Suena el piano. Hay algo en Héroes antagónicos que, de inmediato, como una revelación, lleva a Vega. Despierta recuerdos con una facilidad pasmosa. Quizá, por su empeño de inmortalizar el mundo. El suyo, el nuestro. Porque, al final, como canta en Dónde estabas tú, no hay nada más desgarrador que reconocerse en los demás. Una melancolía que ha inundado su música desde su debut en 2003 con India, el inicio de una batalla por el amor de la que hoy se inviste centinela. Pocas han retratado el corazón como ella y, claro, en una sociedad anestesiada, sus melodías resultan un chute de endorfinas. Las historias que paladea, con su inicio, nudo y desenlace, bien producidas y con la dosis justa de chulería, le sobrevivirán. Santa Cristina, Bipolar y A tientas son rotundas y voraces. Iluminan costuras, cauterizan arañazos. Este viernes, cerrará Ignis, su último elepé, en La Riviera. Un universo que pica, que grita, que cura. La vida arde en las canciones de Vega.
P. Publicó India, su primer álbum, tras vender 200.000 copias del single Quiero ser tú. Era la condición que Operación Triunfo le impuso para grabarle un disco. ¿Pudo hacer el que realmente quiso?
R. Sí, teniendo en cuenta las circunstancias que había entonces. Fui de las pocas que aceptó el reto con una canción de su autoría y lo conseguí. Ahora bien, cuando me explicaron el proyecto que me correspondía, de corte latino y con bailarines, lo rechacé. De hecho, me fui a casa. Entonces, Carlos San Martín, el director de Muxxic, el sello, me preguntó cómo me gustaría enfocarlo. Y ahí le confesé que quería trabajar con Paco Trinidad, productor de Luz Casal. Y, oye, no fue mal. Logré un disco de oro y otro de platino.
P. ¿Se lo llegaron a entregar?
R. A mí nunca me dan nada. Es una época difusa. Sólo sé que India se quemó en uno de los almacenes de Vale Music, con quien había firmado el contrato. Fue un incendio selectivo: únicamente se perdieron los trabajos de ciertos artistas. Debía haber un muro ignífugo para unos y para otro no. No se salvó ninguna unidad.
Vega debutó en 2003 con ‘India’ tras vender 200.000 copias de ‘Quiero ser tú’. / ALBA VIGARAY
P. Hay quien lo está vendiendo por 300 euros en tiendas de segunda mano.
R. Lo sé. He pedido las licencias para reeditarlo en vinilo y siempre me las han denegado. Y tampoco quieren fabricarlo. También tienen en su poder Circular y Metamorfosis.
P. Circular es su elepé más desconocido. ¿Se empeñó en que así fuera?
R. Sí. Lo hice con Nigel Walker y, de repente, me pillaron cambios internos en la discográfica. De hecho, quisieron ponerme a otro productor durante la grabación. Además, me colaron temas de otros artistas. Y hubo un dueto que nunca se publicó. No salió porque se equivocaron al entender el sentido de esta colaboración. Y, aunque me negué, lo filtraron. Es un capítulo negro.
P. Sin embargo, lo reeditó. Algo insólito en su carrera.
R. No fue una decisión mía. Estaba tan cabreada que pedí la carta de libertad a Universal. Quería irme. Recuerdo que el máximo responsable me dijo que todo se había hecho mal. Y, bueno, tras impactarle mi relato, digamos que me convenció para continuar. Yo fui clara con él: qué sentido tenía invertir 60.000 euros en un disco que iban a dejar en un cajón. Con los años lo entendí: al hacerme socia de Agedi, la Asociación de Gestión de Derechos Intelectuales, las compañías tienen un porcentaje de beneficios según el volumen de trabajos editados. Por lo que, claro, les salía más barato gastarse tal cantidad y coger un pedazo más grande de la tarta. Llegamos a un acuerdo: mientras preparaba Metamorfosis, reeditaría Circular. Yo nunca lo hubiera hecho.
P. Si la relación estaba tan desgastada, ¿por qué decidieron apostar por Metamorfosis? Sonó en la radio, giró por el extranjero, hizo campañas de publicidad…
R. Respondía a sus intereses. Decían que Mejor mañana era la canción anticrisis… Y, oye, qué quieres que te diga, para alguien que tiene conciencia social y que ve a su país sumido en una depresión económica, aquel eslogan no me hizo gracia. Es cierto que a la gente le gustó mucho. Si le dedicas todo el amor y el dinero del mundo a un tema bien escrito, al final, acaba funcionando. Sin esperarlo, este álbum encantó a las radiofórmulas. Y ahí estuvieron también Cuánta decepción, Lolita y Nueva York. Pasé de pedir una carta de libertad a tener esta exposición. Pero todo tenía una trampa. Vamos a dejarlo ahí.
P. Y aún le quedaba sacar un disco más con Universal por contrato.
R. Se lo presenté y me dijeron que era una mierda. Así que decidí irme y hacerlo por mi cuenta. Me fui a Los Ángeles a grabarlo con Sebastian Krys. No escatimé en nada. Lo enfoqué como si fuera una multinacional y, claro, cuando se acercó el lanzamiento, me asustó la carga económica y acabé aliándome con Sony.
P. La cuenta atrás le dio su primera nominación al Grammy Latino. ¿Qué cosas buenas le trajo?
R. Me permitió cantar con Carla Morrison. Y, asimismo, distribuir en México mis discos. Hay conciertos que me han funcionado mejor allí que en España.
P. De aquella época hay una canción que nunca ha visto la luz y que su público lleva años reclamando: Cracovia.
R. Estuvo a punto de entrar en Ignis. Recientemente, la he recuperado para el nuevo álbum que estoy preparando. De hecho, la incluí en las primeras maquetas porque sabía que haría muy feliz a algunas personas. Sin embargo, la he retirado porque no casaba musicalmente con el resto. No quería que fuese un parche. Es muy dura. Algún día saldrá. Me considero una artista tan prolífica que me cuesta tirar de cosas antiguas para los nuevos proyectos.

Elvis Cotello, Raphael y Manuel Carrasco son algunos de los artistas con los que ha colaborado Vega. / ALBA VIGARAY
P. Montó La Madriguera Records en 2013 para publicar Wolverines. ¿Este giro la hizo libre?
R. Cambié la mentalidad. Dejé de pensar en las radios. Y, aunque no quería dar un salto de 360º a mi sonido, marqué el camino por el que iría a partir de ahí. Me arriesgué. Y, desde entonces, he obtenido los mejores resultados de mi carrera.
P. Se colocó en el número 2 en ventas. Y contó con Arturo Sandoval, Budiño, Raphael y Carla Morrison. Fue un cancionero que le dio respeto en parte del sector. ¿Se le cayeron muchos mitos hasta llegar aquí?
R. Sí. Y, al principio, lo vivía mal. Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que puedes ser un cretino, pero tener talento. Soy fiel defensora de las canciones.
P. Elvis Costello no se lo pensó cuando le propuso cantar juntos.
R. Estaba embarazada cuando arrancamos Non ho l’età. Aquel disco fue un capricho: canciones en italiano que habían marcado mi infancia. Recuerdo que fijamos la grabación de Dio come ti amo un día después de su concierto y, aquella noche, mientras estaba viéndole, rompí aguas.
P. Luego llegó en tan aplaudido La reina pez. ¿Le reconcilió con la industria?
R. No me reconciliaré con ella jamás. Es más: me costó muchísimo levantar este proyecto, hasta el punto de querer dejar la música. Si bien tiene canciones que han sido clave en mi repertorio, fue muy maltratado. Y, cuando creía que no podía más, sucedió el concierto del 5 de octubre de 2019. Pensaba que sería el último, me iba a despedir. Y Madrid me salvó.
P. Mirlo blanco es uno de sus trabajos más redondos, pero la destruyó. ¿Qué pasó?
R. Musicalmente, es desgarrador. Lo escribí en la pandemia y, siendo honesta, ojo, no sabía si podría sacarlo adelante. Me sigue costando tocarlo en directo porque me remueve ciertas heridas. Aunque funcionó bien, tuve un problema familiar y corté la gira. Estuve dos años sin tocar. Y cambié el equipo con el que llevaba 17 años trabajando. La ruptura fue total. Después de lo que viví, lo más fácil era no regresar por una desconfianza absoluta. Ignis ha sido un reinicio en todos los sentidos. He aprendido que tan importante es el disco como quien te acompaña en el viaje.
P. Jamás hemos visto una Vega tan pletórica sobre el escenario como ahora.
R. Imagínate como lo estaría pasando antes. Había días en los que, si me equivocaba, por tonta que fuera la cosa, no me dirigían la palabra. Cuando esto lo vives durante tanto tiempo y, de repente, te das cuenta, descubres que has estado sometida a un maltrato psicológico gordo. Hoy, en cambio, piso el escenario sin sentirme enjuiciada. Mi nuevo equipo cuida mi autoestima. Si he subsistido durante 24 años, ha sido gracias al público. Ellos me han devuelto todo lo bonito que había en mi música. Si tengo en mis manos la fortuna de acompañarles en algún momento especial, canalizando penas, avivando alegrías, ¿cómo voy a negarles eso? Por ellos aguanto.
P. Se despide de Ignis este viernes en Madrid. ¿Qué va a pasar después?
R. El nuevo disco ya está grabado, lo mezclo esta semana. No obstante, hay que reposarlo. No sé si estaré preparada personalmente para lanzarlo. O si pillaré la industria en el momento adecuado para recibirlo. Tendré que verlo. Todos los mimbres están puestos para que así sea. Yo me lo tocaría ya al completo en La Riviera.












