Siempre que aparece en escena Mikel Oyarzabal, resulta tentador desmerecer a Julián Álvarez. Se habla aquí en clave azulgrana. ¿Vale realmente la pena estancarse en el argentino? Son 75 millones de cláusula de rescisión del jugador vasco frente a los 120 (un fajo de más o de menos) del argentino. El aún delantero del Atlético tiene tres años menos, y eso cuenta a su favor de cara a rentabilizarlo en un futuro. ¿Pero quién de los dos es mejor? ¿Cuál se adaptaría más rápidamente al sistema de Hansi Flick? Cuestión de gustos, claro, aunque esta última pregunta pinta a ganador evidente.
Mikel Oyarzabal celebra el primer gol anotado contra Austria. / ETIENNE LAURENT / AFP
Oyarzabal, de 29 años, demuestra compenetración con Olmo y con Lamine Yamal. No puede decirse lo mismo con Pedri por lo visto ante Austria. El canario parece el más fundido de todos los puntales de la selección española, poco fresco de piernas. Le cuesta ensamblarse con cualquiera. Lamine, en cambio, va a más, y en Los Ángeles, al lado de Hollywood, ante los ojos de algunas estrellas, proporcionó efectos especiales, o eso pareció ante tantos balones que coló entre las piernas de su marcador.
Volviendo a Oyarzabal, metió ante los flojitos austriacos su tercer y cuarto gol del Mundial, ambos a pase de un madridista (Cucurella), vaya por Dios. Habría ido mejor para vender el producto a Laporta y Deco que las asistencias procedieran de un azulgrana. Acumula 29 tantos en 57 partidos como internacional y ha subido al sexto puesto en el ránking de goleadores en la historia de la Roja, empatado con Fernando Hierro.
Un futbolista fino, combinativo, con puntería… En fin, hay aquí una voluntad ociosa de abrir el melón, es evidente, aunque él, por lo que se ha ido leyendo, tiene el alma donostiarra muy soldada en las rayas blanquiazules de la camiseta. «Hemos tenido un buen día, felices de seguir adelante», dijo el goleador tras el partido.

Lamine Yamal, en acción ante Austria. / CHRISTOPHER TORRES / EFE
Todo lo anterior son elucubraciones alrededor de un encuentro pasable, tan desigual o más de lo que refleja el marcador, con una España que sufrió poquito y que pasó ronda con una holgura poco vista hasta ahora en las eliminatorias del Mundial. «Los grandes equipos aparecen cuando hace falta. Hemos visto un grandísimo partido, creo que hemos rozado la perfección en muchos aspectos», dijo un Luis de la Fuente crecido.
Oda aquí a su andamiaje defensivo. Otro partido sin encajar un gol. Y casi sin ocasiones en contra. De hecho, Unai Simón hizo historia al batir la marca de 476 minutos consecutivos de Iker Casillas sin visitar el fondo de la portería en un Mundial. No recibe un tanto desde el enfrentamiento ante Japón en la cita de Qatar. Frente a la voluptuosidad ofensiva de Francia, España levanta la bandera de la impermeabilidad. Así también se ganan Mundiales.
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