El día empieza cuando la ciudad todavía parece dormida. En la primera franja de la madrugada, Las Palmas de Gran Canaria no se apaga del todo: quedan luces encendidas en el hospital, en el Puerto, en una tienda abierta a deshora o en la Ciudad de la Justicia. Entre la medianoche y las tres, la capital muestra una de sus caras más íntimas: la de quienes ayudan a nacer, amarran barcos, atienden necesidades imprevistas o permanecen preparados para responder cuando la vida se tuerce. Son horas silenciosas, pero no vacías. En ellas late una ciudad que cumple 548 años y que descansa solo a medias, porque también empieza de nuevo antes de que amanezca.
UN DÍA EN LA CIUDAD: Lidia Armas, matrona. / José Pérez Curbelo
00:00 | Lidia Armas, matrona
Es medianoche y el llanto de un bebé rompe el silencio en el Hospital Universitario Materno Infantil de Gran Canaria. Mientras la mayor parte de la ciudad duerme, en los paritorios la actividad no se detiene. Allí trabaja Lidia Armas, una matrona con 28 años de experiencia que, a lo largo de su trayectoria, ha acompañado miles de nacimientos. Aun así, reconoce que resulta difícil describir esas vivencias solo con palabras. «Cada parto es único, irrepetible y maravilloso», asegura.
Para Armas, lo esencial no está en las cifras, sino en el privilegio de estar junto a las madres y sus familias en uno de los instantes «más íntimos y bonitos de la vida». Ese, sostiene, es el mayor regalo de su profesión. «Es maravilloso ser testigo de la felicidad que transforma a toda una familia», destaca.
Tras décadas trabajando a turnos, conoce bien las particularidades de la noche y la madrugada. Lejos de considerarlas más difíciles, las define como horas especiales. «La noche es muy mágica para el parto», apunta. Y es que el silencio, la oscuridad y la intimidad contribuyen a crear un ambiente de calma que favorece el nacimiento. No obstante, admite que esas jornadas pueden hacerse largas y agotadoras. Ahora bien, la intensidad emocional de un proceso que describe como «una bomba de hormonas» mantiene alerta a quienes acompañan a la mujer a parir.
La profesional se siente muy cómoda desempeñando su labor en un hospital situado en pleno corazón de la capital grancanaria. Desde ese entorno, resalta el papel fundamental de las matronas y del resto del equipo sanitario que interviene en la atención al nacimiento. «Todos ejercemos una labor esencial, pero para nosotros las madres son las verdaderas protagonistas, y sus parejas y familias los pilares que las sostienen desde el amor», subraya. Por ello, defiende la importancia de una asistencia humanizada.

UN DÍA EN LA CIUDAD: Alexis Hernández, amarrador del Puerto. / Andrés Cruz / LPR
01:00 | Alexis Hernández, amarrador
Para Alexis Hernández, amarrador del Puerto de Las Palmas desde hace tres décadas, una de las mayores recompensas de su trabajo llega durante la madrugada. Mientras la ciudad duerme, él la contempla desde una perspectiva privilegiada. «La vista de la ciudad desde el puerto es súper bonita, es totalmente diferente», asegura. Desde los muelles, rodeado de silencio y con las luces reflejándose sobre el mar, observa una capital que, según explica, «de noche es otra historia».
La tranquilidad de esas horas convierte cada servicio en una experiencia única: «La ciudad se ve preciosa con todas las luces; nada que ver con cómo se ve de día». Las jornadas nocturnas también tienen un ritmo distinto. «El día es más estresante, hay más volumen de trabajo, mientras que la noche es más pausada y más tranquila», relata Alexis.
En ocasiones, la soledad forma parte del paisaje. Para Hernández, esas horas permiten reflexionar mientras la actividad portuaria continúa sin parar. «Todo el mundo está descansando, pero el muelle sigue las 24 horas», resume, reivindicando el papel de una infraestructura que nunca se detiene.
Su vínculo con el puerto comenzó casi por casualidad. Era futbolista, pero la empresa familiar, Sepcan, necesitaba a alguien que cubriera un puesto durante unas semanas que se ha convertido en una trayectoria de 30 años durante la que ha sido testigo de una transformación que califica de «realmente increíble» gracias al crecimiento de la actividad como a la modernización de los medios y la tecnología. Pero si hay algo que sigue maravillándole es la relación entre la ciudad y el puerto. Además, asegura que pocos conocen algunos de los rincones privilegiados desde los que trabaja. Desde allí contempla amaneceres que define como «impresionantes», un espectáculo cotidiano que «no tiene precio y casi nadie lo sabe».

UN DÍA EN LA CIUDAD: Aideé Sanabria, dueña del 24 horas El Búho. / Andrés Cruz / LPR
02:00 | Aideé Sanabria, dueña de una tienda 24 horas
Aideé Sanabria lleva 14 años trabajando en el 24 horas El Búho, en Rafael Cabrera. Comenzó como empleada, trabajó como encargada y ahora es la dueña. Dar el paso a convertirse en la propietaria llegó con dudas y recelos, de hecho, recuerda que se quedó sin voz por el miedo, pero al final las dudas se resolvieron a base de esfuerzo. Sanabria reconoce que las noches son duras porque las empleadas tienen que lidiar con situaciones complejas e incluso peligrosas. «No es fácil. Tienen que tener bastante aguante porque después van a la casa y tratan de desconectar, pero siempre surge algo», comenta.
Al ser natural de Paraguay, Sanabria considera que tiene un sexto sentido para calar a la gente solo con un vistazo, y gracias a eso, puede identificar a los problemáticos en un segundo. Ese ‘don’ es fundamental para trabajar a horas como las dos de la mañana cuando la ciudad parece dormida, pero en realidad, rezuma mucha vida. A pesar de algunos sucesos menores, la dueña cuenta que los conflictos mayores son más bien pocos, y por el momento, las empleadas han sabido actuar. «Pero siempre tenemos el riesgo por ser un 24 horas y otro por ser mujeres», lamenta. A Sanabria le sorprendió el apoyo vecinal que han cosechado: «Nos tienen mucho cariño y vienen a comprarnos aunque sea más caro».
En su opinión, lo más importante de su trabajo es contribuir a los pequeños momentos de felicidad de los clientes. «Una vez una chica me pidió que le guardara un álbum de fútbol para el sobrino y luego me mandó una foto en la que me decía: ‘Gracias por formar parte de la alegría de mi sobrino’», recuerda. Y como esa historia atesora muchas más. Por la tienda pasan personas de todos los rincones de la Isla y el mostrador es una ventana para conocerlas. Por ello, considera que en una época en la que internet ha conseguido crear una sociedad más individual, que los clientes sepan que en el 24 horas se acuerdan de esos pequeños detalles es una forma de aportar a la sociedad. «Contribuimos a la alegría de la gente», dice.

UN DÍA EN LA CIUDAD: Carmen Simón, magistrada. / ANDRES CRUZ
02:00 | Carmen Simón, magistrada
Las jornadas de guardia son un mundo en el interior de la Ciudad de la Justicia. No hay una igual que la anterior. Mientras la ciudad descansa, siempre queda alguna luz encendida en el imponente edificio acristalado, da igual que sean las tres de la madrugada. Porque la delincuencia no se detiene y siempre hay profesionales preparados para acudir a cualquier lugar con tal de impartir justicia y velar por la seguridad de los vecinos de la ciudad. Desde la plaza número 3 de la Sección de Violencia sobre la Mujer, la magistrada Carmen Simón procura que las víctimas se sientan atendidas y ofrecerles una «respuesta eficaz a su situación y al gran sufrimiento con el que muchas vienen al tribunal». Todo ello para intentar que su paso por los tribunales no conlleve un sufrimiento añadido o una carga adicional a las situaciones de violencia que viven.
Algunos días, explica, transcurren con relativa tranquilidad, mientras que otros se convierten en una «auténtica vorágine de actividad, sin apenas pausa». Lo primero que hace nada más llegar al despacho consiste en revisar los atestados policiales que entran y ordenar las diligencias a practicar. «A partir de ahí, el trabajo se va encadenando con declaraciones de víctimas, investigados y testigos, celebración de comparecencias para acordar órdenes de protección y medidas cautelares, así como juicios rápidos», señala.
Por lo general, las tardes suelen ser el momento más tranquilo, pero debe estar atenta para responder en cualquier momento, pues es imposible anticipar cuándo puede surgir una situación que requiera su intervención. La parte más complicada, subraya, es la conciliación familiar en las guardias, ya que «exigen una disponibilidad muy alta y tienes que reorganizar tu vida personal como puedes». Sin embargo, agradece que en situaciones de urgencia «afortunadamente se puede tirar del apoyo de los compañeros».
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