Los grandes ríos de Centroeuropa se secan y lanzan una alerta climática

Uno de los veranos más secos de los últimos años ha llegado a Centroeuropa, dejando una imagen desoladora: los grandes ríos, como el Rin y el Danubio, se están secando. El nivel del agua es tan bajo ha provocado que barcazas queden varadas y que los cruceros se vean forzados a modificar sus rutas. Esta misma semana se suspendía uno con 120 españoles a bordo.

El sector turístico de cruceros es uno de los más afectados, con rutas alteradas y pérdidas económicas para las empresas. Según la corresponsal de COPE en Berlín, Rosalía Sánchez, «las compañías de seguros ya no cubren los trayectos las últimas semanas, porque es muy posible que tengan que ser cancelados o redirigidos». Para gestionar la situación, las compañías reprograman los viajes sobre la marcha, utilizando autobuses para los tramos no navegables y buscando excursiones alternativas para los pasajeros.

Impacto económico y energético

La sequía no solo afecta al turismo, sino también a la agricultura, la ganadería y la economía en general. El Instituto Kiel de Economía ha calculado que el PIB alemán podría reducirse entre un 0,1% y un 0,2% en el trimestre estival debido a las dificultades en el transporte de mercancías. Para mitigar el impacto en las cadenas de suministro, el gobierno alemán ha permitido, por primera vez desde 1956, que los camiones circulen los domingos.

En el sector agrícola, la situación es crítica. Los agricultores alemanes se enfrentan a una reducción de la cosecha de cereales de 1,4 billones de toneladas este año, un 5,6% menos que el anterior, y piden un fondo europeo de emergencia. Además, en las regiones alpinas, los ganaderos se han visto obligados a bajar el ganado a los valles dos meses antes de lo habitual por falta de agua y forraje. La falta de agua también compromete la producción de energía, obligando a algunos reactores nucleares en Hungría y Rumanía a reducir su actividad.

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Crucero en mar abierto

Para el meteorólogo Jordi Cruz, esta situación es un anticipo de lo que vendrá. «Estamos viviendo un verano que, seguramente, será bastante habitual dentro de 10, 15 o 20 años», afirma. Considera que estamos experimentando el verano más caluroso en los últimos 200 años y que, de seguir las emisiones de CO2 actuales, los veranos futuros serán «incluso mucho peores, con temperaturas más altas y con menos precipitación».

Estamos viviendo un verano que, seguramente, será bastante habitual dentro de 10, 15 o 20 años»

Jordi Cruz

Meteorólogo

La causa de los mínimos históricos en los ríos se debe a una combinación de factores. Según Cruz, aunque en invierno llovió, las temperaturas excepcionalmente altas provocaron que nevara menos en los Alpes. A esto se sumó una primavera seca que adelantó el deshielo y un verano con un 30% menos de precipitaciones de lo normal. El resultado es que los ríos no reciben «ni la lluvia que suele caer normalmente ni el agua que llega desde las montañas por la fusión de la nieve».

El precedente de las ‘piedras del hambre’

Esta no es la primera vez que Europa vive una situación similar. En el verano de 2022, el río Rin ya alcanzó niveles muy bajos, dificultando el transporte. En aquella ocasión, la sequía dejó al descubierto en el río Elba las llamadas piedras del hambre, rocas grabadas hace siglos que solo son visibles en épocas de extrema sequía y que servían como advertencia para generaciones futuras.

Terreno seco en Andalucía

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Terreno seco en Andalucía

En una de estas piedras puede leerse una inquietante advertencia: «Si me ves, llora». Un mensaje que recordaba que la sequía traía consigo malas cosechas y hambre. El meteorólogo Jordi Cruz advierte que el cambio climático nos lleva a un «clima de extremos», con sequías más frecuentes e intensas pero también con más episodios de inundaciones.

Ante este escenario, Cruz plantea dos vías: la adaptación y la mitigación. Por un lado, es necesario prepararse para el aumento de las temperaturas, como demuestra el exceso de mortalidad de 20.000 personas en la Unión Europea este verano. Por otro, es crucial actuar para que el cambio climático «no vaya a mucho más», reduciendo las emisiones de CO2. Advierte que si no se frena la quema de combustibles fósiles, la temperatura podría subir «3, 4 o 5 grados» a final de siglo, con consecuencias devastadoras.

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