Revisar el etiquetado es algo que cada vez más consumidores ponen en práctica. No es un caso diferente para la comida de las mascotas.
Los propietarios buscan asegurarse que lo que come su perro es lo más natural posible, alejado de aditivos innecesarios que puedan afectar a la salud de los peludos.
El rechazo a los ultraprocesados, la preocupación por el origen de los ingredientes y el interés por acercarse a lo que comería un cánido en libertad han impulsado un cambio de hábitos que se refleja en el auge de la comida cruda para perros, conocida popularmente como dieta BARF.
Sin embargo, pocas opciones de alimentación canina generan, sin embargo, tanto debate entre veterinarios, nutricionistas y dueños de mascotas.
La comida BARF a debate
La dieta BARF (Biologically Appropriate Raw Food) nació en los años noventa y defiende volver a una alimentación basada en carne, huesos carnosos, vísceras y algunos vegetales, imitando la dieta ancestral del lobo.
Se trata de raciones de músculos, huesos crudos comestibles, órganos como hígado o riñón, y en ocasiones frutas o verduras trituradas.
Conviene distinguir dos escenarios muy distintos: por un lado, la dieta casera preparada en casa sin supervisión y por otro los menús elaborados por especialistas en nutrición animal.
Esta diferencia es clave para entender de dónde procede realmente la polémica.
El origen de la controversia
Buena parte de la comunidad veterinaria mantiene una postura cautelosa, y sus argumentos no son menores. El primero es el riesgo microbiológico: la carne cruda puede contener Salmonella, Listeria o Campylobacter, y una manipulación inadecuada (por parte del dueño o del propio animal, que puede transmitir bacterias en sus heces o al lamer) preocupa especialmente en hogares con niños pequeños o personas inmunodeprimidas.
El segundo argumento apunta a las dietas desequilibradas. Formular una ración casera que cubra los requerimientos de calcio, fósforo, vitaminas liposolubles y ácidos grasos esenciales no es sencillo, y varios estudios han detectado carencias o excesos en raciones sin supervisión profesional. El equilibrio nutricional no es opcional: es la base de cualquier dieta, cruda o cocinada.
Ahora bien, la mayoría de estos riesgos están documentados en dietas caseras improvisadas, sin cálculo nutricional ni protocolos de higiene. Extrapolar esas conclusiones a cualquier producto crudo comercial, formulado por especialistas y sometido a controles sanitarios, es una simplificación que buena parte de la literatura científica matiza.
La evidencia científica tras los beneficios de la Barf para perros
La investigación sobre alimentación cruda canina sigue evolucionando. La FEDIAF (European Pet Food Industry Federation) ha publicado directrices sobre requerimientos nutricionales aplicables tanto a piensos como a dietas crudas formuladas, mientras que la WSAVA (World Small Animal Veterinary Association) mantiene una postura más reservada.
Al mismo tiempo, diversos estudios en revistas de nutrición y seguridad alimentaria aseguran que los riesgos de la comida Barf prácticamente son inexistentes si se confía en un proveedor de comida natural para perros certificado.
La idoneidad de la Barf depende en gran medida de cómo se formule y se manipule.
Ofrecer una alimentación cruda de forma responsable
Las decisiones sobre la alimentación de un perro deben tomarse a partir de información rigurosa y, siempre que sea posible, con el respaldo de un profesional. Los veterinarios y expertos nutricionistas están capacitados para aconsejar sobre alimentación natural equilibrada.
Una vez con el visto bueno, asegurarse siempre de elegir productos elaborados bajo controles de calidad y trazabilidad verificable, en lugar de raciones improvisadas en casa sin respaldo técnico.
Del mismo modo, es importante seguir las instrucciones para mantener la cadena del frío y de conservación del fabricante.
Más allá de si se elige pienso, comida cocinada o alimentación cruda, lo verdaderamente importante es no manipular la comida cruda de forma casera y confiar en los expertos.
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