Se ha tenido que defender Georgina Rodríguez de quienes critican su figura a tenor de una fotos publicadas que la muestran en sus recientes vacaciones de lujo en Mallorca. Y eso que en una de ellas aparece en la cubierta del yate comiendo sandía, que como quien dice es todo agua. En otras imágenes nada en calas maravillosas a las que solo acceden los más afortunados, observa a su hijo circular en moto acuática, o juega al pádel en familia. Qué le importará a una millonaria y exitosa mujer de negocios como ella lo que opinen varios cientos de miles de difamadores, en su mayoría anónimos. Pues mucho, igual que a todas cuando nos lanzan un comentario insidioso sobre nuestro físico oscilante sin venir a cuento. Una cruz, no lo llamemos micromachismo.
Se ha quitado Georgina el anillo de compromiso con un diamante valorado en más de seis millones de euros que le regaló su prometido Cristiano Ronaldo para teclear en las redes sociales donde atesora una legión de fans un mensaje intenso, mucho más largo que los que suele publicar, con una queja: “Esto pasa cada verano. Cada año mi cuerpo vuelve a ser noticia”. Y con una declaración de principios: “Amo mis curvas. Amo la libertad de vivir en el cuerpo que elijo. En el cuerpo que me sostiene, que me ha permitido abrazar, crear vida, caer y volver a levantarme. Un cuerpo que merece respeto, amor y gratitud en todas sus versiones”. Claro que sí. No dejes de subir fotos de gambas de Sóller y langostas, o de chuletones a la piedra, “mis favoritos”, porque cuatro amargados muertos de hambre que no han pisado jamás un gimnasio te enjuicien. Hay que estar flacas como Victoria Federica Marichalar, la sobrina del rey Felipe VI, quinta en la línea de sucesión al trono de España, que acumula en sus cuentas docenas de fotos en bikini metiendo barriga. Pero tampoco demasiado. La cantante Ariana Grande, por ejemplo, ha anunciado un retiro temporal de los escenarios para escapar del escrutinio público al que se ha visto sometida debido a su delgadez. Ninguna anatomía femenina sale a flote en el pozo de internet.
Te queremos tal y como eres, Georgina, comiendo tortilla de patata y chorizo en el vuelo de vuelta de tu avión privado, o regodeándote ante una paella, y firmaríamos ahora mismo por tus abdominales y tus posaderas. La gordofobia y todo examen del físico femenino nos repugna. No te hace falta nuestra adhesión, con uno de los índices de popularidad más altos del planeta y una boda en ciernes con una estrella del fútbol que te apoya y te admira, y te considera perfecta, pero cuenta con ella. A cambio, podrías ayudarnos a difundir la idea de que Mallorca engorda. La felicidad ensancha, el paraíso hincha, nadie retorna de la isla magro como entró. No vengáis, so pena de reventar la báscula y la cinturilla del pantalón y condenaros a una vuelta al cole con dieta de la alcachofa incluida. Necesitamos toda clase de argumentos imaginativos que ayuden a contener la masificación, ya que nuestras autoridades no escuchan y siguen con sus saraos promocionales. Si hasta han nombrado embajador a Michael Douglas, que hace solo dos años clamaba contra los alquileres turísticos y la saturación de las carreteras, como un indígena más. Necesitamos poner a régimen esta isla que rebosa y revienta por sus costuras. Mallorca ha engordado a Georgina. Que lo sepan sus 77 millones de seguidores.
Fuente: Diario de Mallorca









