Tras la guerra de 2014, la organización islamista Hamás y su brazo armado, las Brigadas Qassam, iniciaron una tregua informal con Israel. El Ejército israelí había castigado con dureza Gaza durante la llamada operación ‘Margen Protector’, en la que mataron a 2.251 palestinos, incluidos 1.462 civiles. También murieron 73 israelíes, seis civiles y 67 soldados.
Aquel cese de las hostilidades por parte de Hamás no fue correspondido por Israel con mejoras sobre el terreno para los más de dos millones de habitantes de la Franja. El bloqueo continuó, el desempleo creció y la destrucción causada no fue reparada. Gaza vivía en una situación de colapso humanitario, según la organización de Naciones Unidas OCHA.
El 30 de marzo de 2018, tras casi cuatro años de calma relativa, los gazatíes explotaron y organizaron la Gran Marcha del Retorno, una serie de protestas pacíficas masivas cerca de la valla entre Gaza e Israel para pedir el final del bloqueo. Israel respondió con una auténtica masacre. El Ejército disparó contra los civiles. Mató a 214 palestinos, incluidos 46 menores. Hirió a más de 36.000, de ellos unos 9.000 menores, todo según la ONU.
Aquel episodio ejemplifica la dificultad de cualquier mejora para los habitantes de Gaza, incluso aunque callen las armas.
Ahora, ocho años después, la situación es exponencialmente peor. Ya no queda prácticamente nada en pie en Gaza: ni hospitales, ni escuelas, ni viviendas. Los dos años de guerra total con los que Israel respondió a la masacre de Hamás del 7 de octubre (1.139 muertos en Israel) han devastado la Franja y están siendo investigados como posible genocidio y crímenes de guerra.
Tras dos años de guerra, evaluaciones militares israelíes hablan de en torno a 20.000 hombres, dice Abu Mousa
Hamás ha anunciado esta semana que va a disolver su Gobierno, uno de los requisitos para que el llamado «plan de paz» de Trump avance hacia las siguientes fases, que incluirían la reconstrucción de los servicios básicos y la entrada abundante de ayuda humanitaria, a cambio del desarme y la salida del Ejecutivo del grupo islamista. Sobre ese desarme no hay noticia alguna. Israel, mientras, sigue violando el alto el fuego y matando a palestinos (más de 1.000 durante la tregua) al tiempo que acapara más territorio (ya controla el 70% de Gaza).
¿En qué situación está realmente la organización islamista?
Las Brigadas Qassam disponen aún de muchos soldados. Tras dos años de guerra, evaluaciones militares israelíes hablan de en torno a 20.000 hombres, dos tercios de los que tenía antes de que comenzara la guerra, pero son nuevos reclutas y mal entrenados, explica a EL PERIÓDICO Jaser Abu Mousa, investigador del Middle East Institute de Washington (EEUU). «La realidad es que Hamás ha quedado muy debilitado militarmente en términos de recursos humanos, armamento, mando y control».
Elevados impuestos de Hamás
Además, el grupo está esencialmente en bancarrota. Qatar e Irán han dejado de enviar dinero, e Israel ha dejado de permitir que entren los fondos qataríes, algo que en el pasado incentivó para fortalecer a Hamás frente a la Autoridad Nacional Palestina y dividir así a los palestinos.
Para mantenerse en pie, el grupo islamista está exprimiendo fiscalmente a los comerciantes palestinos. En Gaza prácticamente solo entran camiones de productos comerciales, es decir, productos que comerciantes israelíes venden a contrapartes palestinas, en lugar de los de ayuda humanitaria, gratuitos.
«Desde el alto el fuego, Hamás ha vuelto a imponer impuestos y comisiones sobre bienes importados de forma privada, gravámenes de hasta alrededor del 30% sobre comerciantes, concentrados en el número limitado (10-15) de empresas autorizadas por Israel para importar», explica Abu Mousa. Una investigación reciente estimó que Hamás había recaudado del orden de decenas de millones de dólares en el primer mes aproximadamente después de que comenzara el alto el fuego. «Hamás no publica nada, pero el patrón está bien documentado y es coherente con el comportamiento previo a la guerra: controlar el flujo de bienes, gravarlo y utilizar además la presión sobre precios y licencias. Hay también varios casos de extorsión por parte de Hamás a comerciantes y empresarios”.
¿Un primer paso para avanzar a la fase 2?
Los gazatíes esperan angustiados cualquier avance en su calidad de vida, convertida en un drama humanitario de supervivencia. Como ejemplo, cada día, decenas de niños tienen que ser atendidos en los hospitales por mordeduras de rata. Proliferan las enfermedades cutáneas. La gran mayoría de palestinos de Gaza vive en tiendas de campaña y entre basura, porque Israel no deja pasar combustible para los camiones de recogida.
Ismail Al-Thawabta, head of Hamas’s government media office, right, and Hazem Qassem, Hamas spokesperson, deliver a statement at a news conference at the Al-Aqsa Hospital in Deir al-Balah, central Gaza, on Monday, July 6, 2026. Gaza needs an estimated $71.4 billion over the next decade to recover from two years of war that devastated most of the Palestinian territory, a study by the European Union, United Nations and World Bank has shown. Photographer: Ahmad Salem/Bloomberg / Ahmad Salem / BLOOMBERG
El desarme sigue siendo la cuestión más difícil del expediente. «Yo sería cauto. Hamás ha mostrado una flexibilidad real en la administración; pero en cuanto a las armas, ha sido consistente en que cualquier paso debería ser recíproco, paso a paso, y estar vinculado a garantías», subraya el experto Abu Mousa. «En cuanto a que el plan avance, la restricción vinculante rara vez ha sido la disposición palestina o de los mediadores, sino la voluntad de Israel de corresponder. Esa es la variable que hay que observar».
El escepticismo también reina sobre el anuncio de la salida del Gobierno. «Yo leería el anuncio de la salida de Hamás del Gobierno como una reconfiguración procedimental más que como una transferencia de poder», concluye el experto. Lo que ha cambiado es la identidad de los administradores, dice. Lo que no ha cambiado es la estructura subyacente de autoridad, quién posee las armas, quién ejerce la soberanía y quién decide en última instancia.
De momento, la respuesta de Israel no ha dejado lugar para la esperanza. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, ha desacreditado el anuncio del grupo palestino: «El truco de Hamás es simple. La aparente disposición de Hamás a ‘hacer sitio’ a un gobierno tecnocrático está diseñada para impedir su propio desarme. Hamás busca replicar el ‘modelo Hezbolá’ en Gaza: una administración tecnocrática sería responsable de la recogida de basura y otros servicios municipales, mientras Hamás seguiría siendo la fuerza militar dominante. Esto permitiría a Hamás seguir oprimiendo al pueblo palestino en Gaza, mientras prosigue su guerra yihadista contra Israel».
Israel está en un compás de espera hacia las elecciones del próximo mes de octubre, y no es previsible ningún gran cambio a mejor en las condiciones de vida en Gaza por parte de la coalición del primer ministro Binyamín Netanyahu y sus socios ultranacionalistas.
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