La reciente renovación parcial de los miembros del Patronato del Misteri ha servido para poner de actualidad, otra vez, el papel secundario de la mujer en el mismo. Se ha confirmado que no solamente no se progresa en ese sentido sino que, de forma increíble, se producen retrocesos importantes en algo tan sensible como es la igualdad entre hombres y mujeres a estas alturas del siglo XXI.
De las doce personas que entran al citado Patronato, sólo dos son mujeres. En momentos como los actuales es llamativo, y muy decepcionante, que se vuelvan a imponer criterios machistas, y excluyentes, en cuanto a la representación de la mujer. La cercanía a la figura del alcalde, Pablo Ruz, parece haber sido muy determinante para ser nombrado. Un criterio muy llamativo, y restrictivo, para ejercer tal nombramiento. No estar entre esos privilegiados provoca lo que provoca.
Y es que, aunque el preámbulo de la Ley del Misteri reconozca que «la Festa se ha mantenido viva gracias al pueblo de Elche, su propietario», la realidad es que dicha ley consolida el modelo, impuesto en la posguerra, por el que la dirección y gestión de este Monumento Nacional, como es el Misteri tras su declaración como tal en 1931 por la II República, pasa a estar controlado por tres entes como son la Iglesia Católica, la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento, que nombran a sus respectivos representantes. Por ello, lo de que el Misteri es propiedad del pueblo ilicitano queda bastante matizado, ya que realmente el Ayuntamiento sólo tiene un tercio en sus órganos de gestión.
La constatación de que, en pleno 2026, se producía este retroceso en la representación femenina motivó quejas de la oposición y otros colectivos que fueron ignoradas por los que controlan actualmente el Misteri.
Y esas lógicas quejas, unidas a la cercanía de las representaciones, ha puesto de actualidad, de nuevo, una situación de exclusión que se mantiene en el Misteri desde sus orígenes medievales: la prohibición de que las mujeres participen en su representación. Algo que era normal en la Edad Media, en la que estaba prohibido que la mujer participara en cualquier representación teatral. Una moral muy selectiva, decidida siempre por hombres, imponía estos criterios excluyentes. Las representaciones teatrales tenían a todos sus personajes siempre interpretados por hombres, aunque fueran de mujeres.
Cambiar esto, que ahora parece que nunca existió, fue una labor titánica, la resistencia fue muy fuerte, se hablaba de que aquello expondría a las mujeres a «determinadas situaciones», que la moral se degradaría, etc. Un montón de tonterías que solo podían responder a la voluntad de algunos, poderosos eso sí, a seguir manteniendo unos privilegios o unos criterios excluyentes sobre la mitad de la población, que sólo la existencia de situaciones no democráticas hacía posible.
El avance de las sociedades modernas, que incorporan principios de igualdad y no discriminación por razón de sexo, ha hecho que casi todas estas situaciones se estén superando. Es cierto que quedan algunos rescoldos que añoran tiempos pasados, tan pasados como los medievales. Recientemente han sido noticia determinadas cofradías de Semana Santa (Sagunto, por ejemplo), o los problemas para desfilar en Moros y Cristianos en determinados sitios, o algunos Alardes en el País Vasco, etc., siempre el motivo es el de la exclusión de la mujer, como en los viejos tiempos.
Y es lamentable que algo tan nuestro como el Misteri, La Festa, en una ciudad como Elx que, en general, es una ciudad moderna y adaptada a los nuevos tiempos, mantenga unos criterios de exclusión hacia la mujer que, hoy en día, no tienen ninguna justificación. Se habla de la tradición para mantenerla. Pero defender la tradición en este caso es defender una exclusión, la de las mujeres, algo que era normal hace siglos, como otras muchas cosas, pero que la evolución ha superado y, en la mayoría de los casos, también lo ha mejorado.
Además, se alega la tradición cuando interesa. El Misteri, en estos años, ha cambiado mucho y seguirá cambiando. Se han ampliado los días de representación de forma notable durante el año. Incluso se vienen haciendo conciertos escenificados hasta en el extranjero. Como bien recordaba hace unos días la concejala Esther Díez, de Compromís, también las representaciones han ido variando, se han introducido alteraciones musicales, escénicas, cambios de vestuario, situaciones prohibidas y después recuperadas, etc. Y es que lo peor que le puede pasar al Misteri es que se fosilice. Ya se sabe que hay amores que matan. Luchar contra esta mentalidad es lo que también pretende la Coordinadora Feminista de Elx, en su denuncia por esta situación y su propuesta de la plena participación femenina en La Festa.
Evolucionar para mejorar y adaptarse a una sociedad igualitaria y no excluyente debería ser básico. ¿Por qué debe seguir siendo obligatorio que a la Virgen María sólo la pueda representar un niño y no una niña? Mantener esta exclusión, a estas alturas, no tiene mucha defensa. Si se dice que se quiere llegar a todo Elx, que falta hace, el mejor camino no es el de seguir manteniendo la exclusión de la mitad de la población en La Festa. Un Misteri abierto a todos y todas sería lo mejor para él y para Elx.
Que el Patronato se abra a toda la ciudadanía, y supere situaciones desfasadas en el tiempo, por mucha «tradición» superada que algunos quieran mantener.
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