«Nos obligaron a dormir en el suelo, unos encima de otros y esposadas de manos y pies”. Esta es una de las duras vivencias que relata, por primera vez en público y ante los medios de comunicación, Marta Mallach, activista de la Global Sumud Flotilla, durante su detención por parte del Ejército israelí tras la interceptación de una de las embarcaciones en las que navegaba rumbo a la Franja de Gaza para proporcionar ayuda humanitaria al pueblo palestino.
Mallach, nacida en Valencia y residente en Ibiza, asegura que sufrió “un trato muy duro y violento”, aunque se considera afortunada en comparación con otros compañeros de expedición. “Tuve la suerte de formar parte de la embarcación que llamábamos el ‘barco bueno’, donde las torturas fueron más leves. Al otro barco que también fue interceptado lo denominábamos ‘el malo’, el de la tortura”, explica. Y añade: “No tengo ni idea de por qué en un barco se trató a la gente con más dureza que en el otro”.
La activista denuncia que no pudieron dormir con las extremidades liberadas durante cuatro días, una situación que, según sostiene, no fue la única forma de maltrato que sufrieron los integrantes de la flotilla. “Las celdas tenían capacidad para seis personas y éramos 20. Además, no teníamos ni siquiera derecho a hacer nuestras necesidades básicas. No nos proporcionaban papel de váter ni compresas”, relata.
“Volvería a repetir la misión y creo que muchos de mis compañeros, también”
Todavía visiblemente conmocionaba por la experiencia, Mallach asegura que Israel siguió “una estrategia diseñada minuciosamente para intimidar a los integrantes de la flotilla”. “Lo hacían para que no volviésemos a tener la idea de repetir la misión, pero no lo han conseguido. Volvería a hacerlo a pesar de todo lo que hemos sufrido, y creo que muchos de mis compañeros también lo harían”, afirma. Aun así, matiza que ahora necesita “un tiempo para descansar”.
Marta Mallach, activista e integrante de de la Sumud Flotilla. / Vicent Marí
La activista también denuncia que hubo momentos en los que se sintieron coaccionados. “En la cárcel nos obligaron, en contra de nuestra voluntad, a firmar una serie de documentos. Los firmamos bajo amenaza”, asegura.
“El peor recuerdo fue cruzarnos con mujeres que venían del barco de la tortura”
Aunque son muchos los malos momentos que le vienen a la mente durante la rueda de prensa, celebrada este viernes, 29 de mayo, en Can Jordi Blues Station, Mallach no duda al señalar cuál fue el peor recuerdo de su detención. “Fue cuando, en la cárcel, empezamos a cruzarnos con las mujeres que venían del barco de la tortura. Allí nos dimos cuenta de en qué condiciones habían estado la mitad de nuestros navegantes, que eran unos doscientos y pico”, explica.
Otra de las formas de maltrato que denuncia se centró, según su testimonio, en la alimentación y la hidratación. “No nos daban prácticamente agua ni comida, y lo poco que nos daban era pan. Solo teníamos pan y agua. Nos la tiraban desde arriba, desde el lugar desde el que nos vigilaban apuntándonos con sus armas”, recuerda.
Mallach, que acaba de regresar a la isla, explica que ha decidido romper su silencio prácticamente ocho meses después porque considera necesario volver a situar el foco sobre la situación en Palestina. “Creo que este año el impacto mediático del genocidio contra Palestina ha sido bastante bajo y ahora me ha parecido una buena idea contar mi historia y mi participación en esta misión humanitaria”, afirma. A su juicio, los actos que se están cometiendo contra el pueblo palestino “no solo suponen una vulneración de los derechos humanos, sino también del derecho internacional”.
La activista asegura que llegaron a concentrar en la cárcel, en un espacio de aproximadamente 26 metros cuadrados, a entre 50 y 70 personas. Asimismo, critica la dureza de las actuaciones de los guardias. “Nos quitaban la ropa y solo nos dejaban una prenda de vestir para que no tuviésemos muchísimo frío, pero sí el suficiente como para no poder dormir. Además, nos obligaban a situarnos detrás de una línea que marcaban y, si alguien la superaba, amenazaban con disparar”, relata.
Según su testimonio, las amenazas no se quedaron solo en palabras. “A uno lo hirieron y le provocaron una herida bastante grande, y a otro no le dieron. Los disparos eran la forma de comunicarnos que no podíamos traspasar ese límite. Nos amenazaban con armas”, añade.
Durante la rueda de prensa, que contó con la presencia de una veintena de asistentes en una pequeña sala de Can Jordi, Mallach defendió que la denuncia de las vulneraciones de derechos humanos contra el pueblo palestino “no debe traducirse en una actitud de rechazo hacia todos los israelíes, sino hacia los sionistas”.
Cabe recordar que Mallach ya ha participado en anteriores flotillas. Tanto ella como la organización de la Global Sumud Flotilla denuncian una escalada de la violencia ejercida contra los integrantes de esta expedición respecto a misiones anteriores. Además de los malos tratos relatados, la activista aseguró que se habrían producido incluso casos de violencia sexual, una acusación de extrema gravedad que, según explica, forma parte de las denuncias trasladadas por algunos de los participantes tras su detención.
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