Soberanía científica, cultura e inversión rentable

Hace ya tiempo que en política económica convence la idea de que destinar recursos públicos a la cultura es una inversión estratégica que impulsa el desarrollo económico, fomenta la cohesión social y preserva la identidad colectiva. Esos tres mimbres forman un sólido esqueleto de confianzas y sentido de pertenencia, que no debe estar reñido con tolerancia a la diferencia. Un país que financia la cultura dinamiza industrias creativas, estimula el turismo, genera empleo y refuerza el pensamiento crítico y la diversidad de su sociedad. Así como las pensiones y las coberturas por desempleo son fundamentales para mantener la actividad económica sana, la cultura otorga alas en ocasiones invisibles a la salud social colectiva sin necesidad de vítores de gol.

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