A sus 93 años, Joan Collins volvió a deslumbrar, esta vez en la alfombra roja de Cannes. Hace ya casi cuatro décadas que Dinastía, la serie que la convirtió en gran estrella, terminó, pero siempre se las arregla para reaparecer y recalcar que para ella no parece pasar el tiempo. Para muchos espectadores sigue siendo Alexis Carrington, una de las villanas más icónicas de la televisión de los años 80. Dallas, Dinastía y Falcon Crest fueron tres de las series más seguidas de la época, donde la opulencia que rodeaba a sus protagonistas era equiparable a su falta de escrúpulos y esa sensación de que el dinero podía comprarlo todo.
Aunque con un marcado aire crepuscular, con su última película, My Duchess, Collins vuelve a ese lujo en el que siempre se ha movido, ya que encarna a Wallis Simpson, la mujer que le costó el trono a Eduardo VIII por el hecho de ser divorciada. Puede que esa imagen asociada al lujo le viniera de familia, ya que su hermana era Jackie Collins (1937-2015), escritora de best-sellers románticos de ritmo vertiginoso, alto contenido obsceno y mirada implacable a los entresijos de la alta sociedad.
La sombra de Alexis nunca ha abandonado a Joan Collins y a ella le ha gustado esa confusión entre el personaje y su personalidad real. Por eso no pierde los anillos en reconocer sus cinco matrimonios, con cuatro divorcios que parecen salidos de uno de los libros de su hermana. Como si fuera Alexis, Joan utilizaba cada ruptura como prueba para reafirmar su independencia.
Nacida en Londres, donde empezó su carrera cinematográfica, sus raíces europeas permitieron a Joan Collins desembarcar en Hollywood con un toque de distinción. Uno de sus primeros trabajos fue Tierra de Faraones, de Howard Hawks, donde encarnaba a una ambiciosa princesa dispuesta a lo que hiciera falta para ocupar el trono del faraón. El papel bien podría ser un precedente de su Alexis. Aunque llegó a la meca del cine de la mano de la Fox, supo ver el potencial de la televisión, a diferencia de otros actores que la consideraban un medio inferior.
Su paso por Star Trek dejó uno de los mejores episodios de la serie clásica, La ciudad en el borde de la eternidad. Un cambio de registro en el que encarnaba a Edith Keeler, una activista por la paz en los años de la Gran Depresión cuyos ideales terminaban alterando la historia al causar la victoria de los nazis. Keeler era una anomalía temporal y, para que el pasado se corrigiera, tenía que morir.
Pero no fue la saga galáctica la que le haría pasar a la historia de la televisión. El personaje de Alexis llegó justo a tiempo para salvar a Dinastía de su cancelación. Ella había sido la primera esposa de Blake Carrington, un magnate del petróleo de Denver, y a quien él echó de casa tras descubrir su infidelidad. La serie arrancaba con la boda de Blake con su secretaria (Linda Evans). La llegada de la esposa repudiada se produjo al final de la primera temporada y la serie ya no volvió a ser la misma. Alexis irrumpía en el tribunal para declarar contra Blake en el juicio por la muerte de Ted Dinard, el amante homosexual de su hijo Steven. Un regreso del exilio buscando venganza. La serie había encontrado a su propio J. R., el villano de Dallas, la serie rival.
Para que la lucha con Blake se desarrollara en igualdad de condiciones, Alexis se convertiría también en multimillonaria tras heredar toda la fortuna de su nuevo marido, Cecil Colby, al que le acabó causando un infarto tras una última y particularmente intensa noche de pasión. Unos recursos que se convertirían en munición para una guerra que se prolongó durante nueve temporadas y que le permitió hacer a su personaje todo lo que quisiera, sin importarle lo que dijeran sobre ella.
Dinastía fue una de las series de su época y por ella pasaron Rock Hudson, Barbara Stanwyck o Charlton Heston, entre otros, que la convertían a una suerte de cementerio de elefantes. Sin embargo, cayó en picado cuando su nuevo productor tuvo la feliz idea de recortar presupuesto limitando las apariciones de Linda Evans y de Joan Collins, escandalizado con sus sueldos. El problema estaba en que ellas no eran un gasto, eran la serie. La decisión fue una condena a muerte.
Tras el final de Dinastía, Joan Collins ha seguido haciendo apariciones como secundaria de lujo. Una de sus últimas apariciones más destacadas fue en la serie American Horror Story de la mano de Ryan Murphy. Con una entrada triunfal como la de Alexis en la sala de juicios, recordándonos que las estrellas no se retiran. Solo esperan su próximo foco.












