El ‘Gallo rojo, gallo negro’ de Chicho Sánchez Ferlosio, interpretado por Silvia Pérez Cruz, ha sido la melodía que ha abierto una ceremonia que hacía tiempo que no se celebraba. Esta mañana, en el Cementerio de Paterna, se han entregado los restos de diez fusilados en el paredón en 1939 y 1940, ya en tiempos de paz. Diez civiles, con nombres, apellidos y familia que fueron ajusticiados por tribunales militares, en juicios sumarísimos, sin pruebas pero con voluntad de hacerles desaparecer pese a que ya no existía un conflicto armado. Condenados a la muerte y al olvido, lo primero no puedo evitarse, pero lo segundo, gracias a sus descendientes y a instituciones que han buscado la reparación, se ha logrado revertir. Este domingo, diez hombres -la mayoría agricultores- han vuelto con sus familias y se les ha devuelto la dignidad.
Las exhumaciones corresponden a la fosa 112 y la 126, esta última conocida como ‘la fosa de la terra’ por el elevado número de ‘llauraors’ que fueron sepultados en ella tras ser fusilados por los militares franquistas. Tras las excavaciones y las comprobaciones de ADN, hoy se han entregado a los familiares que quedan vivos de cada árbol genealógico, la mayoría segunda o tercera generación de cada represaliado. Todos con una historia y con una herida con la que han convivido 86 años y que María Navarro, presidenta de la Fosa 126, ha sintetizado en una frase: «Gracias a todos por la resistencia, la resiliencia y la constancia por no dejar de buscar; aquí hay 2.283 personas sepultadas, asesinadas una vez terminada la guerra, asesinadas una vez terminada la guerra, en tiempos de paz. Esto es un acto de vuelta y reencuentro, es un orgullo teneros aquí porque vosotros sois la parte que queda de todos ellos».
Así, de la Fosa 112 han sido recuperados los restos de Amadeo Lechiguero Ferrando, Francisco Folch Peris, Juan Bautista Boloix Llop, Miguel Miralles Serer, Salvador Oller Piera y Vicente Salón de las Nieves. De la Fosa 126 se ha exhumado a Eliseo Garrido Benavent, Francisco Garrigós Cremades, Pedro Senabre Hernández y Salvador Fuertes Llorens. La presidenta de la Fosa 112, Carmen Gómez, ha reivindicado que sus historias «ya no se pueden borras, porque hoy les devolvemos la dignidad tras décadas de silencio impuesto y obligados a ser recordados desde dentro de las cuatro paredes de una casa».
Nombres propios que dejaron atrás mujeres e hijos, hermanos y sobrinos cuyos descendientes se han concentrado hoy en el cementerio para rendirles el homenaje que nunca tuvieron. La bisnieta de Vicente Salón de las Nieves y periodista de Levante-EMV, Mónica Ros, contó esta semana su historia en este diario sobre cómo fue apresado y fusilado, obligando a su mujer de 29 años y tres hijas a huir de Cullera e instalarse en València sin ninguna ayuda. Hoy, Ros ha tomado la palabra para recordar que el Franquismo «les fusiló a ellos para que la miseria acabara con ellas»
Memorial sin nombres ni inauguración
El acto de entrega se ha realizado en el ‘Memorial 2238’, una parte del cementerio destinada a esos homenajes y a introducir en los nichos sin nombre a los represaliados que no han podido ser identificados. Además, hay un centro de interpretación desde donde divulgar las tareas que allí se llevan a cabo. Nada de eso se ha puesto en marcha todavía por la «dejación» de la Generalitat y el Ayuntamiento de Paterna, pese a que la propia Navarro ha reivindicado que un memorial sin nombres «no es memorial ni es nada». «Esperemos que se haga realidad y que se instale la escultura central y el mural con los nombres de los 2.238 represaliados en este cementerio», ha dicho la presidenta en un lugar construido que todavía no ha sido inaugurado ni puesto en funcionamiento.
Ella misma ha dado paso a la ceremonia donde los familiares, en silencio y en fila, han portado las cajas con los restos de las víctimas, una a una, hasta el escenario principal, donde se les ha puesto una foto a cada uno además del ‘taulell’ tradicional para instalar en el lugar donde quiera su familia enterrarles. Una vez se ha celebrado el acto, todos han pasado por el laboratorio donde los técnicos han abierto los pequeños ataúdes, han revistado los restos y elementos que quedaran junto a ellos cuando fueron enterrados, como ‘espardenyes’, botones, o elementos que les hayan permitido ser identificados, gracias en muchos casos a las referencias que el enterrador Leoncio Badía introducía en cada cuerpo para su posible identificación después.
Carmen Gómez ha recordado el duro camino recorrido por las asociaciones y las familias que las componen, y ha prometido seguir luchando «porque no habrá olvido que sepulte la memoria de los 2.000 fusilados de Paterna». «La memoria no sobrevive sola; hay que enseñarla, porque solo un pueblo que recuerda el dolor de la Guerra Civil es capaz de rechazar otros conflictos armados que conviven hoy en nuestro mundo», ha dicho la presidenta de la Fosa 112. Si el acto comenzó con ‘Gallo rojo, gallo negro’, terminó con ‘Diguem no’, de Raimon: «Hem vist la por ser llei per a tots. Hem vist la sang –que sols fa sang– ser llei del món».
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