Caminos serpenteantes bajo olivos centenarios, cascadas y fuentes de granito salpicadas por el color de las camelias. Para sentirse como en una novela del siglo XIX no hace falta seguirle los pasos a Jane Austen en la campiña inglesa, porque la propia Galicia guarda rincones dignos de las escenas de Orgullo y Prejuicio.
A tan solo 15 minutos de Santiago, en la localidad de Vedra, se encuentra un jardín acondicionado en el siglo XIX con plantas de todas partes del mundo, estanques y lagos por los que podría pasear la aristocracia de la Regencia. Precisamente fue con ese aire romántico con el que lo transformaron Iván Armada y Fernández de Córdoba, que convirtieron el jardín del Pazo de Santa Cruz de Rivadulla en un lugar único donde ver la mayor concentración de árboles singulares catalogados de España y la colección de camelias más antigua e importante de la Península Ibérica.
Aunque resulta fácil imaginar a burgueses y nobles paseando entre estas flores, lo cierto es que no hace falta ser uno de ellos para poder visitar el recinto. De hecho, y si se elige bien el día, ni siquiera es necesario llevar la cartera: la entrada es gratuita todos los lunes por la mañana, permitiendo que los visitantes vaguen libremente desde las 10.00 horas y descubran los detalles más mágicos que se ocultan bajo las copas.
El estanque redondo del Pazo de Santa Cruz de Rivadulla. / Pazo de Rivadulla
El jardín del Pazo de Santa Cruz de Rivadulla, un paraíso botánico de cinco siglos
El jardín del Pazo de Santa Cruz de Rivadulla es un espacio verde de 500 años de antigüedad. Su andadura comenzó en el siglo XVI, cuando el canónigo de la Catedral de Santiago, Juan Ibáñez de Mondragón y su sobrino adquirieron las propiedades que formarían este pazo histórico cerca de Santiago y parcelaron los exteriores.
En el siglo XIX, 200 años después de que Domingo de Andrade le diese al conjunto la estética barroca que se aprecia hoy en día, el área ajardinada se contagió del romanticismo de la época, gracias a la intervención de Iván Armada y Fernández de Córdoba. Fue entonces cuando este jardín histórico se llenó de riachuelos, coquetos estanques cargados de nenúfares y senderos que se tapizan de pétalos de colores cuando llega la primavera.

El paseo de los olivos del jardín del Pazo de Santa Cruz de Rivadulla, en Vedra. / @pazodesantacruzderivadulla
Uno de los puntos más icónicos de este vergel, reconocido como Jardín de Excelencia, es el conocido como carrera de los olivos, cuyos árboles llevan observando el ir y venir de las visitas desde el siglo XVI. Su distribución a ambos lados del sendero crean una bóveda vegetal ante la que resulta difícil no sacar la cámara y por la que muchos pasean mientras el sol se filtra entre las ramas de estos especímenes centenarios.
La carrera de las novias -un camino con camelias, algunas plantadas en 1780-, los dos estanques y la cascada que rompe el silencio descendiendo entre la vegetación son otros puntos uno no debe perderse. Igual de imperdible es la fuente de La Coca -diseñada por el arquitecto de la Catedral de Santiago, Domingo de Andrade-, el invernadero y el paseo de los bojes, una de las muchas especies exóticas que colonizan el terreno trayendo consigo un pedazo de su país de origen.
Magnolias, tulipanes y robles entre los que pasear todo el año
Quien tenga un ojo entrenado, puede entretenerse tratando de identificar las plantas llegadas de más allá del océano. Entre ellas destacan tulipaneros de Virginia, magnolias gigantes, robles piramidales y helechos traídos desde Australia.
El lugar cuenta con un merendero y un asiento para descansar junto al río –el banco de Jovellanos-. El palomar y el antiguo molino situados al lado del estanque completan la ruta por este jardín de inspiración renacentista, al que se acercan numerosos curiosos cada año.
Si bien el propio Pazo de Santa Cruz de Rivadulla -también conocido como Pazo de Ortigueira– no está abierto a las visitas al ser una propiedad privada, los exteriores lo compensan abriendo varios días a la semana, con festivos incluidos. La entrada general cuesta 8 euros -los menores de 12 años no pagan– y los horarios son distintos en función de si es invierno, verano o primavera.
En verano, el lugar está abierto de lunes a sábado de 10.00 a 13.00 y de 16.00 a 20.00 horas, así como las tardes de domingos y festivos. En primavera, las visitas en las tardes de lunes a sábado se modifican y se realizan entre las 15.00 y las 19.00 horas.
El invierno es la época en la que más se reducen los recorridos. Estos pueden realizarse los viernes y sábados de 11.00 a 17.00 horas, los domingos de 13.00 a 17.00 horas y los lunes de 10.00 a 17.00 horas.













