La situación empieza a tensarse. Una chispa puede prender en cualquier momento y derivar la crisis migratoria a algo peor. Para acotar las zonas y concentrar a las miles de personas que deambulan por la ciudad autónoma, el Ejército se ha desplegado por los barrios de Ceuta. También la Policía Nacional, pero los agentes policiales están más visibles en la zona céntrica.
Así vemos estampas poco usuales como a los militares por las calles del barrio de Los Rosales, de Hadú o en la entrada del conocido barrio de El Príncipe – la «ciudad sin ley» de Ceuta, como la describe uno de sus vecinos. Estos militares, con casco y chaleco, uniformados como en zonas de combate, transitan por las carreteras en vehiculos militares y, al más minimo conato de altercado paran y disuelven la situación animando a los migrantes a encaminarse a la zona de la frontera. Pero también vemos a militares custodiando un supermercado, de los pocos establecimientos que no están cerrados para que no accedan a su interior ningún migrante que ha entrado irregular. Para hacer la compra hay que mostrar el DNI.
Garantizar la seguridad y la convivencia ha estado presente en los discursos de Pedro Sánchez y de Juan Jesús Vivas y es también lo que demanda la ciudadanía porque «la calle está repleta de gente pero lo que viven en Ceuta están encerrados en sus casas», relataba María, una de las empleadas de una farmacia que sí estaba abierta.
En aras de esa seguridad, agentes del Cuerpo Nacional de Policía (UIP) transitan por las calles más céntricas de Ceuta instando a los migrantes a que regresen a Marruecos. Lo hacen de manera más o menos amigable – van equipados con porras- según la respuesta que les den los que entraron ilegalmente, que siempre van en grupo.
Por su parte, el Ejército que ayer tomó la frontera de El Tarajal por la que entraron miles de personas el pasado jueves, este viernes seguía allí apostado controlando el flujo de personas que llegaban o salían a Marruecos. Una frontera que en la zona central estaba casi vacía pero que en un lateral, por un camino, permitía el regreso continuo de las personas que regresaba. Un flujo continuo que, según Interior, lleva un «ritmo de 150 personas por minuto» y ya ha superado 48.300 personas (hasta las 18:00 horas).
Pero lo más llamativo del despliegue entre los ceutíes es la presencia militar por los barrios. «Ya era hora, estaban tardando». La noche pasada «no he dormido. Un ojo abierto y otro cerrado» por miedo a robos, decían varios vecinos con los que ha hablado EL PERIÓDICO – cabecera de PRENSA IBÉRICA- al tiempo que hablaban de vídeos que circulan sobre hechos delictivos de algunos de los migrantes que llegaron a la ciudad para justificar el «miedo» que tienen y adelantar que hay que «tomarse la justicia» cada uno «por su cuenta».
Fruto de esta tensión, en los barrios hay ceutíes armados con porras, palos de golf y cualquier objeto que pueda servir para «defenderse». «Desde anoche estamos organizados» porque hay zonas, relatan, como en El Príncipe donde ni la policía ni el Ejército va a personarse dentro «y eso que ahora estaríamos todos en el mismo bando», relata un vecino de esta barriada.
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