José Manuel López es doctor en Filosofía y durante 32 años ejerció como profesor de esta materia en distintos institutos asturianos. En ese tiempo vio pasar seis leyes educativas, la llegada de internet y la transformación que han traído las nuevas tecnologías a las aulas. También ha asistido, según su experiencia, a un «retroceso paulatino» de la «comprensión lectora» y de «la cultura del esfuerzo». Ahora, un año después de su jubilación, ha encontrado una nueva forma de acercarse a los jóvenes con los vídeos divulgativos que publica en redes sociales y que ya alcanzan una media de 4,5 millones de visualizaciones en YouTube.
Su relación con las cámaras, sin embargo, comenzó antes de abandonar las aulas. «Me di cuenta de que había alumnos que no conseguían entender los conceptos en la hora de clase», recuerda. Aquella dificultad le llevó a buscar otra manera de explicar los contenidos. «Les preparaba pequeños vídeos de dos minutos y se los enviaba para que pudiesen verlos en casa a modo de refuerzo». La experiencia le permitió comprobar de primera mano que el lenguaje audiovisual podía convertirse en un aliado de la enseñanza.
«A veces los profesores tenemos la mala costumbre de explicar la Filosofía de una forma muy técnica», reconoce, una vez que ha comprobado que los vídeos breves y cercanos pueden ser una herramienta especialmente útil para los estudiantes, porque permiten presentar conceptos complejos «en un lenguaje adaptado a lo que hoy en día consumen».
Tras su jubilación ha dado un paso más. Ya no se limita a utilizar el vídeo como apoyo a una clase, sino que lo ha convertido en una actividad propia. «Quise probar a difundir conocimientos, comentarios y opiniones que consideraba útiles«, explica. En un momento en el que las redes sociales han adquirido un protagonismo creciente, decidió ponerse delante de la cámara y compartir sus contenidos.
Y pronto comprobó que el formato funcionaba. «Observé que, generalmente, atraen más la atención los vídeos que los audios», señala. Al principio concentró su actividad en YouTube, pero poco a poco fue extendiéndola a otras plataformas: Facebook, Instagram y TikTok.
Y no todo es Filosofía. Aunque esta disciplina continúa ocupando un espacio central en sus publicaciones, López aborda también cuestiones de actualidad. La clave, explica, está en mantener viva la curiosidad. «Me gusta grabar vídeos y publicarlos, es una actividad apasionante», afirma.
Sin embargo, su éxito en las redes no le hace perder de vista las dificultades que observa en la educación actual. «Está fallando la perseverancia en el estudio y la falta de hábito», sostiene. Y subraya que «los vídeos pueden servir como complemento, pero no como sustituto de la formación tradicional».
«La comprensión lectora en la enseñanza media suele dejar mucho que desear», lamenta; y si bien ha encontrado un nicho de mercado con los vídeos, es consciente de que «el uso excesivo de los móviles y los dispositivos tecnológicos es negativo». López cree que deben consumirse «en su justa medida» y que si, por un lado ,consumir vídeos divulgativos o de actualidad puede ser «de gran ayuda», hacerlo de forma compulsiva «resta concentración y tiempo para otras tareas como leer o estudiar».
«Es necesario que los estudiantes aprovechen su periodo de aprendizaje del mejor modo posible», sostiene. Y eso pasa, a su juicio, por recuperar una actitud que considera fundamental: la curiosidad. «Que sean curiosos, investiguen y disfruten del placer de conocer», insiste.
López mira además con cierto optimismo hacia un futuro marcado por cambios tecnológicos cada vez más rápidos. «El mundo está cambiando de un modo acelerado», afirma, pero considera que esa transformación «no tiene por qué ser una amenaza». «Abre innumerables posibilidades que pueden ser aprovechadas por todos», celebra.
Después de más de tres décadas explicando a los alumnos qué pensaron Platón, Aristóteles, Kant o Nietzsche, López ha cambiado la pizarra por la cámara y el aula por las redes sociales. Pero el propósito, en el fondo, sigue siendo parecido: despertar en los jóvenes el gusto por hacerse preguntas y facilitar el acceso al conocimiento. Solo ha cambiado el escenario y, con él, la manera de llegar a quienes están al otro lado.
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