Están tristes porque el taller se acaba. Llevan juntas desde octubre, compartiendo cada semana sus vivencias, su experiencia con la soledad no deseada, el edadismo o las dificultades físicas de la tercera edad. Y de la mano de la psiquiatra Mónica Santagata, del centro de salud mental de Nou Barris, Barcelona, en el marco del programa de adultos mayores, han dado nuevos significados a su vida. Han reinterpretado su narrativa, como dice la profesional que las ha reunido en la biblioteca del barrio para dialogar sobre todo lo que es afecta e ilusiona.
«Nos ha hecho pensar en disfrutar del tiempo y de la vida, sin pensar en que tenemos muchos años, somos personas, no viejos», explica Asunción, de 81 años. Leonor ha aprendido «a pensar, reflexionar, a ver las cosas como son y no como yo creo que son, porque te montas un mundo y no es así; es lo mejor que me ha pasado en la vida«.
Mercedes, de 72 años, añade: «Aquí he podido dar el nombre adecuado a las cosas, yo tenía una mala imagen de la psiquiatría porque mi madre estuvo en el frenopático de Les Corts y le hicieron electroshocks; al hablar con Mónica las cosas han cambiado».
Me han enseñado a ser yo misma, a sentirme más realizada. Yo no me quería, y me han ayudado a quererme
A Loli, de 73, el taller le ha servido para aliviar su tendencia depresiva y la depresión fuerte que sufrió recientemente. «Aquí me he sentido realizada, me ha servido para pensar que no soy, que no somos un mueble, las personas mayores; después de criar a los hijos, de ayudar a los nietos, parece que te dejen a un lado, que ya no sirvamos; y aquí nos han enseñado que no es así, me han enseñado a ser yo misma, a sentirme más realizada. Yo no me quería, y me han ayudado a quererme«. Son testimonios que muestran autoestima e ilusión. Solo una de ellas permanece en silencio y pide no aparecer en las fotografías, entró en el grupo más adelante y muestra cierta dificultad en integrarse.
De izquierda a derecha, Leonor, Mercedes y Loli / Pau Gracià / EPC
El grupo ofrece una gran vitalidad, y Virginia, de 78 años, recuerda que ha estado ingresada por problemas de salud mental y que ha sufrido un cáncer y se murió una hija. «Aquí me han hecho ver que no todo es tan complicado, que tenemos que vivir la vida y si te machacas con todo lo que te ha pasado y las penas que has tenido, no llegas a ninguna parte; este espacio es muy importante para mí». Carmen es la más veterana y a sus 89 años ejerce de voluntaria enseñando nociones de informática. «Vivo sola, hago de voluntaria porque creo que no debemos perder nunca el ánimo de crecer como personas«.

La psiquiatra Mónica Santagata, impulsora del taller / Pau Gracià / EPC
Isolina, de 81, era paciente de la doctora Santagata. «Sufro depresión pero el día que venía al taller me sentía mejor, he aprendido a minimizar los problemas«.
Diferenciar emoción y pensamiento
Santagata destaca que este tipo de experiencias grupales, fuera del ámbito de la consulta médica, sirven para «abrir un espacio narrativo, hablar de soledad, de aislamiento, de las dificultades de la vida en esta edad, también para identificar emociones y diferenciarlas de los pensamientos, se administran de forma diferente, también hemos abordado el edadismo y el autoedadismo, para salir de esa trampa». «Hemos puesto palabras a la vulnerabilidad, la percepción de vulnerabilidad y el poder de la vulnerabilidad«.
Edadismo
Ellas trasmiten como todavía la mirada sobre las personas mayores está teñida de edadismo. Por ejemplo, a la hora de hablarles de forma muy simple en la consulta médica, o esperar a que llegue un familiar más joven para hablar con él en lugar de atenderlas a ellas. Le pasó a Isolina en un banco cuando no quiso adquirir una pulsera y le dijeron que regresara con su hermano.
«Esta terapia me ha devuelto a la vida», insiste Asunción. Virginia explica sus problemas de movilidad y siente que la han ido dejando de lado «personas que creía que tenía muy cerca». Mercedes también nota las limitaciones físicas, pero le ha dado la vuelta a la situación: «No es un problema estar sola en casa«.
Carme no tiene hijos y vive sola y sabe que vive momentos de alegría y tristeza, pero tiene una vida muy activa. «Vivo mucho en el presente, no demasiado en el pasado ni en el futuro, y todavía tengo que aprender de la vida, de las cosas«.
Hablando de sexo
Juntas han visto películas, han hablado de todo, incluidas las maneras de vivir la sexualidad esta edad: «También puede haber sexo; pero cuando eres mayor, se trata de la compañía y de que te cojan la mano y te digan que estás guapa», describe Mercedes; «la ternura es lo mejor«, añade Virginia.
Y comparten, cómo no, un grupo de whatsapp. Y lanzan reflexiones como la de Isolina: «Sé que la ‘medalla’ [con la que pueden avisar en caso de emergencia] es para la vejez, la soledad y da seguridad, pero me da tristeza«.
A partir de ahora, el grupo acabará, pero el whatsapp no desaparecerá. «La idea es que esto sea un trampolín para ir al mundo, no que se queden chiquititas en un mundo chiquitito», concluye Santataga. Eso no evita que Isolina confiese que le da mucha pena que el taller se acabe y pide si no podrían decidir que no han alcanzado los objetivos y deben repetir curso.
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