Meliá Hotels International ganó 4,1 millones de euros en el primer semestre del año, un 95,4% menos que un año antes. La caída viene tras contabilizar un impacto de 79,4 millones derivado de su salida definitiva de Cuba, cifra que, si bien reduce de forma significativa el beneficio, no implica que la compañía haya tenido que pagar 79,4 millones, sino que el importe se ve reflejado en sus cuentas porque la hotelera prevé una pérdida o un coste excepcional que tendrá que asumir después de que abandonara sus 34 establecimientos por el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos contra el sector turístico cubano.
La totalidad de estos activos estaba asociada a su filial portuguesa Ilha Bela, utilizada para gestionar la actividad en Cuba. Excluyendo este elemento extraordinario, el beneficio neto habría ascendido a 83,5 millones de euros, en línea con la evolución del negocio.
Fue en 1990 caudno melià desembarcó en Cuba, donde hasta hace unas semanas gestionaba más de 14.000 habitaciones, cerca del 15% de toda su capacidad alojativa mundial. Sin embargo, el peso del mercado cubano en sus resultados era cada vez menor. El propio presidente y consejero delegado de la compañía, Gabriel Escarrer, ya había avanzado que la contribución de Cuba al Ebitda (resultado bruto de explotación, un indicador que mide la rentabilidad del negocio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones) era inferior a 10 millones de euros anuales.
Fin a tres décadas en la isla
La retirada de Meliá llegó después de una escalada de las sanciones impuestas por Washington contra las empresas turísticas cubanas. A principios de junio, la cadena ya había cedido la gestión de 15 establecimientos vinculados a Gaesa, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas cubanas incluido en la lista de entidades sancionadas por Estados Unidos. Posteriormente, la ampliación de las restricciones a prácticamente todo el sector turístico de la isla llevó a la compañía a abandonar también el resto de sus operaciones.
La decisión no implicó el cierre de los hoteles, ya que Meliá no era propietaria de los inmuebles. Como el resto de cadenas extranjeras presentes en Cuba, operaba mediante contratos de gestión con empresas estatales cubanas. La salida de la cadena mallorquina fue seguida por otras dos grandes hoteleras españolas con presencia en el país, Iberostar y Barceló, que también dejaron de operar sus establecimientos tras el endurecimiento de las medidas estadounidenses.
El negocio mantiene el pulso
Más allá del impacto extraordinario de Cuba, la evolución operativa del grupo continúa mostrando fortaleza. Entre enero y junio, Meliá elevó un 7,1% sus ingresos, hasta 1.047,4 millones de euros, mientras que el Ebitda sin plusvalías avanzó un 2,5%, hasta 244,8 millones, pese al cierre temporal por reformas de activos relevantes como el Paradisus Cancún o el Gran Meliá Don Pepe.
El ingreso medio por habitación disponible (RevPAR) aumentó un 11,7% en el semestre y aceleró su crecimiento hasta el 14,2% en el segundo trimestre, impulsado por la buena evolución de los hoteles urbanos y vacacionales en España, así como por la recuperación de mercados como China y el dinamismo del Sudeste Asiático.
Con estos resultados, la compañía mantiene intactas sus previsiones para 2026. El grupo espera cerrar el ejercicio con un Ebitda mínimo de 565 millones de euros, un crecimiento de un dígito alto en el RevPAR y un nivel de endeudamiento estable. Además, estudia la rotación de activos no estratégicos con baja generación de caja para optimizar la asignación de capital, mientras continúa con su plan de expansión, que prevé la firma de al menos 40 nuevos hoteles y la apertura de una treintena de establecimientos este año.
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