Sevilla llevaba seis años esperando a Alejandro Sanz. Y, cuando por fin apareció en el Estadio de La Cartuja, la cuenta atrás estalló de golpe. Eran las 22.17 horas cuando el recinto se rompió en aplausos después de más de 6 días de cola. Nadie quería perderse el inicio de una gira que recorrerá España durante este verano. “¿Y ahora qué? Ahora Sevilla. Ahora música”, apareció en las pantallas antes de que el público recibiera al artista.
El concierto comenzó con Desde cuándo y Capitán Tapón, dos primeras señales de que la noche no iba a ser solo una cita más, sino un repaso por canciones que han marcado varias generaciones. “Sevilla, te camelo”, lanzó el artista antes de interpretar Por bandera: “Buenas noches. Esta canción la canté en 1994 y todavía vale la letra”, recordó. Poco después, cogió una bandera de Andalucía, gritó “¡Viva Andalucía!” y la lanzó al público mientras en las pantallas podía leerse la palabra “paz” en varios idiomas.
«Una canción no puede parar un tanque…»
El público se entregaba a un Alejandro Sanz visiblemente emocionado durante todo el concierto. / El Correo
La Cartuja ya era entonces una fiesta. Con Bésame, uno de los temas de su nuevo disco que canta junto a su amiga Shakira, las gradas se soltaron definitivamente: madres e hijos, grupos de amigas, parejas y seguidores de distintas generaciones bailaban como si no existiera nada más. Sanz volvió a demostrar su capacidad para llevar la canción íntima al formato de gran estadio con A la primera persona, al piano, y especialmente con Mi soledad y yo, donde el público se apoderó de la canción de principio a fin.
Tras Quisiera ser, el gaditano citó a su gran amigo Jesús Quintero: “Una canción no puede parar un tanque, pero le puede partir el corazón al guerrero que lo conduce”. La dedicatoria fue después para Ana García Romero, periodista sevillana que cubría habitualmente sus visitas a la ciudad y fallecida hace pocos días. Sanz se quebró al recordarla ante el silencio respetuoso del estadio.
Los himnos toman La Cartuja

El Estadio de La Cartuja recibía a un Alejandro Sanz seis años después de su último concierto en Sevilla. / El Correo
Regálame la silla abrió camino a una Amiga mía que levantó al estadio entero. Fue una de esas canciones que ya no pertenecen del todo al artista porque el público las ha hecho suyas. La Cartuja la cantó a pleno pulmón. Después, Deja que te bese puso a bailar a todo el recinto y Cuando nadie me ve volvió a dejar claro que, cuando Sanz entrega el estribillo al público, rara vez se equivoca.
El tramo central mantuvo el pulso con El alma al aire y Mi marciana, dos temas que confirmaron la amplitud de un repertorio construido entre baladas, pop y acento flamenco. Son canciones que, como muchas de las suyas, el público canta dos veces aunque solo suenen una.
Una pedida de matrimonio en mitad del concierto
Una de las anécdotas de la noche llegó con Aquello que me diste.:“Espera, que os voy a mirar un ratito”, dijo Sanz. Entonces los focos se giraron hacia el público y el artista guardó silencio, visiblemente emocionado, mientras el estadio respondía con una ovación. En mitad de esa pausa, vio a una pareja entre los asistentes y cedió el micrófono a él para que le pidiera matrimonio a su compañera.
Ella respondió con una frase que volvió a emocionar al recinto: “Yo le digo que sí porque sin él mi vida no tiene sentido y que sepas que nuestra hija se llama Alejandra por ti”. El momento fue recibido con una nueva ovación y quedó como una de las escenas más comentadas de la noche.
Raíces flamencas y tramo final

Un Alejandro Sanz visiblemente emocionado cantó para un público entregado desde el primer minuto. / El Correo
El gaditano también tuvo espacio para mirar hacia sus raíces y rendir homenaje a grandes nombres del flamenco como Manuel Molina y Paco de Lucía, dos referencias presentes en la cultura musical del artista. Después llegó No es lo mismo, con confeti incluido y una frase lanzada con ironía cómplice: “Vale, a lo mejor me lo merezco”. La Cartuja respondió como había respondido toda la noche: con ruido, manos en alto y la sensación de no querer acabar nunca.
Cuando parecía que llegaba la despedida, Sanz volvió a Aquello que me diste para pedir más fuerza al público. “¡Más fuerte!”, “¡Arriba!”, gritó antes de decir: “Os quiero mucho”. El artista anunció el final, pero el estadio no estaba dispuesto a dejarlo marchar. La Cartuja pidió una última vuelta y él obedeció: “Hay momentos en la vida en los que no es fácil despedirse y voy a alargar esto lo más que pueda”, sentenció.
Una despedida con DJ incluido
Y si fuera ella abrió el último bloque del concierto con un mar de luces iluminando el estadio y el público cantando la letra de principio a fin. Después llegó Lo ves, antes de una última recomendación del artista: “Ámense mucho, aprendan a decir que no y también que sí. Nos vemos pronto, Sevilla”. El broche definitivo fue Corazón partío, que con dj incluido, sigue siendo el himno por antonomasia de Sanz.
Alejandro Sanz se marchó dando las gracias y con Pisando fuerte como despedida. Pero La Cartuja tardó en soltar la noche. Sevilla no solo había recibido el inicio de una gira, promovida por Concert Tour: había sido el punto de partida de una nueva etapa en directo para un artista que volvió emocionado, arropado por miles de voces y con un repertorio que sigue atravesando generaciones. Seis años después, el artista regresó a Sevilla y la ciudad le recibió con sed de Alejandro Sanz.












