Lo que primero que llama la atención es el título, Gente Ruin. Un poco misántropo, ¿no cree?
Tiene que ver con lo difícil que a veces nos resulta la convivencia. Y, sobre todo, con el comportamiento de las masas, de la gente. A Lu Palgrem, el protagonista de la historia, no le gusta demasiado la gente. Y, desde su perspectiva, no le faltan razones. La gente, a menudo es ruin. La pregunta es: ¿podemos hacer algo con eso?
Se describe una Canarias caótica, ¿tiene similitudes con su anterior novela ‘Flint’?
Flint fue un experimento literario en el que inventaba un territorio insular, que contenían varios relatos entrecruzados en tono de fábula. En Gente Ruin imaginamos que Canarias es otra cosa totalmente distinta a lo que conocemos: un protectorado gobernado no tan en la sombra por la OTAN, independiente, una herramienta geopolítica en la región.
¿El recurso de los recortes de prensa que incluye es un guiño a ‘The Watchmen’ de Alan Moore?
Admiro a Moore, claro. Pero no es el caso. Simplemente, es un recurso para completar los huecos en blanco en el relato, que no deja de ser una novela negra de ciencia ficción, en los modos y las maneras. Porque eso es lo que más me divierte leer y consumir. Y como también hemos sido periodistas… Hay un ejercicio de plena honestidad sobre lo que tenía que escribir
Por otro lado, la portada recuerda un poco a las novelas de zombies de Max Brooks.
La portada es una visión de la historia, en la que no hay zombis pero sí virus, que se hace desde Mercurio Editorial. Aquí tengo que agradecer a Jorge Liria que tenga la valentía de apostar por otras maneras de hacer literatura desde las islas. Me parece bien, siempre es interesante comprobar cómo ven otros lo que has escrito.
¿Por qué ha tardado tanto en publicar desde ‘Flint’?
Por dos razones. La primera es una cuestión profesional: llevo más de una década de freelance y antes he tenido trabajos muy exigentes. No siempre ha habido tiempo, aunque no he dejado de escribir. La segunda razón es que a veces uno tarda en encontrar eso que se llama tu propia voz. Ese proceso nunca se acaba, pero creo he avanzado desde entonces.
¿Cree que faltan novelas distópicas en plan ‘1984’ o ‘Un mundo feliz’ ambientadas en Canarias?
En general, no conozco que se haya hecho mucha ciencia ficción en Canarias. En mi caso, el territorio es el contexto que elijo porque es el que conozco, me resultaría más difícil contar cosas que suceden en otras ciudades. Pero la vocación de la historia, de lo que trata, no creo que sea para nada local. No tengo ninguna intención de que sea así. La ciencia ficción, en cierto modo, te permite abordar temas más universales desde Canarias. Y, sí, me gustaría ver más autores de las islas en esas.
¿Se acerca la novela a ese concepto de distopía? ¿Son sus argumentos de una actualidad total?
La historia es más bien una ucronía, que plantea un tiempo presente diferente al actual. Es una historia negra, y, sí, creo que nos plantea algunos dilemas éticos que en adelante tendremos que afrontar con el desarrollo de la tecnología. Cuestiones que antes quizás no nos imaginábamos que teníamos que resolver, pero que de repente empiezan a ser posibles. Y que son terribles, en realidad. Esa no deja de ser nuestra naturaleza: si se puede hacer algo, siempre habrá alguien que quiera intentarlo. Aunque no esté bien.
¿Tiene la trama algo autobiográfico? Lo digo porque el protagonista trabaja en una agencia de comunicación, un oficio en el usted se ha movido bastante.
Bueno, intento escribir sobre lo que conozco, por eso en Gente ruin también estamos en Canarias. No hay más. Me resultaba más fácil contar lo que me salía en ese ambiente. Tiene un inicio bastante tranquilo y el ritmo se va acelerando con reflexiones más personales. Podría tener perfectamente una lista de reproducción, una banda sonora. Hay constantes referencias a la música, desde el jazz hasta Jimmie Vaughan. Sirve para descubrir cosas interesantes.
Alberga, a su vez, elementos del thriller, el terror y la intriga al confluir la historia de una empresa de innovación, un asesinato y una pandemia bastante extraña.
Desde luego. Desde Raymond Chandler y Dashiel Hammet, y todo el cine negro que hemos consumido, pasando por todo lo que siempre me ha divertido y me ha interesado de la cultura pop, ahí está todo eso. Básicamente, es el medio que tengo para mostrar una visión del mundo acidulante, de alguien que se cuestiona las cosas y que vuelve a aprender cómo sobrevivir sin deprimirse. Para despertar también en el lector algunas preguntas incómodas. Siempre me ha gustado mucho la literatura anglosajona. Somos la generación que se crio a raíz del cine de Hollywood. O cosas menos mainstream tipo Paul Auster. Y también me fascina toda la literatura de ciencia ficción, desde Asimov hasta Arthur C. Clarke. Autores como Saramago o David Foster Wallace con novelas que se podrían considerar ciencia ficción.













