La vida de Keith Thomas, de 42 años, cambió radicalmente en 2020 cuando, tras un accidente de buceo, sufrió una lesión medular que lo dejó totalmente paralizado de cuello para abajo. Incapaz de mover las manos, sostener objetos o sentir el tacto en sus extremidades superiores, dependía por completo de otras personas para las actividades más básicas de la vida diaria. Pero ahora, según anuncia un equipo de investigadores en la revista científica ‘Nature Medicine’, un avance científico pionero podría devolverle, al menos en parte, la posibilidad de mover, sentir y hasta dar una caricia con sus propias manos. Un equipo de expertos de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica, de Estados Unidos, anuncia el desarrollo de una neuroprótesis gracias a la cual Keith ha logrado recuperar el movimiento y la sensibilidad de parte de sus extremidades superiores. Y lo más llamativo de todo es que, tal y como demuestran las primeras pruebas, buena parte de las mejoras persistieron durante meses después de finalizar el tratamiento por lo que se cree que esta tecnología podría ayudar a restaurar los daños causados por la lesión. «Ahora puedo volver a acariciar a mi perro», explica Keith.
La herramienta, compuesta por implantes cerebrales y dispositivos de estimulación medular, permitió al paciente recuperar la movilidad de sus manos, rascarse la nariz o limpiarse la boca solo
El dispositivo, desarrollado por un equipo liderado por el científico Chad Bouton, consiste en un «doble bypass neural» en el que se combinan implantes cerebrales, dispositivos de estimulación eléctrica de la médula espinal y de los músculos con una interfaz controlada mediante técnicas de inteligencia artificial. Para ello, según explican los creadores de esta herramienta, Keith tuvo que someterse a una compleja operación de más de 15 horas en la que se le implantaron cinco matrices de microelectrodos en el cerebro (dos encargadas de registrar la actividad de la corteza motora, responsable de planificar los movimientos, y otras tres para captar la actividad de la corteza sensitiva). Y todo ello con el objetivo de crear un sistema capaz de «puentear» la lesión medular y permitir que las señales de movimiento vuelvan a llegar a los músculos de las manos y que, finalmente, el paciente pudiera volver a realizar un movimiento.
Resultados esperanzadores
Los científicos afirman que los resultados de este trabajo fueron espectaculares. Después de la intervención, Keith logró volver a mover sus manos. Pero no solo. Durante las 35 semanas posteriores a la operación, el paciente incrementó un 86 % la fuerza de su brazo derecho y un 62 % la del izquierdo. Pasó de no poder levantar las manos hasta la cara a rascarse la nariz, limpiarse la boca o sujetar un vaso de forma independiente. Thomas incluso consiguió sujetar delicadas cáscaras de huevo vacías sin romperlas en el 87 % de los intentos, una tarea que exige un control extremadamente fino de la fuerza aplicada. Pero no solo. Según relatan los especialistas lo atendieron, lo más sorprendente fue comprobar que gran parte de las mejoras persistieron durante meses incluso tras finalizar la estimulación.
«Este enfoque representa una nueva forma de tratar la parálisis grave. No solo estamos rodeando la lesión sino que estamos ayudando a reconfigurar el propio sistema nervioso»
Los análisis posteriores, de hecho, sugieren que este tratamiento podría no solo ser efectivo en el momento sino que, además, podría estar promoviendo procesos de neuroplasticidad. Es decir, la capacidad del sistema nervioso para reorganizarse y establecer nuevas conexiones funcionales. «Este enfoque representa una nueva forma de tratar la parálisis grave. No solo estamos rodeando la lesión sino que estamos ayudando a reconfigurar el propio sistema nervioso«, señala Bouton, profesor del Instituto de Medicina Bioelectrónica de los Institutos Feinstein y autor principal del estudio quien, afirma que «esta investigación ofrece esperanza a millones de pacientes y abre la puerta a futuras investigaciones y aplicaciones clínicas prácticas que podrían ayudar a cientos de miles de personas que viven con parálisis».
«Esta tecnología me ha devuelto la conexión con el mundo y una parte de quien era»
Los científicos a cargo de este trabajo afirman que ya están trabajando en nuevos ensayos clínicos para perfeccionar la tecnología y hacerla más accesible. Mientras, según relata el propio Keith Thomas, para pacientes como él la importancia de estas terapias no se mide ni en porcentajes de fuerza ni en algoritmos de inteligencia artificial. «Poder sentir la mano de mi hermana o acariciar a mi perro son experiencias que la lesión me había arrebatado», relata. «Ahora también puedo rascarme la cara o secarme los ojos por mí mismo. Esta tecnología me ha devuelto la conexión con el mundo y una parte de quien era«, comenta el hombres tras la publicación del artículo en el que se relata su historia y, sobre todo, la creación de una herramienta que la ha devuelto, al menos en parte, la vida.
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