la ciudad que nunca duerme, del hospital al puerto en la madrugada

El día empieza cuando la ciudad todavía parece dormida. En la primera franja de la madrugada, Las Palmas de Gran Canaria no se apaga del todo: quedan luces encendidas en el hospital, en el Puerto, en una tienda abierta a deshora o en la Ciudad de la Justicia. Entre la medianoche y las tres, la capital muestra una de sus caras más íntimas: la de quienes ayudan a nacer, amarran barcos, atienden necesidades imprevistas o permanecen preparados para responder cuando la vida se tuerce. Son horas silenciosas, pero no vacías. En ellas late una ciudad que cumple 548 años y que descansa solo a medias, porque también empieza de nuevo antes de que amanezca.

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