Entre las calificaciones de bachillerato y selectividad, Gema Alonso, madrileña de 18 años, consiguió un 10,2 para acceder a la universidad. Es una buena nota, dado que la máxima puntuación es 14 dada la posibilidad de ganar cuatro puntos extra con los exámenes voluntarios de la PAU. El 10,2 no le alcanzó para entrar en las facultades que quería: Enfermería, donde pedían un 11,7 en la Autónoma de Madrid, y Veterinaria (11,8 en la Complutense). Desanimada, barajó la idea de pedir plaza en otro grado, pero ninguno la convenció. Lejos de hundirse, frustrarse o tomarse un año sabático, la joven recordó la charla que le habían dado en el instituto sobre la Formación Profesional (FP). “Me animé mucho y pensé que era un plan B estupendo y perfectamente válido”, comenta.
«Saqué de media un 10,2 y no me llegó para estudiar Enfermería ni Veterinaria. Me apunté a un ciclo de FP de Anatomía Patológica, fue una decisión excelente»
Gema miró varios centros de ciclo superior y se matriculó en uno para cursar Anatomía Patológica. “Fue una decisión excelente, estoy sacando notas muy buenas”, explica la estudiante, que tiene pensado poner un pie en la universidad cuando termine los dos años del módulo. “Seguro que encuentro un trabajo como técnico superior nada más graduarme, pero lo compatibilizaré con una carrera universitaria porque quiero seguir estudiando”, comenta. En ese caso, Gema competirá para entrar en la facultad con la nota del módulo (que, de momento, es sobresaliente) y se presentará a la parte voluntaria de la PAU para añadir los puntos extra. “Estoy convencida de que conseguiré la nota de corte”, sonríe.
«Las notas de corte son estratosféricas. ¿Quién consigue ahora una nota media de 12 o 13 para estudiar Medicina o Matemáticas?»
Su caso no es aislado. Muchos compañeros de Gema en Anatomía Patológica también se apuntaron a la FP superior después de presentarse a selectividad y no conseguir una media suficiente para entrar en la carrera que querían. Es una tendencia que se da, sobre todo, en las áreas sanitarias y científicas, donde los umbrales de admisión se han puesto inalcanzables, también para los estudiantes de alto rendimiento.
“Las notas de corte son estratosféricas. ¿Quién consigue ahora una media de 12 o 13 para estudiar Medicina o Matemáticas?”, critica Marta Gutiérrez, directiva de un laboratorio en Madrid que contrata cada año estudiantes de ciclos superiores duales. Los umbrales de admisión son calificaciones que varían cada año. No las fijan los campus, sino que dependen de la oferta de plazas, la demanda y las notas de los aspirantes.
El empuje de la FP superior
La FP superó, por primera vez en la historia, el millón de estudiantes en el curso 2021-2022 en toda España. Desde entonces, los ciclos atraviesan una etapa de fuerte crecimiento, un 32% en los últimos cinco años. Sin embargo, no todos los módulos tienen el mismo tirón entre los estudiantes. El grado superior –para el que es necesario terminar bachillerato, pero no la selectividad– es el que más crece (42%). Su aumento es tan significativo que se acerca progresivamente a la universidad en número de aspirantes. Ya es la opción de casi cuatro de cada diez estudiantes de bachillerato, según el último informe de la OCDE ‘Panorama de la educación 2025’.
Estos estudios, que otorgan título de técnico superior, se han consolidado tanto como alternativa a la universidad que algunos estudiantes, incluso, se matriculan en ellos antes de hacer la PAU. Si consiguen la puntuación, anulan la reserva e ingresan en la facultad. Pero si no, ya tienen plaza asegurada en FP. Gema Alonso tuvo que matricularse en un centro privado porque los públicos ya estaban completos debido a que los trámites se realizan con antelación. Otra opción era matricularse en una universidad privada, donde las notas de corte no funcionan igual que en las públicas. Su familia, sin embargo, no podía asumir ese coste. Sí podía permitirse una FP privada, al tratarse de una formación de dos años y no de cuatro, como ocurre con los grados universitarios.
«Muchos de nuestros alumnos tienen nota suficiente para entrar en la facultad, pero nos escogen a nosotros porque ven muy factible trabajar y llegar a cualquier nivel en una empresa»
El módulo superior como ‘plan B’ a la universidad (y también como puente hacia el campus) se da especialmente en las áreas sanitarias. En el ámbito tecnológico, muchos estudiantes se inclinan directamente por la FP. “Son alumnos que huyen de la formación clásica y quieren apostar por una mucho más práctica”, explica Alberto Vila, director del Institut Tecnològic de Barcelona (ITB), líder en la formación en Ciberseguridad, Programación web, Programación robótica, Programación con IA y Realidad virtual. “Muchos de nuestros alumnos tienen nota suficiente para entrar en la facultad, pero nos escogen a nosotros porque ven muy factible trabajar y llegar a cualquier nivel en una empresa”, destaca Vila. La FP superior, añade, ya no es la hermana pobre de la universidad sino otra alternativa perfectamente válida e, incluso, compatible.
A pesar del prestigio social que ha alcanzado, Vila reconoce que hay familias que todavía tienen prejuicios y se empeñan en que su hijo sea universitario. “Con 17 años, muchos jóvenes no saben qué estudiar, no lo tienen claro. La universidad es demasiada exigencia. ¿Qué pasa si creen que se han equivocado de carrera? La FP es más ágil y enseguida te das cuenta si te gustan los estudios. La FP dual, además, garantiza, como mínimo, el 25% de las horas en una empresa. Es muy enriquecedor”, concluye.
Dificultades
La directiva que contrata cada año estudiantes de FP superior dual también asegura que hay estudiantes que ingresan en la universidad, pero al año siguiente se van a la FP superior. “Son alumnos que no encuentran en la universidad el entorno adecuado o tienen dificultades para seguir el ritmo. Para ellos, una carrera es una responsabilidad excesiva y se agobian por el esfuerzo que supone. También los hay que se van de la facultad a la FP porque perciben la universidad como obsoleta, con profesores que se limitan a explicar lecciones”, destaca Gutiérrez, quien advierte, no obstante, que los salarios de los universitarios son mayores que los de los técnicos superiores. “Hay muchos estudiantes que piensan que la FP superior es el equivalente de la universidad. Y no, la FP no es una carrera universitaria”, concluye.
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