El Sistema Solar primitivo pudo albergar un planeta gigante adicional, hoy desaparecido. Según las simulaciones, su expulsión habría sido clave en la reorganización de los planetas exteriores y en la supervivencia de las lunas de Júpiter y Urano.
Nuestro Sistema Solar tiene dos gigantes de hielo, Urano y Neptuno, pero es posible que haya existido un tercero. Según un nuevo estudio publicado en la revista Icarus, este mundo adicional podría haber desencadenado un violento movimiento planetario hace miles de millones de años, que habría perturbado a algunas de las lunas de Júpiter y Urano y posiblemente condujo a la formación de otras.
¿Por qué los planetas gigantes están en su ubicación actual y por qué sus lunas sobrevivieron a un pasado tan caótico? La investigación liderada por científicos de la Universidad Johns Hopkins, el Instituto de Ciencias Planetarias, la Universidad Rice y otros centros de Estados Unidos reaviva una hipótesis audaz: en el pasado remoto pudo haber existido un gigante helado adicional, luego expulsado del Sistema Solar, cuya presencia ayudaría a explicar la configuración actual de los planetas y de algunos de sus satélites.
¿Planetas expulsados para que sobreviva el sistema?
Según informa Phys.org, el estudio se concentra en un episodio conocido como la inestabilidad del modelo de Nice, una fase en la que, poco después de formarse, los planetas exteriores habrían experimentado migraciones violentas, encuentros cercanos y fuertes alteraciones orbitales. En ese escenario, Saturno, Júpiter, Urano y Neptuno habrían atravesado una reorganización drástica antes de alcanzar sus órbitas actuales. El nuevo trabajo agrega un elemento clave: esa agitación no solo habría afectado a los planetas, sino también a sus lunas regulares.
El equipo analizó 122 simulaciones de la historia temprana del Sistema Solar, seleccionadas entre miles por reproducir rasgos importantes de la distribución moderna de los planetas exteriores. Los autores evaluaron versiones con cinco o seis gigantes, ya que algunos modelos del Sistema Solar primitivo incluyen uno o dos planetas extra que más tarde habrían sido expulsados. El resultado indica que la probabilidad de supervivencia de los sistemas de lunas de Júpiter y de Urano resultó inferior al 15 % en ambos casos.
Violencia orbital y caos
De acuerdo a estas conclusiones, solo una de las trayectorias simuladas logró conservar simultáneamente los grandes satélites de Júpiter y Urano. En muchos de los casos proyectados, el paso demasiado cercano de otro planeta gigante a Urano muestra un efecto devastador: la destrucción del sistema de satélites era prácticamente inevitable en ese escenario. Ese nivel de violencia orbital ayuda a entender por qué los investigadores consideran plausible que un planeta hoy desaparecido haya intervenido en la historia temprana del sistema.
Referencia
The fragility of the Uranian moons during the giant planet instability. Matthew S. Clement et al. Icarus (2026). DOI:https://doi.org/10.1016/j.icarus.2026.117056
En el caso específico de Urano, las simulaciones sugieren que sus lunas podrían haberse visto empujadas a colisiones al menos dos veces: primero por el impacto que inclinó el planeta y después por la inestabilidad de los gigantes. Esa secuencia podría explicar la formación de Miranda, una de sus lunas más singulares, surgida probablemente de los restos de choques y reagrupamientos de hielo y roca.
Aunque el estudio no cierra el debate, ya que los modelos no capturan todos los detalles del pasado y harán falta simulaciones más precisas para seguir el rastro de lunas individuales, la hipótesis gana fuerza: un planeta gigante perdido podría ser la pieza faltante que ayude a explicar tanto la estabilidad final del Sistema Solar como la frágil supervivencia de muchos de sus satélites.













