La sintomatología ansiosa es un denominador común de muchos alumnos y alumnas de 2º de bachillerato, incluso a mitad de curso. Una vez terminadas las clases, a escasos días de la selectividad, los estudiantes están superados y angustiados por la presión, no ya de aprobar (más del 90% lo hace) sino de sacar una buena puntuación y poder entrar así en la facultad deseada. El contexto no es fácil: las notas de corte se han puesto estratosféricas, especialmente en los estudios científicos.
Este año, la PAU se celebra en la mayoría de comunidades los próximos 2, 3 y 4 de junio mientras que en Cataluña tendrá lugar los días 9, 10 y 11. Durante estos días que faltan, las familias pueden contribuir a aplacar los nervios en casa. Milana Maliaukaite, psicóloga del departamento de Psicología y Apoyo al Aprendizaje de la escuela internacional Hamelin-Laie de Barcelona, atiende las preguntas de este diario para ofrecer un puñado de recetas de psicoeducación a madres y padres.
-Las pruebas de acceso a la universidad generan mucha ansiedad, no solo entre los adolescentes, sino también entre las familias. ¿Por qué madres y padres viven este momento con tanta preocupación?
-Creo que, muchas veces, la ansiedad no tiene que ver únicamente con el examen en sí. Las familias depositan muchas expectativas en este momento, porque estas pruebas se asocian al futuro, a las oportunidades, a la estabilidad y al deseo de que sus hijos estén bien. También vivimos en una época en la que madres y padres sienten mucha presión por hacerlo todo bien y por proteger a sus hijos de las dificultades. Por eso, aunque todo el mundo tenga buenas intenciones, los exámenes pueden convertirse fácilmente en momentos de mucha tensión en casa.
«Los adolescentes están creciendo en un mundo marcado por la presión constante, la comparación y el miedo a equivocarse»
-Esa presión, ¿termina llegando a los hijos, que ya están bastante estresados?
-Los adolescentes de hoy están creciendo en un mundo marcado por la presión constante, la comparación y el miedo a equivocarse. Las familias lo ven y, de forma natural, se preocupan. Muy a menudo, lo que más les cuesta a los padres no es solo el examen, sino la incertidumbre de no saber cómo acompañar a sus hijos durante este periodo. En Hamelin-Laie intentamos acompañar a estudiantes y familias recordándoles que el rendimiento académico es importante, pero que el bienestar emocional también. Creemos que los jóvenes rinden mejor cuando se sienten seguros, apoyados y comprendidos, y no definidos únicamente por sus resultados.
-¿Cómo pueden los padres gestionar su propia ansiedad y apoyar a sus hijos en estos días previos a la PAU?
-Una de las cosas más importantes es recordar que los adolescentes captan muy rápido el clima emocional de casa. Perciben cuándo los adultos están tensos, preocupados o centrados constantemente en los resultados. La mayoría de los estudiantes ya sabe que estos exámenes son importantes. Normalmente, lo que más necesitan en este momento no es más presión, sino más calma a su alrededor. A veces, las cosas pequeñas marcan una gran diferencia: mantener rutinas, favorecer que duerman bien, cuidar la alimentación, permitir momentos de desconexión y crear espacios en casa en los que no todo gire en torno al estudio y los exámenes.
-¿Qué más podemos hacer?
-Hay un mensaje que muchos adolescentes necesitan escuchar con claridad en este momento: un examen no define quiénes son ni determina su valía como personas. En nuestro departamento trabajamos estrechamente con los estudiantes durante estas etapas para ayudarles a desarrollar confianza, equilibrio emocional y estrategias saludables para afrontar la presión. Acompañar a los adolescentes también implica ayudar a las familias a crear un entorno en el que los jóvenes se sientan acompañados y valorados, no evaluados todo el tiempo. Suelen afrontar mejor estas situaciones cuando perciben apoyo y seguridad, en lugar de sentirse observados o presionados.
«Cuando los adultos se muestran muy nerviosos, muchos adolescentes empiezan a sentir que hay algo decisivo en juego»
-¿Qué efecto tiene en los adolescentes que sus familias también vivan los exámenes con mucho nerviosismo?
-Cuando los adultos se muestran muy nerviosos, muchos adolescentes empiezan a sentir que hay algo decisivo en juego. Incluso si los padres no lo dicen directamente, pueden interpretar que unos malos resultados supondrían decepcionar a su familia. Eso genera mucha exigencia interna. Algunos estudiantes empiezan a darle vueltas a todo, duermen mal, se sienten agotados o irritables, o tienen la sensación de que, por mucho que estudien, nunca es suficiente. Otros incluso intentan proteger emocionalmente a sus padres durante este periodo, y eso añade una carga más.
«Hay que ayudar a los hijos a entender que los exámenes son momentos importantes, pero solo una parte de un recorrido personal y educativo mucho más amplio»
-Vaya cóctel emocional.
-Las familias no deberían sentirse culpables por preocuparse. Esa preocupación nace del amor, del cuidado y del deseo de querer lo mejor para sus hijos. Lo importante es que los jóvenes sientan que, más allá de las notas o los resultados, siguen siendo aceptados y valorados. Hay que ayudarles a entender que los exámenes son momentos importantes, pero solo una parte de un recorrido personal y educativo mucho más amplio. Cuando los adolescentes se sienten comprendidos y seguros, suelen afrontar estas pruebas con más confianza, calma y resiliencia.
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