Un Papa demasiado cristiano para las derechas

1. Bajo el sol de Madrid

“¡Papa León, te queremos un montón!”. Era uno de los cánticos coreados ayer por algunos de los entusiastas creyentes agolpados contra las vallas de seguridad situadas en el entorno del Palacio Real de Madrid. La comitiva papal se retrasó unos minutos sobre la hora prevista de las 11:30 de la mañana, y también lo hizo el sol que, para hacer más tolerable la espera, permaneció milagrosamente escondido tras las nubes hasta muy poco después de que León XIV llegara a la residencia institucional de los Reyes de España.

2. Fieles, curiosos, turistas

En una singular mezcolanza de fieles, curiosos y turistas en la que los primeros eran más bien minoría, el público aguardaba alegremente a ambos lados de la calle Bailén, desde la basílica de San Francisco el Grande hasta las puertas mismas del palacio, mientras en la placeta cercana a la iglesia se escuchaba, mal que bien y más piadoso que afinado, el cántico de un coro de monjas tal vez dominicas ocultas tras los ventanales abiertos de un edificio frontero. Con ocasión de la visita papal, Madrid es una fiesta. ¿Una fiesta católica? Sí, pero no exactamente. O no solo.

3. Catolicismo menguante

El 52,8% de los españoles se declara católico, pero solo el 16,2% de ellos es practicante y asiste a misa con regularidad, según un reciente barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Visita el papa Prevost una España que materialmente ha dejado de ser católica. No había dejado de serlo, por supuesto, hace 95 años, cuando tan imprudentemente así lo proclamara el líder de Acción Republicana: al Manuel Azaña literato debió resultarle imposible renunciar a una frase tan literariamente rotunda, aunque el Manuel Azaña político no dejara de susurrarle al oído que decir en las Cortes que “España ha dejado de ser católica” era una temeridad impropia de un hombre de Estado en aquel 1931 tan cargado de esperanzas y presagios como atestado de clericales y anticlericales.

4. Francotiradores en las azoteas

En la España de 2026 apenas quedan anticlericales militantes y con mando en plaza: nadie piensa ya en quemar iglesias, perseguir curas o aterrorizar novicias; ni siquiera en desposeer a la Iglesia de sus colegios o de su cuota del IRPF. Por el contrario, los paladines del clericalismo más rancio, intransigente y testarudo ocupan posiciones estratégicas en la judicatura, en la abogacía, en el episcopado, en la política; desde tan selectas azoteas operan como francotiradores singularmente diestros capaces de abatir interesantes ejemplares de la apestosa piara de ateos, apóstatas, herejes, masones y renegados que son la diabólica reencarnación de la anti España derrotada pero no destruida en la Cruzada del 36. Su última víctima ha sido la revista humorística El Jueves, a quien una jueza de Valladolid ha condenado a pagar una indemnización de 6.000 euros a Abogados Cristianos por nombrar a su presidenta Polonia Castellanos ‘Gilipollas del año 2024’. La apostólica sentencia ha sido recurrida ante la Audiencia Provincial, cuyos magistrados quizá tengan también la piel igual de fina a la hora de enjuiciar burlas, donaires y sarcasmos.

5. Ideales evangélicos

El Papa que ayer aterrizó en Madrid, donde permanecerá hasta el lunes, no es del gusto de las derechas nominalmente católicas que gobiernan la capital y la Comunidad: Prevost es contrario al genocidio de Gaza, a la guerra de Irán, al señalamiento y persecución de los inmigrantes, a los superpoderes de la Inteligencia Artificial en manos de un puñado de plutócratas… Como su antecesor Francisco aunque con un estilo personal más sobrio, este Papa irrita e incomoda a las derechas no porque sea un Papa de izquierdas, sino porque se toma en serio el Evangelio. Las izquierdas simpatizan con él no porque se hayan vuelto capillitas, como dijo la semianalfabeta presidenta de Madrid, sino porque desde hace siglo y medio encarnan unos ideales políticos que parecen inspirados directamente en el Sermón de la Montaña, donde el galileo proclamó la dignidad inmarcesible de aquellos a quienes siempre les había sido negada: pobres, mujeres, extranjeros, perseguidos, marginados, procesados, excluidos…, justamente los mismos a quienes las derechas estigmatizan y persiguen, o en el mejor de los caso se limitan a mirar despreciativamente por encima del hombro.

6. Simpatías papales

Hace mucho tiempo que la derecha dejó de ser cristiana, si es que alguna vez lo fue. Es la izquierda, incluso la que alguna vez fue ferozmente anticlerical, quien realmente enarbola los hoy más bien ajados estandartes de la dignidad, la misericordia y la solidaridad, aquellos valores con los que el Nuevo Testamento rectificaría para siempre, bien es verdad que con la ayuda inestimable de la Roma imperial, el exclusivismo despiadado y vengativo impúdicamente exhibido por Jehová en tantas páginas del Viejo Testamento. La izquierda es neotestamentaria sin saberlo; la derecha es veterotestamentaria y lo sabe. La izquierda nunca coreará ‘Papa León, te queremos un montón’, pero sus sentimientos con respecto a Prevost no están muy lejos de ese cántico. España ha dejado de ser católica, pero la izquierda española sigue siendo bastante más cristiana de lo que le gusta pensar; de hecho, simpatiza con León XIV más, bastante más, muchísimo más que la derecha (Dios la perdone).

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