El Parlamento de Hungría hizo uso de la supermayoría que arropa a su primer ministro, el conservador Péter Magyar, y eligió como nuevo presidente del país al jurista András Baka. Avanzó así hacia el desmantelamiento del «sistema Viktor Orbán«, unas semanas después de haber precipitado la destitución del anterior jefe del Estado, Tamás Sulyok, por la vía de una reforma constitucional.
Baka, de 73 años y expresidente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo, obtuvo 140 votos del total de 190 diputados de la cámara. Fidesz, el partido de Orbán, boicoteó la votación. Con ello se consumó el acceso a la jefatura del Estado de este expresidente del Tribunal Supremo, cargo al que accedió en 2009, pero del que fue defenestrado en 2011 por su rechazo a la reforma judicial impuesta entonces por Orbán. Esta reforma, atentatoria contra la independencia del poder judicial, fue un elemento crucial en la confrontación entre Budapest y Bruselas durante los gobiernos del ultranacionalista.
El relevo en la presidencia se ha materializado cinco meses después de la victoria electoral de Magyar. Su partido, Tisza, se alzó vencedor como aglutinante de las esperanzas de un amplio espectro electoral, ansioso de poner fin a la era Orbán. Ganó la batalla en las urnas y además se benefició de una ley electoral que su antecesor remodeló para favorecer al partido entonces dominante, el suyo. De la mayoría absoluta de que disfrutó Orbán se ha pasado así una Cámara donde dos tercios de los diputados son de Tisza. Ello ha permitido a Magyar impulsar la llamada Operación Fuego Purificador prometida en campaña. Entre esas promesas estaba la destitución del expresidente, calificado de «marioneta» de Orbán.
Triunfo político y crisis energética
A Magyar le ha correspondido alternar la regeneración democrática con la gestión de la crisis energética precipitada por la sequía histórica que sufre el Danubio. De las imágenes triunfantes de su gran noche electoral, con decenas de miles de seguidores bailando y cantando a orillas del río, se ha pasado a las restricciones del tráfico fluvial. La prometida transición de la energía nuclear o fósil a las renovables será un proceso de más largo recorrido que la liquidación de la presidencia dócil a Orbán.
Días después de su llegada al poder, Magyar desmanteló ya los informativos de la radiotelevisión pública, durante años instrumento propagandístico de Orbán. Desbloqueó asimismo las ayudas a Ucrania retenidas por el líder ultranacionalista, el mejor aliado de Vladímir Putin en la UE. En contrapartida, Bruselas empezó a inyectar fondos destinados a Hungría, que habían quedado congelados por la deriva autoritaria de Budapest.
Magyar propulsó en paralelo la destitución del presidente Sulyok, al que en 2024 había colocado en el poder Orbán. Le correspondió al propio Sulyok firmar la reforma que equivalía a su cese. Fue en una sesión parlamentaria marcada por las denuncias de Orbán contra la «deriva antidemocrática» que, a su parecer, ha impuesto Magyar.
El presidente de Hungría no se elige por sufragio universal, sino por votación del Parlamento. Tiene funciones representativas y escasas posibilidades de influir en las decisiones de un Gobierno que está respaldado por dos tercios de la Cámara. El propio Baka ha alertado contra las tentaciones de convertir al presidente en una marioneta del Ejecutivo y apuntado a que ni siquiera con una mayoría de dos tercios hay carta blanca para arbitrariedades políticas.
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