En el marco de la Feria de la Manzanilla 2026, en Sanlúcar de Barrameda, el presidente de Barbadillo, Manuel Barbadillo e Izaguirre, ha compartido su visión sobre el vino que define a esta tierra. La bodega, que celebra una comida con todos sus trabajadores durante la feria, refuerza su carácter familiar. Barbadillo ha estado «volcada con la feria siempre», desde su primera edición en 1932, consolidando un vínculo inseparable entre la empresa, la fiesta y la ciudad.
Un vino social por excelencia
Para Barbadillo, la manzanilla es mucho más que una bebida; es un catalizador social. «La manzanilla es un vino social por excelencia, hay que beberlo en compañía, y es un vino para socializar, y la feria es un lugar perfecto», afirma. Subraya que no sería concebible una feria andaluza sin la presencia de este vino, que se ha convertido en el auténtico «ánimo de la feria» después de que el propósito comercial original del evento desapareciera.
El presidente de la bodega comparte tres consejos que le dio su tío para beber, que resumen la filosofía de la feria: «primero, para beber hay que comer»; segundo, «el vino no es para quitarte la sed», para eso está el agua; y tercero, y más importante, «el vino es para socializar». Según él, «estar con los amigos comiendo y bebiendo, es una cosa sana».
Una rareza enológica que marida con todo
Desde el punto de vista técnico, Barbadillo describe la manzanilla como «una rareza enológica» única. Gracias a la crianza biológica, es un vino blanco que no se oxida, manteniendo su color incluso después de diez años. Este proceso, protagonizado por las levaduras, le resta glicerina y lo convierte en «puro aromas«, diferenciándolo de otros vinos donde se busca la expresión del terruño.
Esta singularidad aromática la convierte en el mejor aliado de la gastronomía. «Tú pregúntale a un cocinero o a un restaurador qué vino usas para cocinar, y te dirá, los vinos de Jerez», comenta Barbadillo, para sentenciar: «si son los vinos para cocinar, es porque son los que mejor marida con todo«, rompiendo el mito de que es solo un vino de aperitivo «que se toma de pie» para reivindicar su lugar en la mesa.
Si son los vinos para cocinar, es porque son los que mejor marida con todo»
Símbolo de Sanlúcar y seña de identidad andaluza
La forma de elaborar la manzanilla, la crianza biológica, nació en Sanlúcar y se extendió por toda la región, convirtiéndose en «una seña de identidad de Andalucía«, según Barbadillo. El vino andaluz, afirma, «es único en el mundo». Las bodegas, que define como «edificios bioclimáticos» integrados en los centros históricos, son para una ciudad andaluza «como la catedral», un elemento determinante de su identidad.
Este método de crianza dinámica, donde se saca una parte del vino y se introduce otra nueva, es una «fábrica de vinos» en sí misma y una economía sostenible. Para Barbadillo, todo ello es un reflejo de la forma de ser de los andaluces, que «siempre hacemos de las circunstancias, al final lo definitivo», transformando una feria de ganado en una celebración de la convivencia y la amistad en torno a una copa de manzanilla.














