El pasado 16 de junio, el Gobierno de España aprobó la creación del certificado profesional de «Cultivo y trabajos en palmeras«, una Formación Profesional de 530 horas lectivas que, en el CIPFP La Torreta de Elche, pretende ponerse en marcha lo antes posible. Pedro José Jurado, docente del departamento de Agraria del propio centro es testigo directo de ello, ya que formó parte del grupo de trabajo que se inició hace diez años para impulsar la creación de este certificado. Y precisamente con la intención de dar un paso más, tanto Jurado como Laura Sevilla, también miembro del centro en el ámbito de Agraria, han acudido a Túnez a través del proyecto Erasmus+ con un objetivo claro: conocer de primera mano las técnicas de cultivo de la palmera y la producción de dátiles para trasladar ese conocimiento a la futura formación de los profesionales del sector, aunque todavía no pueden asegurar cuando se integrará en su programa educativo.
Visita a oasis de palmeras destinados a producción de dátil / INFORMACIÓN
La visita
La visita recogió desde el acceso a la Universidad de Susa, como a otros centros profesionales de jardinería, agricultura y paisajismo, así como la visita a jardines importantes. También aprovecharon para presentar la agricultura española y aspectos acerca del Palmeral ilicitano que, según explican, «necesita ir renovándose para poder sacarle provecho», ya que se trata de un huerto muy antiguo que hay que aprender a mantener de una manera más óptima. «Queríamos ir allí para ver cómo producen ellos los dátiles, la cultura del oasis, tanto la tradicional como la nueva», explica Jurado. Así, la experiencia les permitió acercarse a una realidad muy distinta a la del Palmeral de Elche, ya que allí la explotación agrícola de este tipo de planta mantiene todavía un importante peso económico.
Recuperar conocimiento
Aunque el Palmeral de Elche está reconocido como Patrimonio de la Humanidad, los docentes consieran que parte de la cultura agrícola vinculada a la palmera se ha ido perdiendo con el paso de los años. Durante décadas, la atención se ha centrado en el mantenimiento del paisaje y en la producción de palma blanca para el Domingo de Ramos, mientras que otros usos tradicionales, como el aprovechamiento del dátil o determinadas técnicas de cultivo han quedado relegados. «Aquí la palma blanca, la escamonda y limpieza de palmeras bien, pero luego hay ciertos sectores en los que tenemos dudas, porque aquí no producimos dátiles a nivel industrial», explica Jurado.

Atado de racimo de dátiles de palmera para una mejor producción. / INFORMACIÓN
300 veces más dátiles
Por ello mismo, la comparación con Túnez resulta inevitable. Según explica, «un único oasis del sur del país norteafricano puede llegar a producir cien o trescientas veces más dátiles que Elche«, lo que convierte al territorio en un referente para estudiar nuevas técnicas de cultivo y de aprovechamiento de la palmera.
Durante la visita conocieron explotaciones agrícolas, empresas dedicadas al tratamiento y exportación de dátiles, así como variedades específicas de palmera destinadas exclusivamente a la obtención de fibra para artesanía, «que es como si en Elche tuviéramos palmeras solo para la Palma Blanca», añade Laura Sevilla.
El oficio de palmerero
Así, la experiencia en Túnez también permitió a los docentes reflexionar sobre la propia definición del oficio de palmerero y sobre la necesidad de ampliar la visión que actualmente existe sobre esta profesión. Según Jurado, uno de los avances más importantes del nuevo certificado profesional ha sido precisamente establecer qué implica realmente ser un profesional de la palmera. «El primer concepto que aquí falla es determinar qué es un palmererero, que es una de las cosas que conseguimos con la cualificación», matiza.

Subida a la palmera para la polinización en Túnez. / INFORMACIÓN
Para los docentes, el oficio no puede reducirse únicamente a los trabajos de poda y limpieza, que son los que actualmente tienen una mayor presencia. «En Elche hemos cogido una dinámica en la que pensamos que el palmerero es solo el que poda», explica Jurado. Sin embargo, considera que la profesión engloba muchos más conocimientos relacionados con la planta y con el propio paisaje. «Un palmerero es el experto en palmeras, con todo lo que eso implica: palma blanca, producción de dátiles, los que transplantan palmeras, los que saben cuidar los huertos de palmeras«, añade.
La nueva formación
Esa pérdida de una visión más completa del oficio es, precisamente, uno de los aspectos que la nueva formación pretende corregir. «Con esa definición completa, palmereros así quedan muy pocos«, apunta Jurado, aunque reconoce que existen muchas personas que trabajan actualmente con palmeras sin contar con una formación reglada específica.
La aprobación del certificado profesional abre ahora una nueva etapa para el sector, aunque todavía quedan algunos pasos para que pueda desarrollarse plenamente. Uno de los principales retos será encontrar profesionales capaces de impartir la formación. «Para que haya un profesor, ese profesor tiene que estar especializado en eso y no hay nadie especializado porque no estaba la formación reglada«, explica Jurado.

Oasis de palmeras en Túnez, durante la visita del centro. / INFORMACIÓN
En búsqueda de profesores
Por ello, la intención, tal y como añade Laura Sevilla, es localizar a personas con experiencia suficiente para que puedan convertirse en los primeros formadores. «Una persona a la competencia puede llegar a través de la formación, pero también a través de la experiencia», añade Sevilla. Para la docente, será fundamental identificar a aquellos profesionales que, pese a no haber contado hasta ahora con una vía oficial de reconocimiento, han acumulado durante años los conocimientos necesarios para transmitir el oficio a las nuevas generaciones.
Así, aunque todavía no saben cuando se pondrá en marcha esta titulación que presenta «una alta demanda», el fin de este proceso pasa por recuperar un oficio tradicional y adaptarlo a las necesidades actuales del sector.
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