Infantino reúne de urgencia a los altos cargos de la FIFA en Rabat ante la pérdida de apoyos y acusaciones de chantaje

Gianni Infantino ha convocado una reunión de urgencia con los altos cargos de la FIFA en Rabat para este miércoles.

La cita llega después del fuerte desgaste provocado por el fracaso de su plan para privatizar parte del negocio vinculado al Mundial y en medio de una crisis interna que ya ha dejado heridas visibles en la organización.

El presidente de la FIFA atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que asumió el cargo. A la presión externa, con la UEFA como uno de sus grandes focos de oposición, se suma ahora una contestación interna que ha debilitado todavía más su posición.

El proyecto que pretendía abrir a inversores privados una parte de la estructura comercial de los torneos de la FIFA, incluido el Mundial, acabó retirado tras generar un rechazo inmediato.

La reunión en Marruecos está pensada como una respuesta de contención. Infantino quiere cerrar filas con su núcleo de dirección después de que el plan fuera aparcado de forma brusca.

En Rabat estarán varios de sus principales colaboradores, entre ellos Mattias Grafström, Daniel O’Toole, Emilio García Silvero, Elkhan Mammadov, Kimberly Morris, Bryan Swanson y David Farrelly.

La crítica de Wenger

El golpe más visible en las últimas horas ha llegado desde dentro. Arsène Wenger, director de desarrollo del fútbol mundial en la FIFA, se desmarcó del proyecto y defendió que abandonarlo era necesario.

El francés sostuvo que la retirada del plan era «absolutamente necesaria» y añadió que no participó en su elaboración, al asegurar que conoció la propuesta por los medios. Sus palabras han reforzado la imagen de un dirigente cada vez más cuestionado también por su propio entorno.

A eso se suma el correo enviado al personal por Grafström, secretario general de la FIFA, en el que describió el episodio como una «serie de acontecimientos tristes y reprobables».

Ese mensaje dejó ver que el malestar ya no solo afecta al debate público, sino también al clima interno de la institución.

Gianni Infantino, durante el Mundial.


Gianni Infantino, durante el Mundial.

REUTERS

La oposición tampoco se ha quedado en silencios diplomáticos. La UEFA rechazó con firmeza el plan y elevó la presión sobre Infantino cuando el proyecto todavía estaba en pie.

El diseño incluía la creación de una nueva estructura comercial para gestionar derechos y operaciones, con una posible entrada de capital privado en una parte del negocio del Mundial. Ese intento terminó por convertirse en un frente más de conflicto con las confederaciones y de erosión para el presidente de la FIFA.

Presiones para la reelección

Pero el mayor golpe político ha llegado desde Jordania. El príncipe Ali bin al-Hussein, presidente de la federación del país, acusó públicamente a Infantino de «chantaje» y aseguró que no apoyará su reelección.

Según su denuncia, hubo presiones para condicionar el respaldo político a la resolución de problemas que afectaban a la federación jordana. Su mensaje ha elevado aún más el tono de una disputa que ya amenaza la estabilidad del dirigente suizo.

Infantino busca ahora recomponer una situación que se le ha complicado en varios frentes a la vez. Ha perdido apoyo en la periferia, ha generado dudas en su propio aparato y ha dejado una imagen de debilidad tras verse obligado a frenar su proyecto más polémico.

La reunión de Rabat, por tanto, no es solo una cita de trabajo. Es también un intento de frenar una crisis que ya ha pasado de ser una discusión sobre negocio a convertirse en una batalla por el control político de la FIFA.

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