Me dispongo en estos días a plantear varias reflexiones a través de este rincón de análisis para, juntos si es posible, intentar poner sobre la mesa algunas preguntas, ideas y conclusiones que resulten serenas y constructivas, acercando un debate que está instalado en la calle y, toca decirlo, también en instituciones y foros políticos pero de una manera brutalmente áspera y ruidosa, propia de un país de bloques o trincheras donde los intereses y cábalas de los partidos se colocan por encima de las de los dueños de la soberanía nacional: la ciudadanía.
Voy ya al grano con una pregunta sencilla, que iré repitiendo próximamente cambiando los nombres propios de los políticos y de sus organizaciones. Y usted, y tú, para los que prefieran el tuteo, ¿qué harían o harías si fueran Pedro Sánchez?
La pregunta es pertinente en estas horas en la que el socialismo ha vivido el tsunami de la imputación de expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por blanqueo de capitales y tráfico de influencias. Casi al mismo tiempo se han producido requerimientos de información contable en el PSOE y han tenido lugar otro puñado de imputaciones allí alrededor del ‘caso Leire’, a raíz de un posible intento de boicotear actuaciones policiales y judiciales por vías ilegales. También está en marcha el juicio al hermano del presidente Sánchez y siguen dando titulares las otras causas que afectan a dirigentes que fueron de su máxima confianza o a su propia mujer.
¿Qué más puede suceder? ¿Es la tormenta perfecta o el inicio del naufragio? ¿Qué hacer? El jefe de los socialistas parece decidido a resistir. La duda es si su conocida resiliencia y sus ansias de continuar en el poder y al frente del partido sobrepasan, muy por encima de lo tolerable, la obligación de un líder de intentar garantizar el interés general y el futuro de su organización. Esa es la ecuación que la militancia, los simpatizantes socialistas e incluso los progresistas sin siglas prefijadas deben despejar para decidir si apoyan, o no, la campaña que Sánchez va a desplegar con mayor fuerza que nunca: el ‘conmigo o con la ultraderecha y los conspiradores del Estado’.
Los errores y polémicas protagonizados por algunos jueces con vocación de estrella en casos que afectan al PSOE -la verdad nunca es blanca ni negra-; los titubeos del PP a la hora de marcar límites a un Vox con demandas estrafalarias y demasiada suciedad escondida bajo las alfombras propias y la debilidad de la izquierda a su izquierda permiten a Sánchez, no sin riesgo, intentar este ¿último? ejercicio de equilibrismo, a muchísima altura y sin red. Él y todos los dirigentes, federaciones y cargos que le son leales van a proclamar hasta quedarse roncos que hay una operación para desalojar a la coalición del Gobierno y abrir la puerta a una nueva era ‘Feijóo-Abascal’.
¿Hay una operación? ¿Estamos viviendo los efectos del llamamiento de Aznar y otros al ‘quien pueda hacer, que haga’? ¿O hay indicios en las investigaciones policiales, los autos y los sumarios para concluir que la avaricia de algunos socialistas se va a llevar al socialismo por delante, sin que haya manual de resistencia que pueda salvar la coyuntura?
El presidente Sánchez se lo juega todo a la ficha del ‘yo no sabía nada’. Vamos, que nos asegura que le engañaron personas de su máxima confianza y que ahora limpia el estiércol que han dejado como puede. ¿Se lo creen? ¿Puede ocurrir? Tendría más posibilidad de convencer o sembrar al menos la duda si de manera inmediata se querellara contra todos aquellos secretarios de Organización, gerentes del PSOE, dirigentes y allegadas como Leire Díez que, según esa teoría, además de mentirle, manipularle y utilizarle, le han robado dinero de las arcas del partido para autofacilitarse sueldos y gastos. Pues bien: a esta hora en la que lee este texto, eso no ha ocurrido.
Otra posible salida, por poner opciones en el tablero de juego democrático que sean viables, sería convocar con urgencia un Comité Federal del PSOE y dejar a otra persona al cargo de la secretaría general de un partido que, a todas luces y según su propia versión, no ha sabido controlar mientras sopesa qué hacer con un Gobierno que sus socios consideran acabado. Y, por supuesto, facilitar primarias internas frente a lo que venga, con opción a reintentarlo pero sin presiones en caso de que haya quienes se vean mejor opción que él.
¿Qué piensan? Sobre el futuro del Gobierno, hay socios parlamentarios como PNV y Junts que le exigen ya adelanto electoral por las claras. ‘Podemos’ hace lo mismo por las oscuras de las medias palabras. Los nacionalistas insisten en que en ningún caso apoyarán una moción de censura que lleve a Vox hasta el Ejecutivo… y piden a los grandes partidos que muevan ficha. ¿Qué es mover ficha? Pues están abriendo a Sánchez la posibilidad de dar un paso atrás y ofrecer un final de legislatura ‘funcional’, con otra persona al cargo, como ya se le ofreció a Rajoy antes de censurarlo formalmente con una moción. Esa vía censura a uno, sí, pero no al conjunto del PSOE para seguir apoyándolo en el futuro en caso de que den los números. Sería bien digerido asimismo sugerir un adelanto, aunque sea simbólico dado el calendario. Y a los populares les están diciendo entre líneas que llamen al timbre si son capaces de garantizar una moción de censura absolutamente instrumental, si Feijóo se ve con agallas para convencer a Vox de eso, de forma que su única labor como presidente de urgencia pueda ser la convocatoria de unas elecciones en caso de que Sánchez no dé el paso. Seguramente el simple anuncio de este plan podría hacer a Sánchez replantearse sus opciones.
Tampoco ha gastado el líder del PSOE el comodín de ‘a ver quién tiene razón’, atreviéndose a someterse a una cuestión de confianza en la misma Cámara que le hizo presidente, aún sin ser el más votado en las urnas. Lo tiene a su disposición… pero, al menos de momento y a falta de que en breve se levante parte del secreto de sumario del ‘caso Leire’, Sánchez se ha abrazado al resistiré, resistiré y resistiré.
Y dicho todo esto, insisto, usted, tú… ¿qué harías si fueras Pedro Sánchez? Como van a poder localizarme con facilidad a través de las redes sociales del diario de Prensa Ibérica en el que me está ahora mismo leyendo, agradeceré las interacciones que quieran hacer a raíz de este artículo sumando más interrogantes, nuevos matices, discrepancias, aportaciones… todo es bienvenido (salvo exabruptos y salidas de tono) si es para hacer más rico un debate en el que los ciudadanos, o sea, usted y yo, entre otros, tenemos derecho a participar. Ahora seré yo la que les lea. La que te lea con una simple mención en redes en el artículo. Reflexionemos juntos.













