El terremoto en Venezuela, con sus cifras provisionales de 589 muertos y casi tres mil heridos, tiene por estas horas un impacto lateral en las relaciones del país sudamericano con Estados Unidos y a la vez desnuda enormes problemas estructurales del sistema de salud cuando más se necesita para atender a las víctimas del peor seísmo de las últimas décadas. El Departamento del Tesoro norteamericano anunció la suspensión de algunas sanciones económicas impuestas hasta el 23 de octubre próximo con el propósito de facilitar las operaciones relacionadas con las labores de ayuda, que, de otro modo estarían prohibidas. El Gobierno interino de Delcy Rodríguez podrá recibir transferencias bancarias en calidad de ayuda internacional. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) ha lanzado este viernes un llamamiento de emergencia de 54 millones de euros para asistir a una Venezuela devastada.
EEUU decidió además aportar 150 millones de dólares. Una parte de ese dinero será utilizado por las organizaciones humanitarias que actúan sobre el terreno como Samaritan’s Purse, Catholic Relief Services y World Vision. Los otros 100 millones son en rigor parte de un fondo humanitario común de las Naciones Unidas. Washington ha desplegado también un Equipo Regional de Respuesta ante Desastres junto con dos equipos urbanos de búsqueda y rescate altamente especializados de los departamentos de bomberos del condado de Fairfax, Virginia, y del condado de Los Ángeles, California.
El Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) inició en tanto el despliegue de sus fuerzas militares en Venezuela para apoyar las «operaciones de socorro». De acuerdo con el Pentágono la movilización responde a un pedido del Gobierno provisional. El general de división del Cuerpo de Marines, Kevin J. Jarrard, se encuentra en Caracas supervisando las tareas «Estas fuerzas proporcionarán servicios especializados de movilidad y apoyo al personal del gobierno de los EEUU., a los equipos de búsqueda y rescate y a los socios interinstitucionales«. El estremecimiento de la tierra, con sus lamentables secuelas en vidas humanas e infraestructura, reveló con mayor nitidez la naturaleza de la «asociación» bilateral tras el 3 de enero.
Horas críticas
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguró este viernes que las primeras 72 horas son críticas para encontrar víctimas bajo los escombros y salvar vidas. Los hospitales en las zonas afectadas se encuentran sobrepasados. Los médicos y enfermeros atienden a los fracturados y con traumatismos craneales, los heridos por un aplastamiento, quemaduras y otras lesiones derivadas del colapso de edificios. «Las prioridades sanitarias inmediatas incluyen la gestión de grandes números de víctimas», explicó Ciro Ugarte, director de emergencias sanitarias de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la división regional de OMS. Venezuela ha restablecido los vínculos con ese organismo que, curiosamente, fue abandonado por la administración de Donald Trump. Eso le ha permitido efectuar pagos adicionales para vacunas y, según Ugarte, tener «disponibilidad de estos suministros esenciales».
Un desastre sanitario previo
La situación hospitalaria previa al doble terremoto era calamitosa en Venezuela. El Gobierno de Nicolás Maduro lo atribuyó a las sanciones que no solo agravaron la atención primaria sino la de casos complejos. La escasez de medicamentos y de insumos de todo tipo para tratar enfermedades crónicas y emergencia se convirtió en una realidad infranqueable. El Estado encontraba a su vez dificultades para adquirir reactivos de laboratorio, antibióticos, y tratamientos oncológicos. El sector público quedó prácticamente desabastecido.Las farmacias no podían reponer los productos vendidos.
A esas limitaciones se le sumaron otras como el deterioro de infraestructura, la falta de repuestos para las máquinas de diálisis, resonadores y equipos de tomografía. Los fondos para cubrir los costes de los trasplantes óseos de niños venezolanos que esperan tratamiento en Italia, o los pacientes que esperaban un trasplante de riñón en Argentina, se pusieron en riesgo.
El conflicto interno, con una migración que ha superado los seis millones de venezolanos, tuvo a la vez un alto costo para el sistema de salud. La crisis económica, producto de los dislates administrativos que se combinaron con las políticas de EEUU para erosionar el poder de Maduro, provocaron un éxodo de enfermeros, médicos y técnicos.
Emergencia en la emergencia
Los profesionales que se han quedado en Venezuela operan y curan con este trasfondo inocultable a las víctimas del seísmo. «La crisis de suministros y materiales médicos es dolorosamente palpable», señaló el portal Efecto Cocuyo. La posibilidad de afrontar una crisis a la intemperie estatal estaba latente. El presidente de la Federación Médica Venezolana (FVM), Douglas León Natera, había advertido en abril sobre el desabastecimiento en hospitales del país. En su momento habló de una disponibilidad de recursos que no superaba el 10 % en la mayoría de los casos. El 20 de enero pasado, 17 días después de la operación militar que secuestró a Maduro, la vicepresidenta del Colegio de Enfermería del Distrito Capital, Naucela Gudiño, reconoció que al menos 60% de enfermeras habían desertado de los centros de salud públicos debido a los bajos salarios del sector.
Jennifer Hidalgo monta una guardia permanente en la Unidad de Emergencias del Hospital Domingo Luciani, en el extremo este de Caracas. Allí se encuentra su sobrina Yanieska. La rescataron con las piernas inertes, debajo de los escombros. La tía ha visto con sus propios ojos la precariedad material del nosocomio. «Están colapsados. No tienen casi nada. Uno tiene que traer las cosas. Me pidieron bacitracina, gerdex para los puntos, gasas… me pidieron que trajera hasta los analgésicos. No puedo comprar nada de eso, no tengo nada».
En febrero pasado, EEUU había entregado 71 toneladas de medicamentos. Natera pidió entonces transparencia en la distribución de esos insumos. «Las consecuencias de la opacidad gubernamental se pagan en los pasillos de los centros hospitalarios de toda Caracas», señaló Efecto Cocuyo.
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