No es habitual que un particular opte por desprenderse de un retrato de cuerpo entero de Francisco Franco vestido con uniforme militar de capitán general a través de una subasta pública. El óleo sobre lienzo titulado ‘Retrato del Generalísimo Francisco Franco’, pintado por Juan Antonio Morales (Valladolid 1909-Madrid 1984), autor de los retratos de los Reyes Católicos que sirvieron de modelo para el billete verde de 1.000 pesetas de 1957, desconcierta tanto por sus dimensiones —más de dos metros de alto y metro y medio de ancho— como por la actitud solemne del retratado y por el destino que finalmente pueda tener esta obra.
La sala de subastas Retiro de Madrid ha incorporado este retrato como el lote número 1 a su subasta de este 24 de junio, con un precio de salida de 1.200 euros (más la comisión de la sala).
La pieza sorprende a quienes se acercan a la exposición y se encuentran con la mirada del generalísimo desde una de las paredes interiores de esta sala ubicada junto al parque del Retiro madrileño. Allí convive con el resto de lotes pictóricos, sillas, muebles y objetos preparados para salir a puja, aunque su presencia resulta difícil de pasar por alto: un Franco de cuerpo entero, encuadrado en un imponente marco de madera con molduras doradas. También plantea una pregunta incómoda: hasta dónde alcanza la Ley de Memoria Democrática cuando una imagen de exaltación franquista procede del ámbito privado y sale al mercado.
Durante la dictadura se pintaron numerosos retratos de este tipo destinados a instituciones, delegaciones oficiales, cuarteles o ministerios. Muchos fueron retirados durante la Transición y, más tarde, con la aplicación de la Ley de Memoria Democrática. En este caso, sin embargo, la obra sale al mercado desde el ámbito privado.
La obra que se subasta este 24 de junio en Madrid. / SALA RETIRO
La mayoría se trasladaron a almacenes y sótanos. Y aquellos con un valor artístico o histórico se derivaron a diferentes archivos o museos para su conservación. Unos pocos pasaron al mercado de antigüedades de segunda mano y a coleccionistas de militaria. Consultado el Ministerio de Cultura, ha confirmado que esta obra en concreto no consta en sus registros con ningún nivel de protección.
Tampoco la ley de Memoria Democrática, dependiente del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, la incluye en las categorías que contempla para su retirada. La norma establece que son contrarios a la ley “las edificaciones, construcciones, escudos, insignias, placas y cualesquiera otros elementos u objetos adosados a edificios públicos o situados en la vía pública”.
La casa de subastas madrileña no ha revelado ni el origen del cuadro ni la identidad de su propietario actual, generando expectación
La casa de subastas no ha facilitado información sobre el origen del cuadro ni sobre la identidad de su propietario actual.
La incógnita, por tanto, no está tanto en si puede venderse, sino en quién querrá comprarla y con qué finalidad: si acabará en manos de un coleccionista, de una institución museística o de alguien atraído por una pieza incómoda, monumental y cargada de historia. Demasiado grande para una colección doméstica convencional y demasiado cargada simbólicamente para ser leída solo como una obra de arte.

El óleo está firmado por Juan Antonio Morales / Sala Retiro
El pintor, de republicano a retratista franquista
Si la procedencia del cuadro es una incógnita, la trayectoria de su autor está mucho mejor documentada y resume algunas de las contradicciones de la España del siglo XX. Juan Antonio Morales pasó a la historia, entre otras razones, por ser el autor de los retratos de los Reyes Católicos que sirvieron de modelo para el billete verde de 1.000 pesetas de 1957. Y su biografía refleja también una llamativa evolución artística y política: vinculado en su juventud al entorno republicano y encarcelado tras la Guerra Civil, acabó convirtiéndose en uno de los retratistas institucionales más reconocidos del franquismo.
Durante la Segunda República se movió por los círculos intelectuales y artísticos de Federico García Lorca, Maruja Mallo, Miguel Hernández o Pablo Neruda. Según relatan quienes le han estudiado, exploró el cubismo y el surrealismo y colaboró con iniciativas como La Barraca impulsada por Lorca, participando en el cartel de Yerma en 1934.

Billete de mil pesetas con los retratos de los Reyes Católicos / PI
Durante la Guerra Civil sirvió en el bando republicano como teniente cartógrafo e ilustró publicaciones y ediciones destinadas a los soldados. Fue detenido y encarcelado. Y en la posguerra su pintura adoptó un lenguaje más figurativo, con una estética de inspiración clásico-renacentista.
El autor del cuadro se movió durante la Segunda República por los círculos intelectuales y artísticos de Lorca, Maruja Mallo, Miguel Hernández o Pablo Neruda.
Fue entonces cuando conoció a su mujer, Elena Blanco, quien le introdujo en los ambientes de la burguesía y la aristocracia madrileñas. A partir de ese momento comenzó a recibir encargos de algunas de las principales élites políticas, sociales y militares de la España de posguerra, desde la Casa de Alba hasta Francisco Franco y Carmen Polo.
Su consagración institucional llegó con el ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1964 y su nombramiento como director de la Academia de España en Roma una década después. Sin embargo, para muchos españoles su obra más conocida sigue siendo la serie de retratos de los Reyes Católicos que sirvió de modelo para el billete verde de 1.000 pesetas emitido en 1957.













