El rumor de las cacerolas golpeadas en la oscuridad por un nuevo corte de energía preparó en La Habana las vísperas del cumpleaños 95 de Raúl Castro Ruz. Este miércoles será un día de modestos fastos estatales. No hay dinero ni luz para la celebración que le habría gustado organizar al presidente Miguel Díaz-Canel. La isla se encuentra al borde del colapso; sus hombres y mujeres, exhaustos, temerosos. La historia oficial le ha asignado a Raúl los más altos honores, apenas por debajo de su hermano Fidel, a quien reemplazó en sus funciones cuando el comandante en jefe dio un paso al lado.
El hoy nonagenario general cambió el uniforme por el traje de estadista, le tocó normalizar las relaciones con Estados Unidos, recibir a Barack Obama en la isla, en marzo de 2016, y promover reformas económicas que avanzaron a tientas. Salió del centro de la escena política en 2018, aunque siempre permaneció en sus bordes y nunca dejó de ser influyente. Le habría gustado una celebración más sosegada y alegre. El conflicto con Estados Unidos ha escalado de tal manera que le ha devuelto al primer plano. Una acusación judicial en Miami, por un episodio de 1996, el derribo de dos aviones civiles, que según La Habana estaban asociados a la CIA, ha obligado a las autoridades a cerrar filas a su alrededor.
«Nuestra leyenda», lo llamó este martes Granma, el órgano oficial del Partido Comunista (PCC). «Raúl sigue siendo el mismo. Nos acompaña con sus audacias y sencillez«. La portada del diario que, tiempo atrás, en la era analógica, era la única voz que comentaba los hechos y fijaba los límites de las interpretaciones, se ha quedado prácticamente sola y casi sin lectores a la hora de ensalzar al anciano líder. «Hasta un escolar sabe que se trata de Raúl», se señala en otro artículo. «Pasadas, presentes y futuras generaciones lo recordarán siempre como el entrañable Ministro de las FAR, Ministro del Pueblo, con una marcialidad y un virtuosismo congénitos, una sensibilidad humana sin margen a dudas, una jocosidad auténticamente criolla y un carisma a prueba de bombardeos, como este último que han pretendido hacerle los desarmados y desalmados de un imperio que pierde constantemente ese estribo». Raúl es «un hombre de verdad para no temerle a nada, jamás declinar su espada y no dejarse vencer».
Movilizaciones en toda la isla
La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) tiene programadas para el 3 de junio una serie de actividades conmemorativas. En la provincia de Cienfuegos se organizó horas atrás una «Gran Bicicleteada» con 95 participantes alusivos a cada año del homenajeado. El acto ha sido parte de una cadena de «tribunas abiertas» y movilizaciones desplegadas en la mayor de las Antillas que deben desembocar en la capital. La bicicleta ha recobrado la funcionalidad de los años 90, cuando, en medio del Período Especial derivado de la caída de la URSS, la isla sufrió también una crisis energética y de combustibles. La huida en balsa hacia Estados Unidos se convirtió en un plan de evasión.
El derribo de los dos aviones de Hermanos al Rescate que acompañaban desde el cielo a los balseros data de ese momento. Los aviones habían violado en varias oportunidades el espacio aéreo. En una de ellas arrojaron octavillas a las calles de La Habana. Raúl Castro tenía 65 años cuando ordenó derribarlos. Tres décadas más tarde, el episodio ha vuelto como expediente judicial y amenaza de repetición con el nonagenario de lo que ha ocurrido con Nicolás Maduro en Venezuela. Los apagones y la escasez, el calor agobiante y la falta de agua, unen a los dos momentos de la historia cubana.
La familia en acción
Durante la primera movilización de rechazo a las acusaciones norteamericanas, días atrás, Raúl apenas envío a los presentes una telegráfica nota de agradecimiento. Se desconoce lo que hará el nuevo 3 de junio. Dicen que se encuentra muy pendiente, detrás de bambalinas. Debió estar al tanto de los pormenores de la visita a La Habana de Vic Mellor. El empresario estadounidense y aspirante republicano al Congreso por Rhode Island, trumpista para mayores señas, se reunió con el nieto del expresidente, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, para discutir oportunidades económicas y posibles espacios de cooperación empresarial entre ambos países. «Su visión de abrir Cuba a los negocios coincide con la mía«, elogió. «Es tiempo de cambio, y Raúl también lo cree. Estamos viviendo tiempos históricos». Lo llamativo del mensaje es que escribió «Raúl» y no «Raúl Guillermo». Acaso una manera de sintetizar un linaje y, también, un reconocimiento a lo que puede hacerse en nombre del abuelo. Mejor regalo de cumpleaños, imposible.
En las vísperas, el Gobierno hizo una encendida defensa del Grupo de Administración Empresarial S.A (GAESA). El complejo militar y económico ha sido objeto de sanciones de Washington que han obligado a inversores en el turismo a abandonar Cuba. La canadiense Blue Diamond, la tercera mayor cadena hotelera extranjera en la isla, se propone cesar totalmente sus operaciones, siguiendo el camino de otras empresas europeas como Iberostar. En su mensaje, el Ejecutivo denunció que «el fin deliberado es aislar al país de manera diplomática, comercial, financiera y energética; imposibilitar la sostenibilidad de la nación; condicionar el diálogo y evaluar variantes de agresión militar». EEUU necesita «construir y consolidar una narrativa de descrédito reputacional contra todas las instituciones que constituyen el sostén de nuestro proyecto social». El texto recuerda que GAESA nació en pleno Período Especial «para enfrentar la guerra económica». Lo hizo «con una visión creativa, propia, autóctona». El conglomerado «no es una estructura opaca, ni paralela al Estado cubano; ha sido, por el contrario, una respuesta articulada de probada eficiencia frente al cerco económico». El mensaje se remata con una cita de autoridad. GAESA se construyó «sin el menor ánimo de protagonismo, como se hacen las cosas serias». La firma Raúl Castro Ruz.
Suscríbete para seguir leyendo










