¿Cómo es posible que un ataque que reúne a Dubasin, Otero y Gelabert no sea suficiente para ni siquiera pelear por el ascenso? Los análisis son muy claros: el Sporting de Gijón no ha fracasado esta temporada por carecer de jugadores diferenciales –de hecho, sus dos delanteros, Otero (15 tantos) y Dubasin (16), están en el top 10 de goleadores de la Liga– sino por otros aspectos igual de importantes para conseguir el ascenso que el mero hecho de disponer de estrellas. La planificación deportiva se quedó a medias tras no haber sido capaz de conjugar a esos futbolistas diferenciales con gregarios que puedan cimentar un bloque competitivo. Orlegi Sports sí invirtió (y bastante): destinó 3,6 millones de euros a los fichajes de Dubasin y Gelabert y, si analizamos el rendimiento de estos, se puede confirmar que la apuesta ha sido exitosa. También apostó fuerte por Otero, que este año la ha roto: 15 goles y 12 asistencias con uno de los mejores contratos de la categoría. El problema radica en cómo se han encajado las piezas del puzle.
El triángulo formado por Gelabert, Dubasin y Otero superó todas las expectativas: marcó 39 goles, un 65% del total. El equipo ha terminado haciendo 60. No es un mal dato, pero tampoco sobresaliente: es el séptimo mejor de la Liga. Y, además, expone claramente las lagunas que ha tenido una plantilla incapaz de aportar tantos desde la segunda unidad: la lesión de Andrés Ferrari, que sumaba 2 tantos, ha sido sin duda un revés para el equipo. Gaspar Campos ha sumado 5 goles. Pero es que el resto de los atacantes, sobre todo los suplentes, apenas han aportado: Caicedo y Cortés se fueron en enero con su caudal a 0, Amadou marcó tan solo 1 y fue en el ocaso de la competición y sin nada en juego en La Romareda, Queipo tampoco consiguió hacer gol… Tampoco han ayudado los centrocampistas. De hecho, los defensas han añadido más goles: 4 de Pablo Vázquez y 2 de Perrin. La falta de fondo de armario ha obligado al triángulo Dubasin, Gelabert y Otero a sostener un ritmo muy alto para que su equipo fuese competitivo y esto ha desgastado a los jugadores. Gelabert (ha superado la barrera de los 3.000 minutos), de hecho, acabó pagando caro los esfuerzos.
Otro gran problema, incluso más importante, ha estado en la dificultad que ha tenido el equipo para ser fiable a nivel defensivo. Hay un dato llamativo: el equipo ha encajado 54 goles en 41 partidos, con un promedio de 1,31 tantos encajados por encuentro. ¿Son tantos? Pues depende de la rentabilidad, pero no son pocos. El campeón de la competición, el Racing, encajó 7 más, 61, pero es que marcó 90. Hasta 9 más encajó el Almería, que hizo 81. Otro dato curioso: el Sporting de la temporada 2025-2026 encajó los mismos goles que en la temporada 2024-2025. La del ‘caos organizado’ de Rubén Albés y que acabó salvando al final Garitano. He aquí un problema. Cuando acabó aquella competición, el verano pasado, los gestores de la dirección deportiva estaban convencidos de que el rendimiento de los zagueros, sobre todo en su propia área, había sido la principal causa del fracaso. Por eso se firmó a centrales poderosos en el juego aéreo como Perrin o Pablo Vázquez, a los que Borja Jiménez tenía en su lista negra. ¿Ha fallado la manera de competir este curso o, en cambio, ha errado el radar de la comisión deportiva?












