China ha convertido a los robots humanoides en una pieza central de su estrategia industrial. La apuesta ya no consiste solo en fabricar máquinas cada vez más sofisticadas, sino en enviarlas a entornos reales, como fábricas, almacenes, hogares simulados y centros de atención, para que aprendan a moverse, manipular objetos y adaptarse a tareas propias de los humanos.
El cambio de escala es notable: los gobiernos locales chinos han financiado ya 40 centros de entrenamiento para cubrir la escasez de datos de robótica, un recurso clave para enseñar a estas máquinas a desenvolverse en escenarios complejos. Uno de los mayores recintos, en las afueras de Pekín, supera los 10.000 metros cuadrados y recrea 16 entornos distintos, desde una línea de montaje hasta una casa inteligente o una residencia de mayores.
Aprendiendo a trabajar
En otro centro de Hubei, casi un centenar de robots humanoides repiten cientos de veces gestos como doblar ropa, planchar o limpiar mesas, con la supervisión de operarios humanos, según informa Japan Times.
La lógica de fondo supone que cuanto más parecido sea el entrenamiento al trabajo real, más útiles podrán ser estos robots en fábricas y servicios. Esa visión encaja con la hoja de ruta del Gobierno chino, que ha presentado la robótica humanoide como una vía para impulsar una nueva revolución industrial.
¿Un mercado en alza pero aún inmaduro?
En ese sentido, Pekín aspira a que muchas tareas fabriles pasen a manos de robots humanoides: por eso, el país ya concentra una parte abrumadora del mercado, con alrededor del 90 % de los aproximadamente 13.000 robots humanoides enviados en el mundo el año pasado.
Sin embargo, este avance no está exento de riesgos. La industria china podría estar entrando en una fase de sobrecalentamiento, con unos 150 fabricantes compitiendo en un mercado aún inmaduro.
Existían más de 450.000 empresas registradas en el campo de la robótica inteligente a finales de 2024, lo cual refleja tanto la magnitud de la oportunidad como el peligro de repetir patrones conocidos de sobrecapacidad, subsidios dispersos y guerras de precios.
Un robot Tesla Optimus reparte dulces frente al Nasdaq MarketSite en Nueva York en 2025. / Crédito: BLOOMBERG
Mucho dinero en juego
Más allá de estos peligros, el interés comercial continúa creciendo. Las estimaciones de Goldman Sachs sitúan el mercado mundial de robots humanoides en 38.000 millones de dólares (un poco más de 33.247 millones de euros) en 2035, con unas 250.000 unidades enviadas ya en 2030.
En China, empresas como Unitree, Galbot, AgiBot y UBTech están recibiendo inversión, contratos públicos y pedidos para centros de datos de entrenamiento.
Un cambio de época en el universo del trabajo
UBTech, por ejemplo, vendió robots humanoides por un valor de 566 millones de yuanes (más de 73 millones de euros) a tres instalaciones de recogida de datos en distintas provincias, una señal de que la industria ya ha pasado de la demostración al despliegue real.
La gran pregunta a responder es si estas máquinas aprenderán a trabajar como humanos antes de que el mercado exija resultados tangibles. Por ahora, China parece decidida a probarlo en el mundo real, con una velocidad que combina ambición tecnológica, apoyo estatal y confianza en un verdadero cambio de época en el universo del trabajo.













