En la próxima gran misión espacial, el problema no sería solo sobrevivir a la Luna, sino convivir en ella. Un nuevo estudio sugiere que el aislamiento extremo puede erosionar la confianza y la estabilidad emocional de las tripulaciones.
Una investigación internacional liderada por la Universidad de Berna, en Suiza, y que se resume en un estudio publicado en la revista PNAS, sugiere que en entornos aislados, confinados y extremos, o sea el tipo de escenario que espera a las futuras misiones lunares y marcianas, la amenaza no siempre viene del exterior, sino de la convivencia misma. Según la investigación, la soledad, la desconfianza y el conflicto aumentan con el paso del tiempo, mientras la cohesión del equipo y el rendimiento percibido caen notoriamente.
Las campañas antárticas como «espejos» de las bases lunares
El trabajo tomó como modelo la campaña invernal de la estación antártica Concordia, uno de los laboratorios naturales más duros de la Tierra. En ese lugar, 12 integrantes de la tripulación fueron observados durante diez meses, con mediciones en cuatro momentos del período y con sensores corporales portátiles que registraron la proximidad física entre personas a distancias de aproximadamente uno a 1,5 metros.
La elección no fue casual: Concordia está a más de 3.000 metros de altura, puede alcanzar los 80 grados bajo cero y queda aislada del exterior durante unos nueve meses. De acuerdo a una nota de prensa, ese aislamiento la convierte en un «espejo» de aquello que podría ocurrir en bases lunares, estaciones polares, submarinos o instalaciones offshore.
Los resultados muestran que a medida que avanzó la misión aumentaron la soledad, las ideas paranoides o de desconfianza, y los conflictos; en paralelo, disminuyeron la cohesión grupal y la percepción de rendimiento. Los sensores, además, mostraron que una mayor frecuencia y duración de la cercanía física no se asoció automáticamente con bienestar, sino con más roces, más suspicacia y una menor sensación de funcionamiento colectivo. Esto significaría que convivir demasiado no necesariamente une: en condiciones de estrés sostenido, también puede desgastar la cohesión social.
Referencia
Social interactions in isolated, confined, and extreme environments: A study of Antarctic winter teams using wearable sensors. Andrea Cantisani et al. PNAS (2026). DOI:https://doi.org/10.1073/pnas.2533420123
Grupos fragmentados
Uno de los hallazgos clave fue la fragmentación interna del grupo. El análisis de redes detectó que, con el tiempo, la tripulación tendió a dividirse por nacionalidades, con franceses e italianos pasando cada vez más tiempo dentro de sus propios subgrupos. Ese patrón, advierten los investigadores, puede aumentar la polarización y la tensión. En consecuencia, una misión espacial no depende solo de la fortaleza individual de cada astronauta, sino de la salud del tejido social que los mantiene funcionando como equipo.
Los autores sostienen que sensores corporales y de espacio pueden servir para detectar riesgos psicosociales tempranos en equipos extremos, y así intervenir antes que el deterioro se incremente. El siguiente paso será ampliar la investigación a otros grupos y medir cómo se relacionan los integrantes. En la carrera por regresar a la Luna, este estudio recuerda que la mente humana podría ser un elemento crucial.















