«Cada pedanía guarda una historia única, y todas esas pequeñas historias juntas forman la gran historia de Murcia«, expresó la alcaldesa de Murcia, Rebeca Pérez, en el inicio oficial de las fiestas populares de Zarandona.
Pérez ofreció su primer pregón de fiestas como alcaldesa este viernes 29 de mayo, solo una semana después de su nombramiento oficial como regidora.
Los festejos dedicados a San Félix se prolongarán en Zarandona a lo largo de 10 días y concluirán el 7 de junio.
Discurso
En su discurso, Pérez resaltó la tradición ligada a la crianza del gusano de seda; los elementos hidráulicos de la pedanía; y, sobre todo, a la ciudadanía de Zarandona, «personas afectuosas, gente generosa y comprometida con sus tradiciones».
Aunque la alcaldesa también resaltó aspectos como la tradición oral -incluso recitó canciones populares-, la Campana de Auroros del Rosario de Zarandona, y la devoción a la Inmaculada Concepción.
Además, la regidora anunció que la pedanía «muy pronto contará con la ampliación de su sala de estudio«.
Asimismo, Pérez felicitó al alcalde pedáneo de la localidad, Paco Esteban, «porque la vida te ha regalado el título más bonito que existe: el de abuelo«.
Programación
Los festejos continuarán el sábado con un pasacalles de luces y la segunda edición del Zarandona Fest que reúne al DJ Esee, Cristian Gil y Sami DJ.
El domingo se celebrará un bingo popular solidario y la programación continúa a lo largo de la semana con actividades infantiles, coplas y tributos a grupos como ABBA y El Canto del Loco.
Ya el sábado 6 de junio tendrá lugar el desfile de carrozas y comparsas, a partir de las 18.00 horas, seguido de la sesión ‘Báilalo by Santi Show DJ’ en el recinto festivo.
Las fiestas concluirán el domingo 7 de junio con la tradicional procesión en honor a San Félix, fraile capuchino venerado por su vida humilde dedicada a la caridad.
El cortejo recorrerá las calles de Zarandona a partir de las 20.30 horas y, al finalizar el recorrido, se pondrá el broche de oro a los festejos con un castillo de fuegos artificiales.
Pregón completo
Os aseguro que momentos como este, rodeada de todos vosotros, hacen que todo merezca la pena. Y creedme si os digo que probablemente este sea uno de los actos que, como alcaldesa de Murcia, más ilusión me hacía aceptar. Y además tiene un significado muy especial, porque es el primer pregón que pronuncio como regidora.
Porque aunque yo soy de El Esparragal, Zarandona también es mi casa. Lo es por cercanía, por cariño, por historia compartida y, sobre todo, por esa forma tan nuestra que tienen las pedanías de Murcia de abrir siempre los brazos y hacer sentir a cualquiera como en su propia familia.
Ser pregonera siempre concede un privilegio: el de contemplar unas fiestas desde una atalaya distinta. Y hoy tengo el honor inmenso de asomarme al alma de Zarandona para anunciar oficialmente el comienzo de unas fiestas que, desde este momento, siento también como mías.
Cuando me ofrecieron pronunciar este pregón, me encontré ante una página en blanco y ante la difícil tarea de explicar con palabras lo que significan unas fiestas como las de Zarandona. Y comprendí enseguida que hablar de Zarandona es hablar de Murcia. Porque lo bonito de nuestra tierra es precisamente eso: que cada pedanía guarda una historia única, y que todas esas pequeñas historias juntas forman la gran historia de Murcia.
«Cada pedanía guarda una historia única, y todas esas pequeñas historias juntas forman la gran historia de Murcia»
Una Murcia que este pasado año ha celebrado doce siglos de existencia.
Y Zarandona no solo forma parte de esa historia. Zarandona es una de sus primeras páginas. Y además, escrita con mayúsculas.
Porque esta tierra habla de huerta, de fe, de agua, de trabajo y de tradición. Habla de generaciones enteras que aprendieron a mirar al cielo mientras trabajaban la tierra. Habla de hombres y mujeres humildes que hicieron de la sencillez una forma de dignidad.
Hablar de Zarandona es hablar de la seda.
Durante siglos, la vida de esta pedanía estuvo ligada a la crianza del gusano de seda. Aquella economía humilde pero esencial que permitió salir adelante a tantas familias huertanas. Y por eso aquí arraigó con tanta fuerza la devoción a San Félix de Cantalicio, el santo protector de la seda, el abogado de los gusanos, el santo bueno y humilde que caminaba descalzo por las calles de Roma pidiendo limosna para los pobres.
San Félix nació en Italia, en 1513, en una familia humilde de campesinos. Desde muy joven conoció el trabajo duro del campo. Ingresó después en la orden capuchina y dedicó su vida a los demás. Nunca quiso riquezas. Solo aceptaba comida o ropa usada para ayudar a quienes menos tenían.
Y cuentan las crónicas que un día, al visitar a una mujer desesperada porque sus gusanos de seda morían, San Félix bendijo aquellos gusanos con unas hojas de zarza. Y al amanecer, los capullos de seda cubrían toda la casa.
Desde entonces, los huertanos pusieron bajo su protección las cosechas y la crianza de la seda.
Y así llegó su devoción hasta Murcia.
Los capuchinos extendieron el culto a San Félix por toda la huerta. Y muy pronto Zarandona lo convirtió en algo más que un patrón: en parte de su propia identidad.
Ya en el siglo XIX, las fiestas en honor a San Félix eran famosas en toda la huerta. El periodista y escritor José Martínez Tornel describía aquellas celebraciones como auténticas romerías populares. Hablaba de caminos llenos de gente, de huertanas con pañoletas, de bailes de jota, malagueñas y parrandas, de cohetes, de campanas, de puestos de almendras y avellanas, de horchata compartida y de vecinos felices celebrando juntos.
Y decía algo precioso: que aquella tierra siempre daba el pan de cada día.
Porque Zarandona ha sido siempre eso: trabajo, humildad y convivencia.
Aquí, junto a las acequias y los caminos de huerta, crecieron generaciones enteras de hombres y mujeres que aprendieron a vivir con esfuerzo y con honor.
Y también con agua.
Porque el agua es memoria en Zarandona. En distintos puntos de esta pedanía todavía permanecen en el recuerdo aquellos pozos artesianos que permitían regar la huerta en tiempos de sequía: el pozo de la Tía Salvadora, el del Tío Paco Carmona, el pozo de los Morales, el de los Juan Diegos, el de las Agustinas o el de la Marquesa.
Y junto al pozo de la Ermita, las mozas cantaban:
«El agua de la Ermita tiene una gracia,
que todo el mundo que la bebe se casa.
El agua de la Ermita yo he bebido,
y por su gracia, tengo marido».
Eso también es Zarandona. La tradición oral. Las canciones populares. La sabiduría sencilla de un pueblo que siempre supo transmitir su historia de generación en generación.
Y si hablamos de tradición, hay que hablar también de los Auroros.
Durante siglos, la Campana de Auroros del Rosario de Zarandona recorrió caminos y calles rezando y cantando salves en los ciclos de Pasión, Navidad, Difuntos y Ordinario. Sus voces formaron parte de la vida cotidiana de esta tierra. Cantaban Misas de Gozo, Misas de Gallo y el tradicional aguilando. Y el Auto de los Reyes Magos llenaba cada seis de enero de emoción y de encuentro vecinal.
Todo eso forma parte del patrimonio de Zarandona.
Y junto a San Félix, otra gran devoción ha acompañado siempre a este pueblo: la Inmaculada Concepción.
En 2005, Zarandona vivió unas fiestas especialmente emotivas con motivo del 150 aniversario del Dogma de la Inmaculada. Porque aquí la fe nunca ha sido una costumbre vacía. Ha sido una forma de vivir y de resistir incluso en los momentos más difíciles.
La imagen de la Inmaculada fue destruida en 1936 por un incendio. Pero jamás desapareció el cariño del pueblo hacia su patrona. Porque hay imágenes que viven para siempre en el corazón de la gente.
Y así ha seguido latiendo Zarandona generación tras generación.
Un pueblo orgulloso de sus raíces.
Un pueblo vivo.
Un pueblo que sonríe.
Y no hablo de una sonrisa superficial. Hablo de esa sonrisa franca y abierta del murciano. La sonrisa de quien comparte mesa, conversación y amistad. La sonrisa hospitalaria de las gentes de huerta.
Porque visitar Zarandona siempre es un placer inmenso.
Aquí uno encuentra vecinos acogedores, personas afectuosas, gente generosa y comprometida con sus tradiciones. Mujeres y hombres que miran con orgullo a sus antepasados. Huertanos infatigables, hechos al esfuerzo, al sol, al viento y a la lluvia. Personas cuyo mayor patrimonio fue siempre el honor y el amor por su familia.
Y precisamente por eso estas fiestas son tan importantes.
Porque durante unos días Zarandona vuelve a encontrarse consigo misma.
Ahora es cuando Zarandona es más Zarandona que nunca.
Las calles cambian. El tiempo parece distinto. Todo tiene otro color. Otro sonido. Otro ritmo.
El traje nuevo. Los zapatos a estrenar. El griterío de los niños. Las cenas vecinales. Las actividades para los más pequeños. La música. Las peñas. Las reinas de las fiestas. Los encuentros entre amigos que quizá hace meses que no se ven.
Y por supuesto, los actos litúrgicos en honor a San Félix de Cantalicio.
Porque llega ese día grande en el que la luz del sol parece distinta. Y lo es.
Los tronos avanzan con solemnidad, portados con amor y esfuerzo. Las marchas suenan y erizan la piel. Las campanas repican. Los cohetes rompen el cielo. La murcianía aparece en cada rincón. Y el pueblo entero sale a la calle como un engranaje perfecto, marcando juntos el paso de una procesión que emociona profundamente.
Y hoy, además, vivimos unas fiestas inolvidables.
Una programación hecha con mimo, pensada para todos, llena de actividades y preparada con el enorme cariño de quienes aman profundamente esta tierra. Una programación que no deja nada en el tintero y que vuelve a demostrar que Zarandona es una pedanía viva y llena de futuro.
Y estas fiestas llegan también acompañadas de buenas noticias para esta pedanía. Porque Zarandona sigue creciendo y mejorando.
Muy pronto contará con la ampliación de su sala de estudio, una mejora muy importante para tantos jóvenes y vecinos que necesitan un espacio adecuado donde estudiar, prepararse y seguir construyendo su futuro desde aquí, desde su pueblo. Porque apostar por la educación y por nuestros jóvenes es también apostar por unas pedanías con más oportunidades y más vida.
Y permitidme también, querido Paco (alcalde pedáneo de Zarandona), una mención muy especial y muy cariñosa.
Todos conocemos el amor inmenso que sientes por Zarandona, la pasión con la que trabajas por esta tierra y el cariño que le dedicas cada día a tus vecinos. Pero estoy convencida de que desde hace tres meses hay una alegría nueva que te ilumina todavía más la mirada.
Porque la vida te ha regalado el título más bonito que existe: el de abuelo.
Así que enhorabuena, de corazón, por ese pequeño Pepe que, con apenas tres meses, ya forma parte también de esta gran familia zarandonera. Ojalá crezca viendo el ejemplo de un abuelo comprometido con su pueblo, con sus raíces y con su gente. Porque no hay herencia más valiosa que el amor por la tierra de uno.
Y permitidme ahora que recuerde un momento muy especial para esta pedanía.
El 2 de mayo de 1994 la Virgen de la Fuensanta recorrió las pedanías de Murcia y llegó a Zarandona por el Carril de los Caños. Aquella fue una jornada histórica y profundamente emotiva. La Virgen atravesó las calles acompañada por miles de vecinos y por la banda de música de Guadalupe hasta entrar en la parroquia.
Y ahora que nuestra Fuensanta vuelve a peregrinar por las pedanías, merece la pena recordar aquella emoción compartida. En esta ocasión, la llegada de la Patrona a Zarandona coincidió con una jornada de profundo pesar para todo el municipio por el fallecimiento del alcalde de Murcia, José Ballesta. Y quizá por eso, el paso de la Virgen por las calles del pueblo se vivió también como un abrazo de consuelo y esperanza para tantos vecinos.
Y este, sin dura, será uno de esos momentos que permanecerán para siempre en la memoria colectiva de un pueblo.
Queridos vecinos:
Existió un gran poeta, Antonio Machado, que escribió una frase que resume perfectamente lo que hoy sentimos aquí:
«Si quieres ser universal, ama a tu pueblo».
Y eso es exactamente lo que hace Zarandona.
Ama su historia. Ama sus tradiciones. Ama a su gente.
Y por eso sigue siendo grande.
Yo prometí ser breve y quiero cumplir mi palabra. Así que permitidme terminar este pregón con un poema popular dedicado a vuestro patrón, porque pocas cosas representan mejor el alma de un pueblo que aquello que canta su propia gente.
Tenemos en Zarandona
un patrón muy rebonito,
que nos mira desde el cielo
y se sonríe un poquito.
Al ver cómo nos queremos
siente un gozo tan extraño
que, al término de las fiestas,
siempre dice: “Mayordomos,
hasta otro año”.
Le gusta cuando lo sacan
en procesión por las calles,
y le gustan los cohetes,
las flores y los zagales
que se paran a mirar
en la calle cuando sale.
Le gusta mucho el castillo,
multicolor y sonoro,
y el sonar de las campanas
que parecen ser de oro.
Y cuando le canta el pueblo
todos juntos en un coro,
se alegra tanto su cara
que yo, de emoción, lloro.
Y ahora sí.
Vecinos y vecinas:
Os convoco oficialmente a vivir estas fiestas con intensidad, con alegría y con orgullo.
Las calles son vuestras.
Vividlas.
¡Viva San Félix de Cantalicio!
¡Viva Zarandona!
¡Viva Murcia!












