De las miles de fotos que se hicieron en el que ya catalogado en el imaginario colectivo como ‘El Milagro de Lugo’, hubo una que se hizo especialmente viral. Fue la de Marco Spissu, después de anotar el triple de la salvación, aupado a hombros por sus compañeros como si de un torero saliendo por la puerta grande se tratase. No era para menos después de que sucediera lo inexplicable en el Pazo de los Deportes de la localidad gallega.
Pues esa icónica imagen fue captada por Miguel Ángel Gracia, unos de los fotógrafos de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN. De su certero disparo salió una fotografía que, al igual que la inverosímil remontada, ha dado la vuelta al mundo y que, por supuesto, llegó a los ojos del jugador.
De hecho, a Marco Spissu le gustó tanto que una de las cosas que hizo cuando se despertó el sábado fue pedirle al equipo de comunicación del Casademont que le consiguieran esa foto para guardarla de recuerdo. Ahora, unos días más tarde, el club ha decidido darle una sorpresa al italiano regalándole la imagen de EL PERIÓDICO a gran tamaño y enmarcada para que la coloque en el lugar que él elija en su propia casa.
El acto de entrega se ha producido en la fiesta de fin de curso que el Casademont Zaragoza está celebrando este miércoles en La Casa de las Hiedras del Cachirulo. Al base, que ni se imaginaba el detalle, se le ha visto visiblemente emocionado por el gesto del club y por volver a recordar una vez más una hazaña inolvidable. “Es el tiro con el que sueñas desde pequeño cuanto estás solo en tu cuarto. Hay mucho entrenamiento detrás. Le grité a Bell-Haynes dos veces y cuando me llegó el balón no había tiempo para pensar, solo tirar. Es lo que llevo haciendo 28 años”, comentó Spissu cuando le entregaron el regalo. “Es una foto increíble, me gusta mucho. Es un recuerdo para toda la vida. Ahora tengo que encontrarle un hueco en casa”, dijo entre risas.
Así se hizo la foto
Esa imagen tiene dos protagonistas. Uno Spissu. El otro, Miguel Ángel Gracia, que recuerda la locura que vivió en Lugo y el momento justo en el que, sin saberlo, creó un regalo para el italiano que nadie en su sano juicio podía esperar. “Yo ya estaba buscando la foto de la derrota. El entrenador frustrado, los jugadores tapándose la cara, el banquillo hundido…rememora el fotógrafo.
Entonces, todo cambió. “Fue todo tan rápido que ni sabía quién había metido el triple. Lo intuyes por lo que ves: los abrazos, la euforia y los compañeros corriendo hacia él. Cuando vi que levantaban a Spissu, entendí que la foto estaba ahí. Parece fácil, pero no lo es. Está pasando todo a la vez y tienes que elegir dónde mirar”, explica Gracia. “Este trabajo es así: a veces la foto aparece delante de ti y tienes que estar preparado para verla. Aunque la suerte también influye en este trabajo”, añade de manera humilde.
Lo que se vivió en Lugo fue tal que para todos los allí presentes fue complicado separar lo personal de lo profesional. “En ese momento sientes que eres uno más del equipo. Yo no tengo nada que ver con esa victoria, pero la pude vivir como si hubiera jugado ese partido. Los abrazos y los gritos los tienes a centímetros. La salvación no era mía, pero me emocioné igual que ellos”, recuerda Miguel Ángel.










