Los científicos planean utilizar el eclipse solar total que será visible en España la próxima semana como una oportunidad imperdible para aprender más sobre la naturaleza tormentosa e impredecible de nuestra estrella. Además, la NASA estudiará el eclipse total del 12 de agosto con un avión y globos especializados: buscan determinar el impacto en la atmósfera.
El eclipse solar total que cruzará España el próximo 12 de agosto será un espectáculo astronómico excepcional para millones de personas, pero también una oportunidad científica difícil de repetir. Durante apenas unos minutos, la Luna ocultará completamente el disco solar y permitirá observar la corona, la tenue atmósfera exterior del Sol, al tiempo que ofrecerá a los investigadores un «experimento» natural para analizar cómo responde la atmósfera terrestre cuando desaparece de forma repentina la radiación solar.
Descifrando enigmas sobre la corona solar
Equipos científicos financiados por la NASA aprovecharán el fenómeno para desarrollar una campaña de observación que combinará un avión de investigación de gran altitud, globos científicos y mediciones desde tierra, según una nota de prensa. El objetivo es profundizar en el conocimiento de la dinámica de la corona solar y, al mismo tiempo, comprender mejor cómo el brusco oscurecimiento del cielo altera procesos atmosféricos que todavía no se conocen por completo.
Aunque el Sol ha sido ampliamente estudiado por la ciencia y es analizado en forma permanente para controlar sus emisiones, muchas incógnitas siguen abiertas en torno a su comportamiento. La corona, visible únicamente durante un eclipse total o mediante sofisticados instrumentos, se extiende por 10 millones de kilómetros y es un millón de veces menos intensa que su superficie, llamada fotosfera.
Sin embargo, la corona todavía puede alcanzar hasta dos millones de grados Celsius, un comportamiento que continúa siendo uno de los grandes enigmas de la física solar. Además, es en esta región donde se originan fenómenos como las prominencias y el viento solar, un flujo continuo de partículas cargadas que influye directamente en el entorno espacial de la Tierra y pueden afectar a satélites, sistemas de navegación o redes eléctricas.
Un avión a máxima altitud
Para observar estos procesos con el mayor detalle posible, la NASA desplegará uno de sus aviones WB-57, capaz de volar a unos 15.000 metros de altura. En el morro de la aeronave viajará un conjunto de cuatro cámaras de alta resolución que captarán imágenes de la corona tanto en luz visible como en el infrarrojo, registrando hasta 20 imágenes por segundo.
Gracias a que el avión seguirá la trayectoria de la sombra de la Luna a una velocidad cercana a los 740 kilómetros por hora, los investigadores prolongarán el tiempo de observación del eclipse total desde los poco más de dos minutos disponibles en tierra hasta casi tres minutos.
Los científicos esperan que esta mayor duración permita detectar con más precisión estructuras muy dinámicas de la corona, seguir la evolución de las prominencias solares y comprender mejor cómo se calienta este plasma extremadamente tenue, según publica Phys.org. La campaña incorpora además mejoras desarrolladas tras el eclipse total de 2024, tanto en los tiempos de exposición de las cámaras como en el software encargado de procesar las imágenes.
El WB-57 observó el eclipse de abril de 2024 y lo hará ahora nuevamente. / Crédito: NASA.
Impactos en la atmósfera terrestre
En tanto, la Agencia Espacial Europea (ESA), desarrolla una misión llamada Proba-3 que utiliza actualmente tres naves espaciales que vuelan en formación sincronizada, para crear sus propios «mini eclipses solares» y estudiarlos. También hay planes para una misión llamada MESOM, que espera enviar una nave espacial a la sombra de la Luna para obtener una visión mucho más amplia del fenómeno.
Pero la investigación no se limitará al Sol. El eclipse constituye también una oportunidad inmejorable para estudiar la atmósfera terrestre bajo unas condiciones imposibles de reproducir artificialmente. Cuando la Luna bloquea la luz solar, la temperatura desciende rápidamente, cambia la circulación del aire y se modifican diversos procesos físicos y químicos que dependen de la radiación solar.
Cambios en el ozono atmosférico
Para analizar estas variaciones, estudiantes e investigadores lanzarán decenas de globos científicos en Islandia y seis más en España. Los globos españoles irán equipados con cámaras de 360 grados para registrar desde el aire el avance de la sombra del eclipse y con instrumentos destinados a medir la concentración de ozono atmosférico. Este gas necesita la radiación ultravioleta del Sol para formarse, por lo que los investigadores quieren comprobar cómo responde su producción durante los escasos minutos de oscuridad total.
Las campañas realizadas durante los eclipses de 2023 y 2024 ya revelaron algunos resultados sorprendentes. En zonas con cielos despejados se observó que la denominada capa límite atmosférica, la franja de aire en contacto directo con la superficie terrestre, reducía notablemente su espesor durante la franja de totalidad. Asimismo, las mediciones detectaron una disminución temporal de los niveles de ozono. Ahora, los científicos pretenden averiguar si esos efectos se reproducen en el nuevo eclipse o si las diferencias de estación, latitud y duración modifican la respuesta atmosférica.
Una posición privilegiada
Vale recordar que España se sitúa dentro de la franja de totalidad del eclipse, junto con Groenlandia e Islandia, convirtiéndose en uno de los mejores lugares del mundo para realizar observaciones. Durante unos minutos, el cielo diurno adquirirá un aspecto crepuscular y la corona solar se hará visible a simple vista, aunque únicamente durante la fase de totalidad; antes y después será imprescindible utilizar gafas homologadas para evitar daños irreversibles en la vista.
Más allá de su espectacularidad, el eclipse del 12 de agosto representa una oportunidad irrepetible para poner a prueba teorías sobre el comportamiento del Sol y sobre la respuesta de la atmósfera terrestre a una alteración extrema. Un fenómeno que apenas durará unos minutos, pero cuyos datos podrían alimentar durante años nuevas investigaciones sobre nuestra estrella y su influencia sobre la Tierra.










