En algunas zonas rurales de Nepal aún se estila expulsar a las mujeres de casa mientras tienen la menstruación. Se las deja en chozas o establos, pasando frío si es invierno, con tal de que su ‘impureza’ no contamine al resto de la familia. No es el único país del mundo en el que se desprecia de esta forma a las mujeres por el simple hecho de existir.
En Occidente no se destierra a nadie por la regla. Aquí el pecado es otro. Lo que no se perdona es envejecer, por muchas campañas a favor de la belleza natural que impulsen según qué marcas. Hubo un tiempo, bien entrados los 2000, que parecía que la sociedad estaba decidida a dejar atrás las modelos famélicas y el gusto impuesto por el patriarcado durante el siglo pasado. Se acabó que una mujer dejara de salir en televisión con su primera arruga. Lamentablemente, parece que se ha vuelto a dar un paso atrás.
Demi Moore (Nuevo México, Estados Unidos, 1962) acapara todas las miradas cada vez que se atreve a aparecer en una alfombra roja. No solo las miradas. Últimamente, se lleva también todo tipo de comentarios sobre su aspecto físico. Cirugía estética, delgadez extrema, Ozempic o la carne que le cuelga por aquí o por allá..
El Festival de Cine de Cannes fue el último ejemplo. No habrán oído nada de Michael Fassbender, que acaba de cumplir 49 años y ya no es el mismo que en X-Men. También estuvo uno de nuestros orgullos patrios, Javier Bardem, con 57 tacos a la vista. Vin Diesel desfiló por la alfombra y yo diría que no está para muchos más Fast & Furious a sus 58 años. No voy a decir nada de John Travolta porque él sí que ha pactado con el mismísimo diablo. Ni rastro de sus 72 años, pero no se atrevió a quitarse la boina.
Todos ellos eran unos caballeros muy elegantes en Cannes. Demi Moore, una vez más, fue la comidilla de los haters, especialmente en redes sociales. Si llevan más de veinte años criticando a Madonna, ¿cómo iban a dejar pasar la oportunidad con la protagonista de La sustancia? Es cierto que, viendo algunas imágenes, su aspecto no parece muy saludable. Sin embargo, más que criticar, cabría preguntarse qué estamos haciendo para que las mujeres, y cada vez más hombres, se vean empujadas a pasar por el calvario de luchar sin descanso contra la naturaleza y el paso del tiempo en una guerra que es imposible ganar.
No deberíamos torturar públicamente a quien llegó a ser un icono que enamoró al mundo en 1990. Lo recordarán. Había mujeres que iban a la peluquería con su larga melena y pedían que se la cortaran para parecerse «a la de Ghost». Unas cuantas se arrepintieron. Antes del estrellato, tuvo una infancia fea. Su padre biológico abandonó a su madre antes de que ella naciera. Contó que la violaron con 15 años y que el sinvergüenza que lo hizo le dijo que, a cambio, le había pagado 500 dólares a su madre. Su padrastro se suicidó… Con este panorama, no tardó en casarse a los 18 años y salir de casa. A su primer marido le debe Demetria —nombre completo— el apellido Moore, por cierto. Aunque se alejó de su madre, no pudo evitar que esta, tras el éxito de Ghost, posara desnuda para una revista parodiando la escena subidita de tono de la película. Pese a todo y pese a todos, logró tener una carrera que llega hasta nuestros días.
Todo el mundo recuerda la gran portada de Vanity Fair en la que aparece embarazada, tapándose el pecho con la mano. Fue la primera vez que una mujer encinta era primera página de una revista así. Cosa de la fotógrafa Annie Leibovitz, claro. En aquellos años noventa filmó Una proposición indecente, Algunos hombres buenos, Acoso o La teniente O’Neil. Todos éxitos de taquilla, aunque fue en Striptease (1996) cuando dejó al mundo con la boca abierta. En 1995 era la actriz mejor pagada de Hollywood. Casada con Bruce Willis y ya mamá, decidió apartarse de los focos y dedicarse a sus tres hijas.
Cuando volvió, en 2003, ya era otra. Rejuvenecida, pelo largo y figurín. La mala perfecta para Los ángeles de Charlie. Nunca volvió a cosechar los éxitos de los noventa, pero ha seguido trabajando y, en 2024, volvió a petarlo con La sustancia. Interpreta a una celebridad venida a menos a la que ofrecen un producto revolucionario basado en la división celular, que crea un alter ego más joven y bello. Se llevó el Globo de Oro a Mejor Actriz de comedia o musical. La nominaron al Oscar, pero lo perdió ante Mikey Madison, una joven de veintitantos que podría ser su ‘sustancia’ si el producto fuera real. Qué perra que es la vida y qué invivible se la hacemos a las mujeres.
Con la vida que ha sufrido y lo que tiene que seguir aguantando, yo diría que es una superviviente.














