Comenzó a hacerse un nombre cuando era el festival que abría la veda para el resto. Era el macroevento de la primavera y apostaba por una escena que pedía paso a sus grandes referentes. Han pasado los años y la burbuja festivalera ha crecido, tanto que ya no es el primer festival del año, pues los hay hasta en enero. Sin embargo, sus números han crecido y el Multiespacio Rabasa de Alicante se les ha quedado pequeño. Esos artistas a los que dieron la oportunidad de subirse a su escenario en su día, ahora son cabezas de cartel y aquellos jóvenes que tenían la cita marcada en el calendario ahora son padres con hijos que hacen malabares para poder ir sin obviar sus quehaceres.
Han cambiado los tiempos, pero el mensaje sigue siendo el mismo. Dos jornadas musicales cargadas de música cada vez más variada. Sí, con poso mayoritario en el indie rock, pero observando de reojo las nuevas tendencias musicales. Quizás por eso, en la segunda jornada hay programadas actuaciones como la de Hens o la de los prematuros y exitosos Sanguijuelas del Guadiana. En esta primera jornada, en cambio, dos cabezas de cartel opuestos. La rebeldía y el puritanismo. Música para todo tipo de emociones dirigidas a un público cada vez más heterogéneo. Un festival al que podrían acudir desde Pedro Sánchez hasta Isabel Díaz Ayuso.
El que no acudió fue el nuevo papa, León XIV, que tendrá que esperar un poco para ver a Siloé. Esto es cuestión de rangos y los vallisoletanos primero tenían una cita con el público alicantino. Suyo fue el concierto que cambió el sol por la sombra, antes tuvieron que sufrir el calor abrasador y húmedo Paula Mattheus, Xoel López y la extriunfita Natalia Lacunza. Nosotros llegamos a este último, con una Natalia melancólica que no conseguía conectar mucho con el público cantándole a Nokia y a los Faber-Castellón. Todo lo contrario que Siloé animando venirse arriba a «todo Dios». Juegos de palabras que venden entradas por sí solas. Respecto a sus canciones, poco más que decir. Ritmos adictivos que en poco tiempo han generado un número ingente de seguidores. Su «Santa Trinidad» supuso su salto mediático y, tras aquello, «Terrorismo emocional», su último disco, ha entrado solo entre su público.
Solo había que ver la estampa de miles de personas cantando sus canciones al unísono. Canciones que fueron compuestas hace muy poco tiempo pueden tener un eco incontrolable cuando la bola de nieve se hace gigante. Y eso no está al alcance de todos. Siloé también tiene muchos detractores, se demostró en el Spring, pero hay cosas que no se pueden contradecir con una negativa. Fue el punto de partida de ese Spring Festival de gran magnitud, ese que reúne a más de 20.000 personas frente a la música en directo. Un efecto que se replicó en el concierto de Ginebras que, pese a estar ubicadas en el escenario pequeño, recibieron el cariño de todos los presentes. Han sacado nuevo disco, pero no sé perdieron por el camino las canciones que han resonado tanto durante sus años de actividad.
Ginebras tiene ese carácter punk que motiva. Una actitud marcada por la locura que ha forjado todo lo que se ha visto de ellas hasta la fecha. Ya no tienen la montaña rusa de decorado, ahora han dado un salto de calidad sin perder esencia. Y canciones como «Ansiedad», «Desastre de persona» o «La típica» siguen teniendo el recibimiento que ahora consiguen otros temas como «Mi diario». Esta actitud rompedora que tanto caracteriza, por ejemplo a otros artistas como Carolina Durante o Sexy Zebras, también presentes en el cartel. Porque el indie es algo difícil de clasificar hoy en día.
Permite que un grupo salga a hacer una especie de pop-rock desganado y loco con la intro de «The Office» y gritando temas como «Joderse la vida», «Misil» o «Cayetano». Diego Ibáñez ha creado algo único con su manera de cantar y está generando escuela como caballo de Troya dentro del género. Con ellos finalizó para INFORMACIÓN la cobertura de esta primera jornada, con los espasmos del cantante de Carolina Durante y con la presencia siempre placentera de su batería Juan. Por delante, todavía quedaban actuaciones de la talla de los internacionales Temples o Ladilla Rusa. Pero eso, solo apto para los más valientes.
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