorsese como director, los personajes recayeron respectivamente en Robert De Niro, Cybill Shepherd, Jodie Foster y Harvey Keitel. Un reparto perfecto para el Hollywood en combustión de 1976.
Robert de Niro en ‘Taxi Driver’, película de 1976, dirigida por Martin Scorsese. / EPC
Brian De Palma fue quien presentó a Schrader y De Niro a Scorsese. Consideraba que Schrader era un guionista brillante, pero no el más indicado para rodar sus propios guiones. «Cuando nos hacemos cargo de ellas Scorsese o yo», decía, «sus historias despegan». Schrader despegó: ‘Hardcore, un mundo oculto’, ‘American gigoló’, ‘Aflicción’ o ‘El contador de cartas’ dan fe de ello. De Niro se convertiría en el cordón umbilical de aquella generación de ‘cineastas barbudos’ que cambiaron las reglas, trabajando regularmente con De Palma y Scorsese y una vez con Coppola, en ‘El padrino II’.
Un guion que dio muchas vueltas
El primero interesado en dirigir este guion fue Robert Mulligan, con Jeff Bridges de protagonista. No prosperó. Los productores Michael y Julia Philips, que habían obtenido un gran éxito con ‘El golpe’, se hicieron con los derechos. Scorsese quería pedirle a Schrader que le escribiera una adaptación de ‘El jugador’ de Dostoievski. Pero De Palma se llevó a cenar al guionista a escondidas de Scorsese, y cuando volvieron a encontrarse, Schrader ya había elaborado para De Palma el argumento de ‘Fascinación’, realizada el mismo año. Generoso, De Palma le dijo a Scorsese que Schrader tenía un guion, el de ‘Taxi driver’, con el que no sabía qué hacer. En ese momento coincidieron varios intereses, ya que De Niro se encontraba bloqueado con el guion que estaba escribiendo sobre asesinatos políticos, y Scorsese tenía en mente otro libro de Dostoievski, ‘Memorias del subsuelo’, en el que veía similitudes con el texto de Schrader.

Robert de Niro en ‘Taxi Driver’, película de 1976, dirigida por Martin Scorsese. / EPC
Scorsese: «Yo tenía muchas ganas de hacer la película, por el guion, por la fuerza de los personajes, pero no creía en ella, pensaba que nunca funcionaría. De Niro sí que creía, igual que los productores». El presupuesto de poco más de un millón de euros era insuficiente, e incluso se plantearon la descabellada idea de rodar el filme en vídeo y blanco y negro. Al final se hizo. Ganó la Palma de Oro en Cannes. Dejó para la posteridad la sinuosa estilización de la masacre final o la escena de De Niro mirándose al espejo mientras activa el resorte con el que esconde una pistola en la manga y dice la célebre frase ‘You talkin’ to me?’, que no es obra de Schrader, sino que la improvisó el propio actor en una pausa del rodaje. Después apareció John Hinckley Jr., un tipo que se enamoró de Jodie Foster en el filme y atentó contra el presidente Reagan. La película es el reverso de cintas reaccionarias tipo ‘El justiciero de la ciudad’, con Charles Bronson, pero suscitó críticas de la izquierda por su aparente ambigüedad.
Según Scorsese, «Travis en realidad tiene las mejores intenciones. Cree que está haciendo el bien, como San Pedro. Quiere limpiar la vida, la mente, el alma. Es muy espiritual, pero en el sentido de Charles Manson. Es el poder del espíritu en la dirección equivocada. Travis es una figura del Antiguo Testamento: para obrar con rectitud y corrección, la única respuesta era aplacar la ira de Dios».
Un amigo del director, Victor Magnotta, inspiró el corte de pelo estilo ‘mohawk’ que lleva Travis en la parte final. Magnotta quería hacerse sacerdote, pero se enroló en las fuerzas especiales y luchó en Vietnam. Le contó auténticos horrores y que en Saigón abundaban los soldados con el cráneo rapado tipo ‘mohawk’. Significaba que habían sido adiestrados para matar de cualquier manera. Buena parte del filme se filmó entre la Calle 42 y la Octava Avenida, una zona llena de prostitutas, chulos y camellos que para Scorsese representaba en ese momento su idea del infierno.
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