Los árboles mueren en Europa cada vez con mayor frecuencia de forma prematura. Un estudio centrado en los bosques franceses revela que no solo la sequía, sino también las primaveras inusualmente cálidas o húmedas, aumentan la mortalidad forestal. Los resultados, afirman los investigadores, son aplicables también a los países del entorno.
Hayas con hojas marrones en verano, abetos marchitos por la plaga del escarabajo de la corteza, árboles quebrados por una fuerte tormenta: en toda Europa, desde hace unos 20 años se observan indicios de que cada vez mueren más árboles prematuramente. En algunas regiones del continente, el estado de los bosques es incluso peor que en la década de 1980, cuando la contaminación atmosférica causó graves daños a los árboles en determinadas zonas.
Un equipo internacional, liderado conjuntamente por el Laboratorio de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente de Francia y el Instituto Federal Suizo de Investigación WSL, ha analizado en detalle los datos del Inventario Forestal Francés correspondientes al periodo 2015-2023. Los investigadores buscaban identificar patrones en los datos que pudieran explicar la muerte de los árboles, y los datos demostraron claramente que existe una explicación.
Un pino muerto en un bosque / fotocommunity
El equipo demostró que, además del tamaño del árbol y las condiciones de competencia, las desviaciones del clima estacional habitual fueron un factor clave en la mortalidad de los árboles en Francia. Además, realizaron un descubrimiento sorprendente: incluso las condiciones de crecimiento ideales, como las primaveras cálidas y húmedas, pueden aumentar el riesgo de muerte de los árboles.
En particular, los árboles de gran altura, como el abeto blanco, mueren en mayor cantidad tras estas condiciones de crecimiento aparentemente favorables. Los investigadores sospechan que estos árboles crecen con más vigor de lo normal durante dichas primaveras.
Esto aumenta su demanda de agua y los hace más vulnerables en cuanto las condiciones se vuelven secas. Al mismo tiempo, esto significa que consumen más agua del suelo a principios de año. Si luego le sigue un verano seco, las reservas de agua en el suelo ya están agotadas y los árboles experimentan estrés hídrico con mayor rapidez —explica Pascal Schneider, estudiante de doctorado en WSL y autor principal del estudio—. Además, las primaveras lluviosas podrían facilitar el crecimiento de patógenos como los hongos, debilitando aún más a los árboles.
«Nuestros resultados demuestran que no es solo una ‘sequía de verano’ la que causa problemas a los árboles. Dependiendo de la especie, una escasez de agua en gradual aumento puede tener un mayor impacto que una sequía corta e intensa, o viceversa», afirma Schneider.

El estudio, centrado en Francia, es aplicable a los demás países de su entorno / Agencias
Pero no es solo la sequía de verano la que puede afectar a los árboles. Los inviernos inusualmente suaves también pueden ser problemáticos, ya que las plagas sobreviven mejor a temperaturas invernales más altas. Las primaveras cálidas pueden aumentar aún más el riesgo, ya que la brotación se produce antes, lo que hace que las hojas jóvenes sean más susceptibles a las heladas tardías. Por lo tanto, los árboles mueren debido a una combinación de anomalías climáticas, y no solo por eventos extremos aislados.
Menos agua, menos árboles
En la práctica forestal, esto significa que los futuros planes de plantación deberían priorizar los árboles resistentes a la sequía procedentes de regiones del sur, tanto de poblaciones de especies ya utilizadas como al seleccionar nuevas. Además, los silvicultores deben tener en cuenta que, en el futuro, los bosques generalmente tendrán menos agua disponible en verano, según Schneider.
Los árboles grandes que consumen mucha agua deberían eliminarse del rodal un poco antes para que los demás ejemplares sigan recibiendo suficiente agua. Clarear la masa forestal también desempeñaría un papel importante, especialmente tras periodos de buenas condiciones de crecimiento. Esto garantizaría que los escasos recursos hídricos fueran suficientes para la masa forestal restante.
El Inventario Forestal Francés resultó especialmente adecuado para esta investigación. La base de datos abarca 500.000 árboles de 52 especies diferentes. Francia presenta prácticamente todas las condiciones geográficas y climatológicas de Europa, desde climas mediterráneos hasta alpinos. Por consiguiente, los resultados de este estudio pueden aplicarse a otras regiones de Europa, permitiendo adaptar la gestión forestal en consecuencia.











